
El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que la epidemia de ébola que golpea principalmente a República Democrática del Congo (RDC) “no está ni mucho menos bajo control”, en momentos en que el país africano enfrenta el brote más grave de su historia.
De acuerdo con los últimos datos disponibles al 15 de agosto, las autoridades congoleñas habían contabilizado 4.945 casos confirmados y 2.325 fallecidos. Las cifras implican una letalidad cercana al 47% y reflejan el rápido deterioro de la emergencia sanitaria.
Tedros explicó durante la segunda reunión del Comité de Emergencias del Reglamento Sanitario Internacional que la propagación está siendo favorecida por la inseguridad, los desplazamientos de población y el intenso movimiento de personas a través de carreteras, ríos y rutas vinculadas a las zonas mineras.
“Tenemos que ser sinceros: la epidemia no está ni mucho menos bajo control”, sostuvo el responsable de la OMS, quien recordó que el brote tuvo un comienzo extremadamente rápido y que las autoridades sanitarias todavía intentan recuperar terreno frente al avance del virus.
Uno de los aspectos que genera mayor preocupación es que numerosas víctimas están muriendo fuera de los centros especializados de tratamiento y sin figurar previamente entre los contactos sometidos a vigilancia epidemiológica.
Según Tedros, cada uno de esos fallecimientos puede representar una cadena de contagios todavía desconocida, por lo que detener la epidemia dependerá de localizar y cortar todos esos circuitos de transmisión.
El peor brote registrado en Congo
La actual emergencia comenzó oficialmente en mayo y es provocada por la variante Bundibugyo del virus del ébola. A diferencia de otras cepas, actualmente no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado contra esta variante, aunque se desarrollan ensayos con candidatos experimentales.
La magnitud alcanzada por la epidemia ya superó al brote congoleño de 2018-2020, que hasta ahora había sido el mayor registrado en el país. A fines de julio, la OMS ya contabilizaba más de 3.600 casos y cerca de 1.600 fallecimientos, mientras la enfermedad se extendía por decenas de zonas sanitarias de cinco provincias.
El crecimiento posterior fue aún más acelerado. Para el 15 de agosto, los registros habían llegado a 4.945 contagios y 2.325 muertes, convirtiendo además al actual episodio en el más letal de la historia de República Democrática del Congo.
La provincia de Ituri se mantiene como el principal epicentro. A comienzos de agosto concentraba cerca del 90% de los casos confirmados, mientras el seguimiento de contactos se situaba en torno al 75%, por debajo del objetivo operacional de al menos 95% considerado necesario para identificar rápidamente las cadenas de transmisión.
La situación se ha complicado además por los conflictos armados, las dificultades de acceso a determinadas zonas, la desinformación, la presión sobre los servicios sanitarios y los desplazamientos de población.
El virus ya cruzó fronteras
La emergencia dejó de ser exclusivamente congoleña hace meses. Uganda registró casos vinculados epidemiológicamente con República Democrática del Congo, aunque logró detener la transmisión local y el 28 de julio declaró terminado su brote después de completar 42 días sin nuevos contagios transmitidos dentro del país.
También se confirmó un caso en Francia correspondiente a un médico que había trabajado durante cinco semanas en Ituri atendiendo pacientes. El profesional fue detectado a su regreso, aislado y posteriormente dado de alta después de obtener dos pruebas PCR negativas. No se identificaron contagios secundarios relacionados con ese episodio.
“El riesgo no se detiene en las fronteras de la República Democrática del Congo”, advirtió Tedros, quien destacó la respuesta de Uganda, pero insistió en que la movilidad internacional hace imposible considerar la epidemia como un problema limitado a un solo país.
Vacunas y tratamientos todavía en evaluación
La variante Bundibugyo plantea un desafío adicional porque las herramientas médicas disponibles contra otras formas del ébola no cuentan actualmente con aprobación específica para esta cepa.
La respuesta sanitaria incluye el fortalecimiento de la vigilancia comunitaria, la ampliación de la capacidad de atención, la identificación de contactos, entierros seguros y dignos y programas destinados a recuperar la confianza de las comunidades afectadas.
Paralelamente se están evaluando vacunas y tratamientos experimentales. El objetivo es determinar si algunas de estas herramientas pueden contribuir a contener una epidemia cuya velocidad de propagación ha puesto bajo fuerte presión a los sistemas sanitarios de la región.
La OMS sostiene que la combinación de inseguridad, desplazamientos, elevada movilidad y transmisión comunitaria mantiene abierto el riesgo de una expansión geográfica mayor. El organismo ha señalado, sin embargo, que por ahora no recomienda imponer restricciones generales a los viajes o al comercio con los países afectados.
El desafío inmediato, según las autoridades sanitarias internacionales, será encontrar a las personas infectadas antes de que mueran o transmitan el virus, seguir de manera efectiva a sus contactos y cortar cada una de las cadenas de contagio que todavía permanecen fuera del radar epidemiológico.
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