
El tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz se ha reducido a apenas el 10% de los niveles registrados antes de la guerra en Medio Oriente, una caída que confirma la magnitud del impacto que el conflicto entre Estados Unidos e Irán está provocando sobre una de las principales arterias energéticas del planeta.
La directora del Departamento de Comunicaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), Julie Kozack, sostuvo este jueves que la circulación por el estratégico paso marítimo equivale actualmente a solo una décima parte de la observada antes del estallido de las hostilidades.
El organismo advirtió además que algunos países han comenzado a utilizar sus reservas estratégicas de petróleo y gas para compensar las dificultades de abastecimiento, una solución que solo puede ser temporal debido a que posteriormente esos inventarios deberán ser repuestos.
La situación en Ormuz constituye uno de los principales focos de preocupación para la economía mundial. Antes de la guerra, cerca del 20% del petróleo consumido globalmente transitaba por este estrecho, que separa Irán de Omán y conecta el golfo Pérsico con el océano Índico.
Por allí también circulaba una porción fundamental de las exportaciones mundiales de gas natural licuado, especialmente desde Qatar, además del crudo proveniente de Arabia Saudita, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos.
Petróleo sobre los US$100
El deterioro de la seguridad marítima ha tenido efectos inmediatos sobre los mercados energéticos. Esta semana el petróleo Brent volvió a superar los US$100 por barril, llegando este jueves hasta las cercanías de US$105, impulsado por el temor a una interrupción todavía mayor de los suministros.
El conflicto también ha generado una transformación en las rutas utilizadas por los petroleros. Numerosas embarcaciones han comenzado a cruzar Ormuz con sus sistemas automáticos de identificación apagados, una práctica conocida como navegación «oscura», destinada a reducir su exposición a ataques.
Estimaciones del mercado indican que, considerando estos cruces no detectados por los sistemas convencionales de seguimiento, las exportaciones reales de petróleo desde el golfo Pérsico podrían alcanzar entre 15 y 16 millones de barriles diarios, alrededor de dos tercios de los volúmenes existentes antes de la guerra.
Sin embargo, el tráfico marítimo visible permanece muy por debajo de los niveles normales y la inseguridad continúa encareciendo los seguros, los fletes y los costos generales del transporte energético.
Nueva escalada entre Washington y Teherán
La crisis volvió a intensificarse durante los últimos días después de una nueva serie de ataques entre Estados Unidos e Irán.
Fuerzas estadounidenses atacaron petroleros iraníes luego de que Washington acusara a Teherán de lanzar misiles balísticos contra buques militares norteamericanos. Irán respondió anunciando ataques contra embarcaciones próximas al estrecho y ampliando las amenazas sobre la navegación comercial.
El intercambio representa una nueva fase de una guerra que comenzó a finales de febrero y que ha convertido al control de Ormuz en uno de los principales instrumentos de presión económica y militar de Teherán.
Durante los meses anteriores hubo diversos intentos diplomáticos para reducir las hostilidades. Estados Unidos e Irán incluso alcanzaron un memorando de entendimiento orientado a establecer las bases de una negociación más amplia, pero los combates volvieron a intensificarse posteriormente y las posiciones de ambos países continúan alejadas.
Un cuello de botella para la economía mundial
La importancia de Ormuz explica el nerviosismo de los mercados. En condiciones normales, más de un centenar de barcos atravesaban diariamente el paso marítimo, transportando hidrocarburos esenciales para economías asiáticas y europeas.
El impacto del conflicto tampoco se limita al golfo Pérsico. Las rutas alternativas presentan sus propios riesgos.
En el mar Rojo, las operaciones de los hutíes de Yemen han vuelto a generar inquietud sobre el estrecho de Bab el Mandeb, otra vía fundamental para el transporte entre Asia y Europa. La posibilidad de que las dos principales rutas marítimas de exportación energética de Medio Oriente sufran interrupciones simultáneas ha incrementado la prima de riesgo incorporada al precio internacional del petróleo.
El FMI considera que, pese al impacto energético, la economía mundial ha mostrado hasta ahora mayor resistencia de la prevista y mantiene una estimación de crecimiento cercana al 3% para 2026. Sin embargo, la persistencia de precios elevados del petróleo y el gas aparece como una amenaza para la inflación, el crecimiento y las finanzas públicas.
Mientras el tránsito por Ormuz continúe reducido a una fracción de su capacidad habitual, el mercado energético mundial seguirá dependiendo de reservas estratégicas, rutas alternativas y operaciones marítimas extraordinarias para evitar una escasez más profunda.
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