
Este 8 de mayo se cumple un año desde que el cardenal estadounidense y agustino Robert Prevost fue elegido como el Papa León XIV, convirtiéndose en el pontífice número 267 de la Iglesia Católica. En este periodo, su figura ha transitado desde un estilo reservado a un rol activo como referente global en materia de paz.
Durante estos doce meses, León XIV ha instalado ese concepto como eje central de su pontificado, en un escenario internacional marcado por conflictos armados y tensiones geopolíticas, especialmente en Medio Oriente. Su posicionamiento ha sido constante, apelando al Evangelio como marco de sus intervenciones, incluso frente a críticas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Diversos analistas coinciden en que el Papa ha asumido un liderazgo internacional que trasciende lo religioso. Su discurso ha evitado la confrontación directa, pero ha mantenido una línea firme en la defensa de la paz, sin ceder ante presiones políticas.
En paralelo, ha reforzado la doctrina social de la Iglesia, situándola nuevamente en el centro del debate público, con énfasis en justicia social, medioambiente y diálogo entre naciones.
A nivel de estilo, León XIV marca diferencias con su antecesor, el Papa Francisco. Mientras Jorge Bergoglio se caracterizaba por la espontaneidad y gestos disruptivos, Prevost ha optado por una conducción más reflexiva y discreta, aunque con claridad en sus definiciones.
Especialistas destacan que existe continuidad en los temas de fondo —como la opción por los más vulnerables y la promoción de una Iglesia más participativa—, pero una diferencia evidente en las formas y en la manera de ejercer el liderazgo.
El contexto internacional también ha empujado al pontífice a asumir un papel más visible. En este año, ha intensificado gestiones diplomáticas, promoviendo diálogos entre países en conflicto y ofreciendo espacios de negociación, incluyendo propuestas para acercamientos entre Rusia y Ucrania.
En Medio Oriente, ha sostenido encuentros con líderes políticos y religiosos, insistiendo en la urgencia de un alto al fuego en Gaza y en la necesidad de avanzar hacia una solución de dos Estados.
Uno de los puntos más tensos de su primer año ha sido la relación con Donald Trump. Tras declaraciones del mandatario estadounidense sobre conflictos internacionales, León XIV respondió calificando como inaceptables ciertas amenazas de escalada militar e insistiendo en la necesidad de privilegiar la paz.
Las críticas desde Washington no tardaron en llegar, generando un intercambio público que se ha extendido durante el último año. Pese a ello, el Papa ha mantenido su postura, señalando que la misión de la Iglesia es “anunciar el Evangelio y promover la paz”.
Según datos del Vaticano, el pontífice ha mencionado la palabra “paz” más de 400 veces en sus discursos desde su elección, reflejando la centralidad de este mensaje en su liderazgo.
A un año de su llegada al Vaticano, León XIV se posiciona como una figura influyente en el escenario internacional, con un estilo sobrio pero con creciente peso político y moral en un mundo marcado por la incertidumbre.
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