
Orlando Bloom regresó al Festival de San Sebastián después de 14 años y lo hizo con una reflexión que va bastante más allá de las alfombras rojas y los flashes: para interpretar personajes creíbles, sostiene, un actor no puede perder el contacto con la vida real.
El intérprete británico llegó a la ciudad española para presentar “Bucking Fastard”, película dirigida por el veterano cineasta alemán Werner Herzog, y aprovechó su encuentro con la prensa para hablar de la fama, de su carrera y de la importancia que atribuye a conservar una existencia cotidiana pese a décadas de exposición pública.
“Un hombre sabio me dijo una vez que la fama es como estar en un lugar donde algo atraviesa muy rápido y la gente lo mira, pero lo importante es salir de ahí y hacer cosas de la vida diaria, como llevar a los niños al colegio, hacer la comida, ir al supermercado”, explicó Bloom.
Para el actor, esa normalidad constituye además una herramienta profesional. “Hay que desconectarte por un lado del mundo y a la vez formar parte de él porque no puedes construir personajes si estás desconectado de la vida real y del mundo real”, afirmó.
Bloom sostuvo que encontrar ese equilibrio resulta esencial para un intérprete, especialmente cuando la fama puede terminar creando una burbuja alrededor de quien lleva años trabajando en grandes producciones cinematográficas.
Un regreso después de 14 años
La visita supone el retorno de Bloom al Festival de San Sebastián 14 años después de su anterior paso por el certamen. El actor se mostró entusiasmado con la ciudad y contó que durante su estadía ha podido disfrutar tanto de su gastronomía como del mar.
“He estado nadando”, relató, antes de calificar el festival como “fantástico” y destacar la recepción que espera para la nueva cinta.
“Estoy muy orgulloso de la película. San Sebastián es un gran público para celebrar esta cinta”, señaló.
El intérprete describió “Bucking Fastard” como una obra “poco habitual”, “excepcional” y “poética”, características que vinculó directamente con la personalidad cinematográfica de Werner Herzog.
Bloom calificó como “maravillosa” la oportunidad de trabajar bajo las órdenes del realizador alemán y lo definió como “un director único”, capaz de construir películas y personajes con una sensibilidad cercana a la poesía.
Bajo las órdenes de Werner Herzog
Herzog es una de las figuras más singulares del cine europeo de las últimas décadas. Director, guionista, productor y documentalista, ha construido una filmografía marcada por personajes extremos, paisajes hostiles y relatos sobre seres humanos enfrentados a sus propios límites.
Títulos como “Aguirre, la ira de Dios”, “Fitzcarraldo” y “Nosferatu: vampiro de la noche” forman parte de una trayectoria que convirtió al realizador alemán en una figura de culto. También ha desarrollado una extensa producción documental, explorando desde la naturaleza y la supervivencia hasta personajes excéntricos y episodios extraordinarios de la experiencia humana.
En “Bucking Fastard”, Bloom interpreta a Gareth Moroney, un hombre que inicialmente aparece como un personaje sencillo y dinámico, pero cuya dimensión emocional se transforma a medida que avanza la historia y entra en contacto con los sentimientos de las hermanas protagonistas.
El actor lo describió como alguien “muy simple”, que juega, disfruta de lo que le ocurre y se mueve con soltura dentro de la historia, aunque progresivamente descubre una realidad de mayor profundidad emocional.
De “El Señor de los Anillos” a Herzog
La presencia de Bloom en una película de Herzog representa también un nuevo capítulo en una carrera que alcanzó proyección mundial a comienzos de este siglo.
Nacido en Canterbury, Inglaterra, en 1977, el actor saltó a la fama internacional interpretando al elfo Legolas en la trilogía de “El Señor de los Anillos”, dirigida por Peter Jackson. Poco después consolidó su popularidad como Will Turner en la saga “Piratas del Caribe”, junto a Johnny Depp y Keira Knightley.
También participó en grandes producciones como “Troya”, donde interpretó a Paris, y “Kingdom of Heaven”, dirigida por Ridley Scott y ambientada en las Cruzadas y las disputas por Jerusalén en Medio Oriente.
Con los años, Bloom fue alternando las grandes superproducciones con proyectos de menor escala, teatro y televisión, alejándose parcialmente de la imagen de estrella juvenil que lo acompañó durante la primera etapa de su carrera.
En San Sebastián recordó que su vocación apareció precisamente mirando películas y series. Cuando era joven, contó, comprendió que aquellos personajes que admiraba tenían algo en común: detrás de todos ellos había actores.
“Pensé, claro, yo quiero ser actor para ser cualquier personaje de los que tanto me gustan”, recordó.
Décadas después, tras haber interpretado elfos, príncipes, soldados, aventureros y personajes contemporáneos, Bloom parece conservar aquella idea inicial del oficio. Pero ahora agrega una condición aprendida con los años: para transformarse en otros frente a una cámara, primero hay que seguir habitando el mundo fuera de ella.
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