
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó este lunes la tensión comercial con Canadá al pedir públicamente un boicot contra Bombardier y advertir que el fabricante aeronáutico canadiense no debería seguir vendiendo sus productos en el mercado estadounidense si no traslada parte de su producción al país.
“¡Basta ya de vender productos de Bombardier en Estados Unidos!”, escribió Trump en su red Truth Social, donde cuestionó la calidad de las aeronaves de la compañía y aseguró que más de la mitad de sus ingresos provienen del mercado estadounidense.
El mandatario acusó además a Canadá de bloquear el acceso de bancos y empresas norteamericanas y mencionó específicamente las dificultades que, según sostuvo, ha enfrentado Gulfstream Aerospace para operar en territorio canadiense.
“Si quieren nuestro mercado, deben fabricar aquí”, afirmó Trump, quien llamó a los estadounidenses a comprar productos nacionales, utilizar aerolíneas del país y consumir bienes producidos en Estados Unidos.
La advertencia supone una nueva escalada dentro de una disputa comercial que se ha intensificado durante las últimas semanas después del fracaso de las conversaciones entre Washington y Ottawa destinadas a alcanzar un acuerdo sobre aranceles.
Bombardier vuelve al centro de la disputa
No es la primera vez que Bombardier queda involucrada directamente en las tensiones entre ambos gobiernos.
En enero de este año, Trump amenazó con imponer aranceles a los aviones fabricados en Canadá e incluso planteó retirar su certificación en Estados Unidos mientras Ottawa no autorizara determinados modelos del fabricante estadounidense Gulfstream.
Las amenazas finalmente no se materializaron, pero las acciones de Bombardier llegaron a caer alrededor de 5% después de las declaraciones del mandatario.
La compañía canadiense mantiene, sin embargo, una importante presencia industrial en Estados Unidos, donde emplea aproximadamente a 3.500 trabajadores y opera instalaciones de producción y centros de servicios. Además, parte de sus aeronaves incorpora motores y componentes fabricados por empresas estadounidenses como General Electric y Honeywell.
Cerca de la mitad de los aproximadamente 5.100 aviones Bombardier actualmente en operación en el mundo se encuentran en Estados Unidos.
La empresa también continúa reforzando su estructura productiva en Canadá. A comienzos de septiembre anunció la adquisición de una planta de Mitsubishi Heavy Industries en Mississauga, Ontario, dedicada a fabricar componentes para los modelos Global 5500 y Global 6500.
Canadá responde con nuevos aranceles
La ofensiva de Trump coincide con la entrada en vigor, este martes 8 de septiembre, de un nuevo paquete de represalias comerciales del Gobierno canadiense.
Ottawa aplicará aranceles de 15%, 25% y hasta 50% sobre productos estadounidenses, incluyendo acero, aluminio, productos lácteos, maquinaria agrícola, electrodomésticos, papel, plásticos y productos electrónicos.
Las medidas afectarán importaciones estadounidenses valoradas en alrededor de US$19.900 millones, tomando como referencia el último tipo de cambio disponible del dólar canadiense frente al estadounidense.
Canadá adoptó las contramedidas después de que Washington impusiera un gravamen de 50% sobre un conjunto equivalente de exportaciones canadienses.
Los nuevos aranceles se suman a las restricciones que Ottawa ya mantiene sobre vehículos estadounidenses y otros productos.
Negociaciones estancadas
Las conversaciones entre ambos países se deterioraron durante agosto después de que Canadá rechazara varias exigencias de Washington relacionadas, entre otros sectores, con la industria automotriz.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, sostuvo recientemente que Estados Unidos debe adoptar una posición “seria y respetuosa” para que las conversaciones puedan retomarse y afirmó que Ottawa no aceptará un acuerdo que convierta sectores industriales estratégicos de Canadá en simples extensiones de compañías estadounidenses.
Trump, por su parte, ha acusado al Gobierno canadiense de aprovecharse comercialmente de Estados Unidos y ha utilizado durante las últimas semanas una retórica cada vez más confrontacional.
La disputa también ha alcanzado ámbitos ajenos estrictamente al comercio. El mandatario estadounidense ordenó recientemente que el lago Ontario sea denominado “Lago América” para efectos del Gobierno federal estadounidense, una decisión sin impacto sobre la denominación internacional del territorio compartido entre ambos países.
Una economía profundamente integrada
El enfrentamiento ocurre pese a que Estados Unidos y Canadá mantienen una de las relaciones económicas más integradas del mundo, particularmente en sectores como automóviles, acero, energía y aeronáutica.
Las cadenas productivas cruzan varias veces la frontera antes de que determinados bienes sean terminados, por lo que nuevos aranceles pueden aumentar los costos tanto para empresas canadienses como estadounidenses.
La ofensiva contra Bombardier introduce ahora al sector aeronáutico en el centro del conflicto y abre interrogantes sobre el alcance real que podría tener una eventual prohibición estadounidense.
Las aeronaves de Bombardier cuentan con certificaciones de las autoridades estadounidenses y la compañía mantiene inversiones y miles de puestos de trabajo en Estados Unidos, factores que podrían dificultar la aplicación práctica de un bloqueo comercial.
Pero el mensaje político de Trump es inequívoco: las empresas extranjeras que dependen del mercado estadounidense deberán aumentar su producción dentro de Estados Unidos si quieren conservar acceso privilegiado al país.
La disputa con Canadá se inserta así en una estrategia comercial más amplia de la Casa Blanca, basada en aranceles y presión sobre socios comerciales para incentivar inversiones industriales y reducir el déficit comercial estadounidense.
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