
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, alertó este martes sobre la escalada de las operaciones militares de Israel en Líbano y reclamó el cese “inmediato” de las hostilidades, ante el creciente número de víctimas civiles y los desplazamientos provocados por las órdenes de evacuación.
Guterres manifestó estar “profundamente preocupado” por la intensificación de los ataques israelíes en el sur del país, particularmente en la zona de Nabatiyé, donde este lunes murieron más de diez personas, entre ellas dos menores.
El secretario general condenó el aumento de las víctimas civiles y advirtió sobre la “angustia y el desplazamiento” que están provocando las sucesivas órdenes de evacuación, además de las escenas de destrucción registradas en distintas localidades del sur libanés.
La preocupación de Naciones Unidas se concentra también en los ataques que han afectado a hospitales y personal sanitario. Según los antecedentes entregados por el organismo internacional, al menos 135 paramédicos libaneses han muerto desde comienzos de marzo, mientras persisten restricciones que dificultan el acceso de la ayuda humanitaria.
Guterres recordó que tanto la población civil como la infraestructura de carácter civil deben ser protegidas de acuerdo con el Derecho Internacional y calificó como “inaceptables” los ataques dirigidos contra ellos.
El jefe de Naciones Unidas pidió además al Gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu que retire las fuerzas israelíes desplegadas en territorio libanés.
Más de 4.300 muertos desde marzo
La advertencia se produce en momentos en que las autoridades de Líbano cifran en 4.381 los muertos y más de 12.400 los heridos desde el comienzo de la ofensiva israelí, el pasado 2 de marzo. Los ataques han continuado pese a los esfuerzos diplomáticos destinados a consolidar un alto el fuego.
La actual fase del conflicto está estrechamente vinculada a la crisis regional abierta en Medio Oriente después de que Estados Unidos e Israel lanzaran el 28 de febrero una ofensiva contra Irán. Hezbolá respondió disparando proyectiles contra Israel, lo que dio paso a una nueva intervención militar israelí en territorio libanés.
La escalada reabrió un frente que ya había adquirido dimensiones regionales durante la guerra de Gaza, cuando Hezbolá e Israel mantuvieron durante meses intercambios de fuego a través de la frontera. La organización chií libanesa, respaldada históricamente por Irán, ha sido uno de los principales actores de la confrontación entre Israel y el denominado eje regional aliado de Teherán.
Un acuerdo que no logró detener los ataques
El 26 de junio, Líbano e Israel alcanzaron, con mediación estadounidense, un principio de acuerdo destinado a establecer las bases de un alto el fuego permanente. El entendimiento contemplaba el restablecimiento de la soberanía efectiva del Estado libanés sobre el sur del país y el desarme de Hezbolá.
Este último punto se transformó rápidamente en el principal obstáculo. Hezbolá rechazó entregar sus armas, mientras Israel ha sostenido que la permanencia de la capacidad militar del grupo representa una amenaza para su seguridad y ha utilizado ese argumento para justificar la continuidad de sus operaciones.
El conflicto tiene además como telón de fondo la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprobada tras la guerra entre Israel y Hezbolá de 2006. La resolución estableció, entre otras disposiciones, el despliegue del Ejército libanés y de la misión de paz de Naciones Unidas en el sur del país y buscó impedir la presencia de fuerzas armadas no estatales en la zona próxima a la frontera israelí.
La nueva advertencia de Guterres refleja la preocupación internacional por el riesgo de que el frente libanés vuelva a convertirse en uno de los principales focos de la crisis que atraviesa Medio Oriente, mientras los esfuerzos diplomáticos siguen sin conseguir un cese definitivo de las hostilidades.
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