
Fuente Lastarria no fue solamente una sandwichería. Durante sus dos años de funcionamiento se convirtió en un espacio ligado a la identidad del barrio y, especialmente, en un lugar de encuentro para los seguidores de Unión Española.
Ese sello fue impulsado por uno de sus socios, el periodista Marco Sotomayor, reconocido hincha del club de colonia, quien trasladó al establecimiento parte del ambiente, la historia y la cultura futbolera de los fanáticos hispanos.
En sus mesas se reunían simpatizantes antes y después de los partidos, se hablaba de fútbol y se compartía una identidad que transformó al local en una suerte de punto de reunión no oficial para la comunidad de Unión Española.
La historia terminó abruptamente el 31 de julio, cuando Fuente Lastarria bajó sus cortinas en medio de deudas con trabajadores, proveedores, servicios básicos y el propietario del inmueble.
Tras el cierre comenzó una disputa judicial entre Sotomayor y Patricio Canobra Mora —anteriormente conocido como Patricio Mora Canobra—, quien estuvo a cargo de la administración financiera y posteriormente asumió como representante legal de la empresa.
Sotomayor presentó demandas y querellas contra su exsocio. Su abogado, Sebastián Cano, acusa a Canobra Mora y a su esposa, Alejandra Palma, de haber transferido ingresos del restaurante hacia cuentas personales, en lugar de depositarlos en la cuenta corriente de la sociedad.
“Fuente Lastarria tuvo siempre a Canobra como administrador financiero, responsable de los flujos y de los pagos. Más tarde, incluso, fue su representante legal. Y esa condición la mantuvo hasta el cierre del negocio”, afirmó Cano.
Una sandwichería con ventas y deudas
La defensa de Sotomayor sostiene que Fuente Lastarria no cerró por falta de público ni por una caída de sus ventas. Según los antecedentes reunidos por el abogado, solamente durante julio el establecimiento registró operaciones con IVA por $61.538.330.
“Cerró no por mala venta, porque vendía muy bien, sino por la administración de Canobra”, aseguró Cano.
El abogado acusa que, pese a esos ingresos, quedaron pendientes las remuneraciones de julio, cotizaciones previsionales y obligaciones con proveedores. También afirma que los trabajadores no recibieron oportunamente las cartas de aviso correspondientes al término de sus contratos.
A ello se habrían sumado deudas por servicios básicos que llevaron al propietario del inmueble a no renovar el contrato de arriendo.
“¿Dónde está el dinero? Esa es la pregunta que todos nos hacemos”, señaló Cano, quien confirmó la presentación de una segunda querella para que se investigue un eventual lavado de activos.
Las causas se encuentran actualmente en tramitación y las imputaciones corresponden a las denuncias formuladas por Marco Sotomayor y su abogado.
Los testimonios de negocios anteriores
La controversia por Fuente Lastarria abrió también una revisión de la trayectoria empresarial de Canobra Mora, quien ha reconocido públicamente que la sandwichería fue su decimosexto negocio y que ya proyecta poner en marcha un nuevo emprendimiento.
En su historial aparecen locales como The Clinic, posteriormente denominado Radicales, además de Cuento Corto, Almodóbar y Le Tacón.
El comediante Rodrigo “Guatón” Salinas aseguró haber perdido varios millones después de invertir en Radicales.
“No se asocien con el Pato Mora ni le pasen plata”, advirtió. Según su testimonio, Canobra Mora y sus socios lo convencieron para aportar recursos sin informarle que el establecimiento atravesaba una grave crisis financiera.
“Mora y sus socios me convencieron para invertir en el bar Radicales, pero me ocultaron el hecho de que el negocio estaba quebrado. Perdí varios millones”, afirmó Salinas.
Mario Herrera, quien comenzó como garzón y llegó a ser supervisor de The Clinic y Radicales, aseguró que al cerrar el establecimiento quedaron pendientes cerca de $7,27 millones correspondientes a obligaciones laborales y cotizaciones.
“Salí muy perjudicado, pues no me pagaron nada cuando el negocio cerró”, relató Herrera. El extrabajador también afirmó que los problemas con proveedores llegaron al punto de obligar al personal a adquirir productos en supermercados para mantener el funcionamiento del bar.
Juan Carlos Vergara, integrante del equipo del mismo establecimiento, recordó que los trabajadores constituyeron un sindicato en 2011 debido a los problemas laborales que denunciaban.
Según su testimonio, a fines de 2017 los empleados llegaron a cumplir sus turnos y encontraron camiones retirando el mobiliario del local, sin haber recibido una explicación previa de los propietarios.
“La empresa había quebrado y de los sueldos y pagos previsionales de sus trabajadores nunca más se supo”, afirmó.
Las acusaciones del abogado
Sebastián Cano asegura que los antecedentes de Fuente Lastarria presentan similitudes con una querella de 2014 contra Canobra Mora y Alejandra Palma.
El abogado habla de un “modus operandi” consistente en transferir los ingresos de los negocios hacia cuentas personales, bajo el argumento de que la Tesorería podía embargar los fondos depositados en las cuentas de las empresas.
“Esto ocurrió en Fuente Lastarria, pero también descubrimos una querella de 2014 en la cual el querellante describe la misma situación”, afirmó el profesional.
Cano también cuestionó un informe contable presentado para explicar los pasivos de la sandwichería, en el cual aparecían como prestamistas el juez Daniel Urrutia y el académico de la Universidad de Chile Rodrigo Fuster.
Ambos se desmarcaron de la controversia. Urrutia, cuya amistad con Canobra Mora fue reconocida, se inhabilitó de intervenir después de que las causas quedaran radicadas en el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago.
El fin de un punto de encuentro hispano
Para Marco Sotomayor, el cierre significó también la pérdida de un proyecto al que había entregado una identidad vinculada con el periodismo, el barrio Lastarria y su pasión por Unión Española.
Fuente Lastarria se había transformado en uno de los pocos establecimientos del sector donde los hinchas hispanos podían reunirse y compartir en torno al club. Esa comunidad ayudó a construir la personalidad del negocio y sostuvo buena parte de su actividad.
Ahora, las causas judiciales deberán establecer qué ocurrió con los ingresos, cuál es el monto efectivo de las deudas y si existen responsabilidades penales o civiles.
Mientras la justicia investiga, trabajadores y proveedores esperan el pago de las obligaciones denunciadas, los socios mantienen su disputa y los hinchas de Unión Española perdieron un espacio que habían convertido en propio.
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