
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este lunes que Rusia y Ucrania alcanzaron un entendimiento para dejar de atacar las infraestructuras energéticas del adversario, una medida que podría reducir la presión sobre el mercado internacional de combustibles después de meses de ataques contra refinerías, depósitos y otras instalaciones estratégicas.
“Ucrania ha accedido a no atacar objetivos de la energía rusa. ¡Rusia ha accedido a hacer lo mismo!”, afirmó Trump al comunicar el acuerdo.
El mandatario estadounidense vinculó directamente el entendimiento con el fuerte aumento que ha experimentado el precio internacional del diésel y sostuvo que la guerra entre Rusia y Ucrania constituye actualmente uno de los principales factores detrás de las dificultades de abastecimiento.
Trump insistió, además, en que la escalada de los precios no puede atribuirse principalmente al conflicto con Irán y a las alteraciones provocadas en Medio Oriente, particularmente en torno al estrecho de Ormuz.
El anuncio supone un cambio relevante después de meses en los que Ucrania intensificó considerablemente sus operaciones contra la industria petrolera rusa mediante drones de largo alcance.
La ofensiva contra las refinerías rusas
Kiev considera las refinerías, depósitos de combustible y terminales petroleras objetivos estratégicos debido a su importancia tanto para la economía rusa como para el abastecimiento de las Fuerzas Armadas que combaten en Ucrania.
La campaña ucraniana se ha vuelto cada vez más profunda y sistemática gracias al desarrollo de drones capaces de recorrer centenares de kilómetros dentro del territorio ruso.
Los ataques han obligado a paralizar temporalmente distintas instalaciones y han reducido la capacidad de refinación rusa, provocando problemas de suministro de combustibles y obligando a Moscú a adoptar medidas destinadas a proteger su mercado interno.
Trump había pedido públicamente el domingo al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, detener específicamente los ataques contra instalaciones vinculadas con la producción de diésel.
“Que ataque otros objetivos, pero no el combustible diésel porque está provocando escasez”, afirmó el mandatario estadounidense durante su visita a Irlanda.
Según Trump, ya había conversado directamente con Zelenski para transmitirle esa petición.
El Kremlin acogió favorablemente este lunes la intervención estadounidense y defendió la necesidad de proteger la infraestructura económica y energética, mientras continúan las presiones sobre el mercado ruso de combustibles.
Gazprom y el costo económico de la guerra
Desde Kiev han defendido la ofensiva energética como una herramienta destinada a incrementar el costo económico de la invasión rusa.
El portavoz presidencial ucraniano, Kirilo Budanov, destacó este fin de semana el deterioro experimentado por el sector energético ruso y aseguró que Gazprom, principal compañía de hidrocarburos del país, pasó de una valoración cercana a US$270.000 millones hace dos décadas a alrededor de US$30.000 millones.
“El impacto es bastante serio”, sostuvo.
La estrategia ucraniana pretende reducir los ingresos energéticos de Moscú y dificultar simultáneamente el suministro de combustible necesario para sostener las operaciones militares.
Durante los últimos meses, los ataques contra las instalaciones petroleras aumentaron en frecuencia y precisión, afectando una industria que durante los primeros años de la guerra había logrado mantener amplios márgenes para abastecer simultáneamente el mercado interno, las necesidades militares y las exportaciones.
El antecedente de 2025
No es la primera vez que Washington intenta establecer una tregua específicamente energética.
En marzo de 2025, Estados Unidos impulsó un entendimiento para suspender durante 30 días los ataques contra instalaciones de generación eléctrica, refinerías, oleoductos, gasoductos, depósitos de combustible y otras infraestructuras energéticas.
El acuerdo fue considerado entonces un posible primer paso hacia una tregua más amplia, pero terminó debilitándose en medio de acusaciones cruzadas de incumplimiento y la continuidad de operaciones militares contra objetivos vinculados con el sector energético.
La diferencia ahora es el contexto internacional. El mercado del petróleo y los combustibles enfrenta simultáneamente las consecuencias de la guerra ruso-ucraniana y las graves alteraciones de suministro generadas por el conflicto en Medio Oriente.
Trump, sin embargo, ha insistido en responsabilizar principalmente a los ataques contra el sector petrolero ruso por el encarecimiento del diésel.
Un acuerdo todavía limitado
El anuncio no significa un alto el fuego general.
De acuerdo con lo comunicado por Trump, el entendimiento se circunscribe a la infraestructura energética y no supone la suspensión de las operaciones militares contra otros objetivos.
Rusia mantiene sus ataques con drones y misiles contra Ucrania, mientras Kiev continúa desarrollando operaciones de largo alcance dentro del territorio ruso.
La cuestión central será ahora determinar qué instalaciones quedarán formalmente protegidas, desde cuándo comenzará a aplicarse el compromiso y qué mecanismo permitirá establecer si alguna de las partes incumple lo acordado.
El precedente de 2025 demuestra que una tregua energética puede ser particularmente difícil de verificar en una guerra donde las instalaciones petroleras, eléctricas y logísticas tienen simultáneamente valor económico, civil y militar.
Pese a esas incógnitas, el anuncio representa uno de los movimientos diplomáticos más concretos de Washington durante las últimas semanas y coloca nuevamente a la energía en el centro de las negociaciones para intentar contener una guerra que, además de su enorme costo humano y militar, está teniendo consecuencias cada vez mayores sobre los precios internacionales de los combustibles.
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