
La ofensiva del Gobierno y las Fuerzas Armadas de Israel contra el premiado documental “NAZA” escaló este lunes después de que el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, ordenara estudiar posibles acciones legales contra sus directores, Yuval Abraham y Rachel Szor, además de abrir una investigación para determinar si información militar clasificada fue filtrada a los realizadores.
La decisión profundiza una controversia que comenzó después del estreno de la cinta en el Festival Internacional de Cine de Venecia, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado tras provocar una fuerte reacción entre los asistentes.
El documental, de 80 minutos, analiza los mecanismos tecnológicos y de inteligencia utilizados por Israel durante su ofensiva militar en la Franja de Gaza y contiene testimonios de 24 oficiales y soldados vinculados a labores de inteligencia.
Uno de sus puntos más controvertidos es la afirmación de un militar israelí anónimo según la cual, en una determinada operación, habría existido autorización para ejecutar un ataque aun cuando se estimaba que podía provocar hasta 500 víctimas civiles.
El Ejército israelí calificó esa versión como “totalmente falsa” y aseguró que nunca planificó, autorizó ni ejecutó una operación en la que se proyectara la muerte de una cantidad semejante de civiles.
Zamir acusa “distorsión deliberada”
Durante una reunión con la cúpula militar, Zamir sostuvo que el documental no constituye simplemente una crítica a las Fuerzas de Defensa de Israel, sino que contiene, a su juicio, “distorsión deliberada de la realidad” y acusaciones falsas contra soldados y comandantes.
El jefe militar afirmó que la película adopta la narrativa de quienes buscan presentar a las fuerzas israelíes como una institución que actúa deliberadamente al margen de la legalidad.
Zamir sostuvo además que esas acusaciones podrían poner en riesgo la seguridad personal de miembros de las Fuerzas Armadas israelíes y afectar la legitimidad internacional de las operaciones del país.
Por ese motivo ordenó constituir un equipo multidisciplinario encabezado por la Dirección de Planificación para estudiar mecanismos legales, institucionales y comunicacionales destinados a responder a las acusaciones planteadas por el documental.
Asimismo, instruyó al abogado general militar, Itai Ofir, evaluar eventuales acciones judiciales relacionadas con la película, sus realizadores y las consecuencias que sus afirmaciones podrían tener sobre los soldados involucrados.
Investigación por posibles filtraciones
El segundo frente abierto por Zamir apunta directamente al origen de la información utilizada en “NAZA”.
El jefe del Estado Mayor ordenó investigar si integrantes de las Fuerzas Armadas entregaron material clasificado o antecedentes reservados que posteriormente fueron utilizados durante la producción del filme.
El documental se construye en gran medida sobre testimonios anónimos de miembros del aparato militar y de inteligencia israelí, lo que dificulta comprobar públicamente la identidad, funciones y grado de conocimiento directo de cada entrevistado.
Precisamente ese elemento ha sido utilizado por las Fuerzas Armadas para cuestionar las conclusiones de los realizadores.
El portavoz militar Effie Defrin pidió a Abraham y Szor permitir que representantes del Ejército puedan revisar íntegramente la película para responder de manera específica a cada una de sus acusaciones.
La polémica de los “500 civiles”
La controversia central gira en torno a una secuencia en la que uno de los entrevistados explica el funcionamiento de un sistema utilizado para estimar los daños colaterales de los bombardeos.
Según el militar entrevistado, ese mecanismo no distinguiría entre adultos y menores al calcular las víctimas civiles potenciales.
Durante la conversación sostiene que determinados ataques provocaron decenas e incluso cientos de muertos y asegura que en una oportunidad habría existido autorización para realizar una operación en la que se estimaba que podían morir hasta 500 personas.
El Ejército israelí rechazó categóricamente esa afirmación.
Según las Fuerzas Armadas, nunca durante la guerra se planificó ni aprobó un ataque con una previsión semejante de víctimas civiles.
También cuestionaron que los directores presentaran públicamente la declaración sin que exista, según la versión militar, evidencia independiente que permita verificarla.
“NAZA” y el cálculo del daño colateral
El nombre del documental proviene de un acrónimo militar derivado de la expresión hebrea “nezek agavi”, utilizada para referirse al daño colateral y, específicamente, al número estimado de civiles que podrían morir durante una determinada operación aérea.
La película examina cómo estas estimaciones se integran a sistemas tecnológicos destinados a localizar, identificar y priorizar objetivos.
El documental también aborda el empleo de inteligencia artificial en operaciones militares, una discusión que comenzó mucho antes de su estreno.
Desde los primeros años de la guerra en Gaza se han conocido antecedentes sobre herramientas como Lavender y otros sistemas utilizados para procesar grandes volúmenes de información, establecer potenciales vínculos con organizaciones armadas y generar objetivos para posteriores evaluaciones militares.
Israel ha rechazado que esos sistemas sustituyan la decisión humana sobre un ataque y sostiene que las operaciones continúan sujetas a procesos de autorización militar.
La controversia, sin embargo, ha instalado una discusión internacional sobre hasta qué punto algoritmos y sistemas automatizados pueden intervenir en decisiones donde existe riesgo directo para la población civil.
De Venecia a una crisis política en Israel
La repercusión de “NAZA” aumentó tras su presentación en el Festival Internacional de Cine de Venecia.
La cinta recibió una prolongada ovación durante su estreno y terminó obteniendo el Premio Especial del Jurado, convirtiéndose en una de las producciones más comentadas de la competencia.
La respuesta política desde Israel fue inmediata.
El ministro de Cultura, Miki Zohar, acusó a Abraham y Szor de “traición” y anunció que buscaría retirarles la ciudadanía israelí.
La controversia adquiere especial dimensión por la trayectoria de Yuval Abraham, quien ya había alcanzado notoriedad internacional por su trabajo en “No Other Land”, documental dedicado al conflicto entre colonos israelíes y comunidades palestinas en Cisjordania.
Con “NAZA”, Abraham y Szor trasladaron el foco desde la ocupación territorial hacia la arquitectura tecnológica y militar utilizada durante la guerra en Gaza.
Una batalla que supera al cine
El conflicto generado por “NAZA” amenaza ahora con abandonar definitivamente el terreno cultural.
La instrucción del jefe del Ejército abre la posibilidad de procedimientos judiciales contra los realizadores, mientras la investigación sobre eventuales filtraciones podría extenderse hacia funcionarios militares y miembros de los servicios de inteligencia.
Al mismo tiempo, la disputa ocurre en medio del intenso escrutinio internacional sobre la conducta de Israel durante la guerra de Gaza y sobre el impacto que nuevas tecnologías militares pueden tener en la protección de civiles.
La película plantea que los sistemas de inteligencia artificial, vigilancia telefónica y procesamiento masivo de información permitieron transformar la selección de objetivos en un proceso de escala industrial.
Israel rechaza esa caracterización y sostiene que las acusaciones más graves contenidas en el filme carecen de sustento.
De esta manera, “NAZA” se ha convertido en algo más que un documental premiado: ahora forma parte de una disputa sobre los límites del secreto militar, la libertad de expresión, la responsabilidad de los denunciantes y el uso de inteligencia artificial en los conflictos armados contemporáneos de Medio Oriente.
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