
La prevención de futuras pandemias ocupará un lugar central en el 81º período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, donde los gobiernos buscarán renovar sus compromisos para reforzar la capacidad mundial de anticipar y enfrentar nuevas emergencias sanitarias.
Uno de los principales asuntos será avanzar hacia la entrada en vigor del Acuerdo de la OMS sobre Pandemias, adoptado por la Asamblea Mundial de la Salud en mayo de 2025, pero cuya implementación requiere completar las negociaciones sobre el denominado Sistema de Acceso a los Patógenos y Participación en los Beneficios (PABS).
El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, sostuvo que la declaración política que se discutirá en Naciones Unidas busca fortalecer los distintos componentes de la seguridad sanitaria internacional y acelerar las condiciones necesarias para que los países puedan avanzar hacia la ratificación del acuerdo.
La Asamblea General tendrá entre el 18 y 28 de septiembre una agenda sanitaria marcada por la prevención y preparación frente a pandemias. Para el 25 de septiembre está prevista una reunión de alto nivel dedicada específicamente a esta materia, tres años después del primer encuentro de este tipo realizado en 2023.
Un acuerdo nacido después del Covid-19
El Acuerdo sobre Pandemias fue aprobado en mayo de 2025 tras varios años de negociaciones impulsadas por las deficiencias que quedaron expuestas durante la crisis del Covid-19. En la instancia previa a su adopción, 124 países votaron a favor, ninguno en contra y 11 se abstuvieron.
Entre sus objetivos se encuentra mejorar la prevención, preparación y respuesta internacional ante nuevas amenazas, además de facilitar un acceso más equitativo a vacunas, diagnósticos y tratamientos.
Uno de los asuntos pendientes es precisamente el anexo PABS, destinado a establecer las condiciones para compartir rápidamente patógenos con potencial pandémico y su información genética, junto con mecanismos para distribuir los beneficios derivados de su utilización, como vacunas, medicamentos o diagnósticos.
Las negociaciones continúan esta semana en Ginebra. La octava reunión del grupo intergubernamental encargado del acuerdo se desarrolla entre el 14 y 18 de septiembre y deberá seguir trabajando sobre un texto que posteriormente será sometido a consideración de la Asamblea Mundial de la Salud.
Tedros advirtió que el mundo continúa “insuficientemente preparado” para una nueva pandemia y planteó la necesidad de fortalecer capacidades nacionales en vigilancia epidemiológica, laboratorios, prevención de infecciones y protección de los trabajadores sanitarios.
La estrategia apunta además a que vacunas, diagnósticos y tratamientos puedan desarrollarse y estar disponibles durante los primeros 100 días desde la identificación de una eventual amenaza pandémica.
El debate ocurre en un escenario complejo para la salud internacional. Más de 120 países han identificado el fortalecimiento de sus capacidades institucionales de salud pública como una prioridad media o alta, mientras numerosos sistemas sanitarios enfrentan restricciones presupuestarias y dependencia de financiamiento externo.
Ébola sigue golpeando a República Democrática del Congo
La discusión sobre preparación internacional coincide con la grave epidemia de ébola causada por el virus Bundibugyo que afecta principalmente a República Democrática del Congo (RDC).
Aunque las autoridades sanitarias observan avances en determinadas zonas y más de 1.700 pacientes se han recuperado, las cifras muestran que la emergencia continúa activa.
Los datos actualizados al 12 de septiembre registraban 7.200 casos confirmados y 3.475 muertes en RDC, con una letalidad cercana al 48%. A nivel global, considerando también los contagios registrados en Uganda y Francia, se contabilizaban 7.221 casos confirmados y 3.477 fallecidos.
El avance ha sido acelerado. Al 26 de agosto, RDC acumulaba 5.794 casos confirmados y 2.786 muertes, mientras que el 7 de septiembre ya registraba 6.757 casos y 3.267 fallecidos.
Ituri continúa siendo el principal foco de transmisión, aunque la enfermedad se ha extendido también a zonas de Kivu del Norte, Tshopo, Haut-Uélé, Bas-Uélé y Kivu del Sur. La inseguridad, los desplazamientos de población, las dificultades de acceso sanitario y las precarias condiciones de agua y saneamiento complican el control de la epidemia.
La variante Bundibugyo representa además un desafío particular porque actualmente no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado para ella, aunque se encuentran en evaluación distintas alternativas.
La OMS considera necesario mantener durante meses la vigilancia, el rastreo de contactos, la atención clínica y la cooperación transfronteriza para evitar una mayor propagación regional.
Crisis sanitaria también golpea a Yemen
La Asamblea General abordará además otras emergencias sanitarias internacionales, entre ellas la situación de Yemen, agravada por años de conflicto y por la reciente escalada de las hostilidades en Medio Oriente.
Datos del sistema de coordinación sanitaria internacional correspondientes a junio situaban en 19,3 millones las personas con necesidades de asistencia de salud en Yemen. El plan requería aproximadamente US$276 millones, de los cuales solo una fracción se encontraba financiada.
La emergencia sanitaria se combina con inseguridad alimentaria, desplazamientos y brotes recurrentes de cólera, malaria, dengue y otras enfermedades. Para 2026 se estimó que 23,1 millones de personas necesitarían algún tipo de asistencia humanitaria y que apenas alrededor del 60% de los establecimientos sanitarios del país permanecían plenamente operativos.
El escenario refuerza uno de los argumentos centrales que llegará a Naciones Unidas: las nuevas normas internacionales pueden establecer mecanismos de coordinación y cooperación, pero su efectividad dependerá finalmente de la capacidad de los países para financiar sistemas sanitarios resistentes, detectar rápidamente nuevos patógenos y transformar los compromisos multilaterales en respuestas concretas.
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