
El 18 de octubre de 1867, Estados Unidos incorporó oficialmente Alaska a su territorio, culminando una operación diplomática que había comenzado meses antes con la firma de un tratado de compraventa con el Imperio ruso. El precio acordado fue de apenas US$7,2 millones, una cifra extraordinariamente baja para una extensión de aproximadamente 1,7 millones de kilómetros cuadrados.
La adquisición permitió a Washington ampliar considerablemente su presencia en América del Norte y establecer una posición estratégica entre el océano Pacífico y el Ártico. Sin embargo, en aquel momento, buena parte de la opinión pública estadounidense cuestionó la utilidad de comprar una región remota, escasamente poblada y sometida a condiciones climáticas extremas.
Con el paso de las décadas, el descubrimiento de oro, petróleo y otros recursos naturales transformó la percepción sobre Alaska, que pasó de ser considerada una adquisición de dudoso valor a convertirse en uno de los territorios más importantes para la economía y la seguridad nacional de Estados Unidos.
Rusia vendió Alaska por razones económicas y estratégicas
A mediados del siglo XIX, el Imperio ruso enfrentaba dificultades para mantener sus posesiones en América del Norte. La distancia respecto de San Petersburgo, los elevados costos de administración y las limitaciones para defender militarmente el territorio hacían cada vez menos atractiva su conservación.
La derrota rusa en la Guerra de Crimea, desarrollada entre 1853 y 1856, también había debilitado sus finanzas y evidenciado sus vulnerabilidades militares.
Las autoridades imperiales temían que, ante un nuevo enfrentamiento con el Reino Unido, Alaska pudiera ser ocupada por fuerzas británicas procedentes de Canadá, sin que Rusia tuviera capacidad suficiente para impedirlo.
En ese escenario, el zar Alejandro II autorizó las negociaciones para vender el territorio a Estados Unidos, país con el que Rusia mantenía relaciones relativamente favorables.
El acuerdo fue impulsado por el secretario de Estado estadounidense William H. Seward y el representante ruso en Washington, Eduard de Stoeckl.
El tratado se firmó el 30 de marzo de 1867 y estableció el pago de US$7,2 millones en oro, equivalentes a aproximadamente 4,7 dólares por kilómetro cuadrado.
La operación fue ratificada posteriormente por el Senado estadounidense, mientras que la transferencia formal de soberanía se realizó el 18 de octubre de ese mismo año, durante una ceremonia celebrada en Sitka.
De la burla política a uno de los grandes negocios territoriales
La compra provocó críticas en sectores de la prensa y la política estadounidense, donde surgieron expresiones como «la locura de Seward» y «la nevera de Seward», en referencia al secretario de Estado que había promovido la operación.
Sus detractores consideraban que el Gobierno había desperdiciado recursos públicos en una región helada, distante de los principales centros económicos del país y con escasas perspectivas de desarrollo.
No obstante, el descubrimiento de importantes yacimientos auríferos a finales del siglo XIX modificó radicalmente esa percepción.
La fiebre del oro del Klondike, iniciada en 1896 en territorio canadiense, impulsó el tránsito de miles de buscadores a través de Alaska. Paralelamente, los hallazgos de oro en Nome y Fairbanks contribuyeron al crecimiento de asentamientos, rutas comerciales e infraestructura.
Durante el siglo XX, la importancia económica del territorio aumentó todavía más con el desarrollo de la industria petrolera.
En 1968, el descubrimiento del gigantesco yacimiento de Prudhoe Bay, en la costa norte de Alaska, confirmó el potencial energético de la región.
Posteriormente, la construcción del oleoducto Trans-Alaska, inaugurado en 1977, permitió transportar petróleo desde el Ártico hasta el puerto de Valdez, en el sur del estado.
La explotación de hidrocarburos convirtió a Alaska en una pieza fundamental de la industria energética estadounidense y generó ingresos fiscales durante décadas.
Un territorio clave durante la Guerra Fría
La importancia de Alaska no se limita a sus recursos naturales.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el territorio adquirió un papel militar relevante debido a su proximidad con Japón y al control de las rutas del Pacífico Norte.
Posteriormente, durante la Guerra Fría, su cercanía geográfica con la Unión Soviética convirtió a Alaska en una posición estratégica para la defensa estadounidense.
El estrecho de Bering, que separa Alaska de Rusia, tiene aproximadamente 82 kilómetros de ancho en su punto más estrecho entre las masas continentales.
Esta proximidad favoreció la instalación de radares, bases aéreas y sistemas de vigilancia destinados a detectar posibles amenazas procedentes del territorio soviético.
El 3 de enero de 1959, Alaska se convirtió oficialmente en el estado número 49 de Estados Unidos, casi 92 años después de su adquisición.
La compraventa de Alaska también tiene una dimensión histórica frecuentemente relegada: el territorio estaba habitado desde miles de años antes de la llegada de los rusos.
Pueblos indígenas como los iñupiat, yupik, aleutianos, tlingit y athabaskanos mantenían sus propias estructuras sociales, tradiciones y formas de organización.
Ninguno de estos pueblos participó en las negociaciones entre Washington y San Petersburgo.
El tratado de 1867 estableció disposiciones sobre la situación de los habitantes del territorio, pero excluyó expresamente a las comunidades indígenas de las garantías generales de ciudadanía contempladas para otros residentes.
Durante las décadas posteriores, las comunidades originarias enfrentaron políticas de asimilación, conflictos por la propiedad de sus tierras y transformaciones profundas en sus formas tradicionales de vida.
En 1971, el Congreso estadounidense aprobó la Ley de Resolución de Reclamaciones de los Nativos de Alaska, que contempló la transferencia de aproximadamente 178.000 kilómetros cuadrados de tierras y una compensación cercana a US$963 millones mediante corporaciones indígenas.
Esta legislación representó un cambio importante en el reconocimiento de derechos territoriales, aunque no resolvió todas las controversias históricas.
Alaska y la nueva disputa por el Ártico
En el siglo XXI, Alaska ha recuperado protagonismo geopolítico debido al cambio climático, la competencia por los recursos naturales y el creciente interés internacional por las rutas marítimas del Ártico.
El retroceso del hielo marino está modificando las posibilidades de navegación en la región y aumentando el interés estratégico de Estados Unidos, Rusia y China.
Al mismo tiempo, Alaska concentra infraestructura militar relevante para la vigilancia aeroespacial y la defensa del territorio estadounidense.
La región también ocupa un lugar importante en el debate sobre seguridad energética, explotación de hidrocarburos y protección ambiental.
El desarrollo de nuevos proyectos petroleros ha generado controversias por sus posibles efectos sobre ecosistemas especialmente vulnerables y sobre las comunidades indígenas que dependen de ellos.
La creciente competencia entre Washington y Moscú recuerda que aquella operación de 1867 no solo modificó el mapa de América del Norte, sino también el equilibrio estratégico entre ambas potencias.
Una operación que cambió la historia de Estados Unidos
La adquisición de Alaska suele compararse con otras grandes operaciones territoriales estadounidenses, particularmente con la compra de Luisiana a Francia en 1803 por US$15 millones.
Ambas transacciones permitieron una expansión territorial extraordinaria y contribuyeron a consolidar el poder económico y político de Estados Unidos.
En el caso de Alaska, el precio original de US$7,2 millones representó menos de dos centavos de dólar por acre, una cantidad mínima frente al valor económico que adquirirían posteriormente sus recursos naturales.
Existe, además, una precisión histórica importante: aunque el traspaso de Alaska se concretó el 18 de octubre de 1867, el desembolso se formalizó posteriormente. El cheque por US$7,2 millones fue emitido el 1 de agosto de 1868, después de que el Congreso aprobara los fondos necesarios.
Lo que en 1867 algunos consideraron una extravagancia diplomática terminó transformándose en una adquisición decisiva para la expansión estadounidense hacia el Pacífico y el Ártico, y en uno de los episodios más singulares de la historia territorial contemporánea.
La entrada Alaska: la compra de US$7,2 millones con la que EEUU adquirió un territorio más grande que Perú se publicó primero en El Periodista.

