
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, llamó este domingo a la calma y pidió que la confrontación política se desarrolle por vías democráticas, después de los incendios, saqueos y enfrentamientos registrados durante las multitudinarias protestas del sábado.
El mandatario reconoció la legitimidad de los reclamos por el alto costo de la vida, aunque condenó los hechos de violencia.
«Esta noche todos sentimos ira y vergüenza», ha afirmado en su discurso televisado. «Quienes han saqueado deben pagar por sus crímenes (…). Quienes han atacado edificios gubernamentales deben pagar por sus crímenes», ha añadido antes de prometer «mano firme».
“Nuestro país merece unas buenas elecciones presidenciales”, afirmó el mandatario, quien reclamó debates “con los partidos y no en la calle, mediante la violencia”, en referencia a los comicios previstos para 2027.
Macron también advirtió que los responsables de los ataques serán perseguidos. “Quiero ser muy claro. Por todos los saqueadores y aquellos que generan destrucción, nosotros llegaremos a ellos con mano fuerte. No hay impunidad”, sostuvo.
El jefe de Estado anunció que, desde este lunes, el primer ministro Sébastien Lecornu encabezará una unidad de crisis destinada a coordinar respuestas y respaldar a quienes enfrentan dificultades como consecuencia de los disturbios.
«He exigido al Gobierno que extraiga todas las lecciones necesarias en lo que respecta a la recopilación de información y la previsión de este tipo de sucesos, y que tome medidas para asegurar que algo así no vuelva a ocurrir», afirmó Macron en un discurso a la nación transmitido por el canal de televisión BFMTV.
Asimismo, expresó su apoyo a las fuerzas de seguridad y su solidaridad con los heridos, sus familias, los alcaldes y los funcionarios electos afectados.
Macron señaló que había pedido a los prefectos (delegados presidenciales) que respondan «por todos los medios», «incluso prohibiendo ciertas reuniones cuando sea necesario, tomando todas las medidas necesarias y por todos los medios». «Ellos tomarán decisiones conjuntamente con los alcaldes para proteger nuestras ciudades, nuestros edificios públicos y nuestros negocios», ha explicado.
El mandatario condenó así la «violencia desenfrenada» y ha subrayado que «nada la justifica».
Las detenciones suben a 2.397
El balance gubernamental más reciente elevó a 2.397 las personas detenidas, por encima del recuento previo de unas 1.800. Las autoridades también informaron de más de 500 agentes de seguridad heridos, en un registro todavía provisional.
En París se contabilizaron 720 arrestos, de los cuales 517 derivaron en custodia policial: 171 correspondieron a menores de edad y 346 a adultos.
El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, instruyó a las fiscalías para que soliciten prisión provisional contra los responsables de ataques a policías y edificios públicos. La aplicación de esa medida deberá ser resuelta por los tribunales en cada caso.
El sector comercial, en tanto, estimó que al menos 1.500 establecimientos resultaron afectados por saqueos, destrozos o incendios.
Del reclamo estudiantil a una movilización nacional
Las protestas reunieron el sábado a unas 550.000 personas, según el Gobierno, mientras los organizadores elevaron la participación a más de 800.000.
La convocatoria articuló demandas contra el aumento del costo de la vida, las deficiencias de la educación pública y la violencia policial denunciada durante las semanas anteriores. El movimiento creció a partir de movilizaciones estudiantiles y sumó a trabajadores y otros sectores sociales.
Los enfrentamientos y saqueos ocurrieron en distintas ciudades, entre ellas París, Marsella, Lyon y Limoges. El Gobierno distinguió las marchas de los grupos que atacaron comercios e instalaciones públicas.
La actuación policial también permanece bajo escrutinio. Se informó que una joven de 17 años perdió un ojo durante las manifestaciones en Mulhouse, mientras los órganos de control de la Policía y la Gendarmería investigan la amputación de una mano sufrida por otro adolescente tras la explosión de una granada.
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La tensión continuó este domingo en la plaza de la República de París, donde cerca de un millar de personas se concentró sin autorización previa. La Policía utilizó gases lacrimógenos y un cañón de agua para dispersar a los presentes.
En Limoges, unas 7.000 personas marcharon hasta el ayuntamiento, gravemente dañado por un incendio que destruyó su techumbre, plantas superiores y campanario. Vecinos y autoridades se reunieron para expresar su respaldo a los servicios e instituciones públicas.
La Asociación de Alcaldes de Francia convocó, además, a concentraciones frente a las sedes municipales este lunes al mediodía, en rechazo a los ataques.
El mensaje de Macron busca contener una crisis que combina malestar social, exigencias de seguridad y cuestionamientos a la respuesta policial, a meses del inicio de la disputa presidencial de 2027.
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