
El Banco Central de Cuba (BCC) confirmó la entrada en funcionamiento de la primera casa de cambio privada del país, una medida inédita dentro del sistema financiero de la isla y que forma parte del proceso de reformas económicas impulsado durante los últimos meses.
La entidad está ubicada en Santa Clara, capital de la provincia de Villa Clara, y ya comenzó sus operaciones bajo la supervisión del Banco Central, que ha debido adaptar parte de la normativa para incorporar este nuevo tipo de institución al mercado cambiario cubano.
El organismo monetario informó además que existen otras solicitudes para crear casas de cambio privadas, por lo que la experiencia iniciada en Santa Clara podría extenderse próximamente a otros puntos del país.
La incorporación de operadores privados representa un cambio relevante en un sistema financiero históricamente dominado por entidades estatales. Uno de los objetivos declarados es ampliar los canales formales para la compraventa de divisas y obtener mayor información sobre el comportamiento efectivo del mercado.
Una nueva tasa de cambio
Las operaciones de estas casas de cambio también deberían proporcionar antecedentes al Banco Central para determinar una nueva tasa oficial destinada a las personas naturales y a los actores económicos no estatales.
El tipo de cambio constituye uno de los principales problemas de la economía cubana. Durante los últimos años se ha ampliado considerablemente la diferencia entre las tasas establecidas oficialmente y los valores utilizados en las transacciones informales de dólares y otras monedas extranjeras.
Esta brecha ha adquirido especial relevancia debido a la escasez de divisas, la inflación y las dificultades del Estado para abastecer regularmente el mercado cambiario formal.
La apertura de casas privadas busca incorporar una parte de esas operaciones al circuito regulado y entregar al Banco Central mayores referencias para determinar el precio oficial de las monedas extranjeras.
Más espacio para el sector privado
La medida se inscribe en el conjunto de reformas económicas y sociales aprobado en junio por la Asamblea Nacional del Poder Popular. Entre sus novedades se encuentra precisamente una mayor participación de actores privados en áreas que tradicionalmente estuvieron reservadas al Estado.
Cuba había iniciado anteriormente una ampliación gradual del espacio permitido a las micro, pequeñas y medianas empresas privadas, conocidas como mipymes, que actualmente participan en actividades comerciales, gastronómicas, manufactureras y de servicios.
El crecimiento de ese sector ha aumentado, a su vez, la necesidad de acceder a divisas para importar productos, materias primas y equipamiento, generando una demanda que el sistema financiero estatal no siempre ha podido satisfacer.
Las autoridades cubanas han planteado en los últimos meses la necesidad de ordenar ese mercado y avanzar hacia un esquema cambiario que refleje de manera más cercana las condiciones de oferta y demanda.
Una economía bajo fuerte presión
La reforma ocurre en momentos en que Cuba atraviesa una prolongada crisis económica, caracterizada por problemas de abastecimiento, inflación, dificultades energéticas y una persistente escasez de moneda extranjera.
La caída de los ingresos externos y las dificultades para financiar importaciones han afectado especialmente el suministro de combustibles, alimentos y medicamentos. A ello se suma el deterioro de la infraestructura eléctrica, que ha provocado prolongados cortes de energía en distintas regiones del país.
El turismo, históricamente una de las principales fuentes de divisas de Cuba, tampoco ha recuperado completamente los niveles necesarios para aliviar las restricciones financieras.
En ese escenario, el Gobierno ha ido introduciendo modificaciones al modelo económico sin abandonar el predominio estatal sobre los sectores considerados estratégicos.
La autorización de la primera casa de cambio privada constituye así un nuevo paso dentro de ese proceso. Su funcionamiento será observado especialmente por su eventual impacto sobre el mercado informal de divisas y por la posibilidad de que sirva como referencia para el nuevo esquema cambiario que prepara el Banco Central.
La existencia de nuevas solicitudes indica, además, que la experiencia de Santa Clara podría convertirse en el comienzo de una red de operadores privados de cambio, una figura hasta ahora ajena al sistema financiero de la isla.
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