
La inflación volvió a entregar una señal de preocupación para la economía chilena. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró en agosto una variación mensual de 0,6%, acumuló un aumento de 3,6% en los primeros ocho meses del año y llevó la inflación de doce meses hasta 4,1%, según informó este martes el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
El resultado estuvo claramente por encima de las expectativas del mercado. La Encuesta de Operadores Financieros del Banco Central había situado en 0,3% la mediana de las proyecciones para agosto, con estimaciones que se movían entre 0,2% y 0,4%. Es decir, el IPC efectivo duplicó la previsión central de los operadores financieros.
El dato adquiere especial relevancia porque interrumpe las señales de moderación de los precios y vuelve a situar la inflación anual por encima del 4%, alejándola de la meta de 3% que persigue el Banco Central.
Alimentos y transporte explican gran parte del aumento
Nueve de las trece divisiones que componen la canasta del IPC registraron incidencias positivas durante agosto.
La principal presión provino de alimentos y bebidas no alcohólicas, cuyos precios aumentaron 1,4% mensual y aportaron 0,317 puntos porcentuales al IPC. Transporte, en tanto, subió 1,6% y agregó otros 0,201 puntos.
Entre ambas divisiones explicaron aproximadamente 0,52 puntos porcentuales de los 0,6% registrados durante el mes, lo que muestra una inflación fuertemente concentrada en gastos particularmente visibles para los hogares.
Entre los productos que destacaron por sus aumentos estuvieron los pasajes aéreos internacionales, las papas, la carne de vacuno y la gasolina.
En sentido contrario, información y comunicación presentó una disminución mensual de 0,3%, restando 0,017 puntos porcentuales al índice general.
¿Qué significa un IPC de 0,6%?
El problema no es solamente que los precios hayan aumentado 0,6% durante un mes. Lo relevante es que el resultado fue considerablemente mayor al anticipado y que la inflación anual alcanzó 4,1%.
Para los hogares significa una nueva pérdida de poder adquisitivo, particularmente sensible porque buena parte del incremento proviene de alimentos y transporte. Para quienes tienen obligaciones expresadas en UF —como arriendos, dividendos, colegiaturas, seguros o determinados contratos— el aumento del IPC también terminará trasladándose al valor de esa unidad reajustable.
Para el Banco Central, en tanto, el dato reduce el margen para flexibilizar la política monetaria.
Los operadores financieros venían anticipando que la Tasa de Política Monetaria permanecería en 4,5%, sin cambios inmediatos. El IPC de agosto refuerza ese escenario y hace más difícil justificar una reducción de tasas mientras no existan señales convincentes de que la inflación está nuevamente convergiendo hacia 3%.
La sorpresa es todavía más significativa porque no se trataba de un resultado previsto. Ya en julio los operadores habían proyectado que agosto sería un mes de mayor inflación, pero esperaban precisamente un 0,3%, la mitad del resultado finalmente informado.
Un escenario incómodo: inflación alta y actividad débil
El IPC aparece, además, en un momento particularmente complejo para la economía chilena.
El Imacec de julio cayó 1,5% en doce meses, borrando el repunte observado en junio, mientras el mercado laboral continúa mostrando debilidad. De esta manera, la economía comienza a enfrentar una combinación incómoda: menor dinamismo de la actividad junto con una inflación que sigue sobre la meta.
El propio Banco Central había advertido en agosto que las empresas estaban experimentando mayores costos derivados principalmente del encarecimiento de los combustibles y de sus efectos indirectos sobre transporte e insumos, en un contexto marcado por las consecuencias económicas del conflicto en Medio Oriente. Al mismo tiempo, las empresas reportaban una demanda más débil y consumidores más cautelosos.
Las expectativas empresariales tampoco muestran todavía una normalización completa. La Encuesta de Determinantes y Expectativas de Precios mantiene las expectativas de inflación empresarial en 4% a doce meses y 3,5% a 24 meses, todavía sobre el objetivo del instituto emisor.
Por eso el 0,6% de agosto es más que una cifra mensual. Supone una sorpresa inflacionaria importante, devuelve la variación anual al 4,1% y obliga al Banco Central a mantener especial cautela justo cuando la debilidad de la actividad económica podría justificar una política monetaria menos restrictiva.
La próxima decisión de tasas y las nuevas proyecciones del Banco Central serán claves para determinar si agosto fue un episodio transitorio —concentrado principalmente en alimentos, combustibles y transporte— o una señal de que la convergencia de la inflación hacia el 3% será más lenta de lo previsto.
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