
Cada septiembre, Chile cambia de colores. La bandera aparece en las casas, flamea en plazas y edificios, adorna fondas y ramadas, viaja en los automóviles y se instala hasta en la mesa donde aguardan las empanadas, el vino y el pebre.
Es la misma bandera que se levanta en las escuelas, que encabeza las ceremonias oficiales, que acompaña a los deportistas y que cubre los féretros de quienes reciben los máximos honores de la República. Una tela sencilla —azul, blanca y roja— que guarda más de dos siglos de historia.
Conocida como la Estrella Solitaria, la actual bandera chilena fue adoptada oficialmente el 18 de octubre de 1817, durante el gobierno de Bernardo O’Higgins y en pleno proceso de consolidación de la Independencia.
Su aparición pública más recordada ocurrió meses después, el 12 de febrero de 1818, durante la proclamación de la Independencia de Chile.
Antes de la Estrella Solitaria
Chile no siempre tuvo la bandera que conocemos. Durante el periodo independentista existieron tres emblemas principales.
La primera fue la bandera de la Patria Vieja, presentada en 1812 durante el gobierno de José Miguel Carrera. Tenía tres franjas horizontales: azul, blanca y amarilla. Su creación se relaciona con el deseo de contar con símbolos propios que marcaran distancia de la monarquía española.
La tradición atribuye a Javiera Carrera la confección y presentación de aquel primer pabellón, aunque algunos detalles de ese episodio han sido transmitidos más por el relato patriótico que por documentos concluyentes.
Después del triunfo de Chacabuco, en 1817, apareció la llamada Bandera de la Transición. Conservó el azul y el blanco, pero reemplazó el amarillo por el rojo. El parecido con la bandera de los Países Bajos y la ausencia de un diseño suficientemente distintivo hicieron que tuviera una vida breve.
Ese mismo año nació la bandera definitiva: dos franjas horizontales, una blanca y otra roja, con un cuadrado azul en la esquina superior izquierda y una estrella blanca de cinco puntas en su interior.
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¿Quién diseñó la bandera chilena?
La creación del emblema suele atribuirse a José Ignacio Zenteno, ministro de Guerra del gobierno de Bernardo O’Higgins, mientras que su diseño material ha sido relacionado con el militar español Antonio Arcos.
Otras investigaciones mencionan la participación de Gregorio de Andía y Varela, por lo que la autoría exacta continúa siendo objeto de discusión histórica.
Las primeras versiones eran más complejas que la bandera actual. Algunos diseños incorporaban proporciones vinculadas a la llamada razón áurea y una estrella interior de ocho puntas, asociada por diversos estudios al guñelve, símbolo utilizado por el pueblo mapuche y relacionado con Venus o el lucero.
Con el paso del tiempo, esos elementos se simplificaron hasta llegar al diseño que hoy todos los chilenos reconocen.
¿Qué representan sus colores?
La explicación más difundida señala que el azul representa el cielo y el océano Pacífico; el blanco, la nieve de la cordillera de los Andes; y el rojo, la sangre derramada por quienes lucharon por la Independencia.
La estrella simboliza la unidad de la República y los poderes del Estado. También ha sido interpretada como una luz que guía al país hacia el progreso y el honor.
No todos estos significados estuvieron necesariamente establecidos desde el primer día. Como ocurre con muchos símbolos nacionales, su interpretación se fue construyendo con el tiempo, a través de la educación, las ceremonias cívicas y la memoria colectiva.
También se ha relacionado la combinación del azul, blanco y rojo con los colores utilizados por fuerzas mapuches descritas en “La Araucana”, de Alonso de Ercilla. Esta conexión forma parte de las interpretaciones históricas y culturales sobre el origen del pabellón.
¿Ganó un concurso como la bandera más hermosa del mundo?
Es una de las historias favoritas de los chilenos: la bandera nacional habría ganado en 1907 un concurso internacional realizado en Europa para escoger el pabellón más hermoso del mundo.
Según el relato, dos familias chilenas —de apellidos Baehcker y Casas— se encontraban de vacaciones en la localidad belga de Blankenberge cuando supieron de la competencia. Habrían inscrito la bandera de Chile y conseguido el primer lugar entre numerosos países.
La historia fue publicada en la revista Zig-Zag, lo que demuestra que el relato circulaba en Chile a comienzos del siglo XX. Sin embargo, no se conocen registros oficiales ni fuentes independientes que acrediten la existencia y el resultado de aquel certamen.
Las distintas versiones, además, cambian el lugar, el año y hasta la posición obtenida por Chile. Algunas afirman que ganó; otras dicen que terminó segunda detrás de Francia.
Por eso, la respuesta más rigurosa es que no está comprobado que la bandera chilena haya ganado un concurso mundial de belleza. Se trata de una querida leyenda nacional basada en una publicación de época, pero sin documentación suficiente para establecerla como un hecho histórico.
La falta de una copa o un diploma, sin embargo, difícilmente convencerá a muchos chilenos de que su bandera no es la más hermosa.
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Una estrella que también tiene su día
El Día Oficial de la Bandera Nacional se conmemora cada 9 de julio. La fecha recuerda el Combate de La Concepción, ocurrido en 1882 durante la Guerra del Pacífico, cuando murieron los 77 integrantes de una guarnición chilena.
En Fiestas Patrias, la bandera debe instalarse obligatoriamente en los hogares y edificios particulares los días 18 y 19 de septiembre. Debe encontrarse limpia, en buen estado y colocarse correctamente.
Cuando se instala horizontalmente, el cuadro azul con la estrella debe quedar en la esquina superior izquierda vista desde el frente. Si se utiliza un mástil, este debe ser blanco y la bandera debe ubicarse en el extremo superior.
Desde 2011, los ciudadanos pueden izarla durante cualquier día del año sin necesidad de solicitar autorización. La Constitución, además, establece que todos los habitantes de la República deben respeto a Chile y a sus emblemas nacionales.
Mucho más que tres colores
La bandera chilena tiene una proporción oficial de dos unidades de alto por tres de largo. La franja inferior es completamente roja, mientras la parte superior se divide entre un cuadrado azul y un rectángulo blanco. En el centro del cuadrado se ubica la estrella blanca de cinco puntas.
Su diseño ha acompañado prácticamente toda la vida republicana. Estuvo en la construcción del Estado, en las guerras del siglo XIX, en las catástrofes naturales, en las expediciones antárticas y en los grandes encuentros deportivos.
También ha aparecido en la poesía y la música. Gabriela Mistral le dedicó “Los colores de la bandera”; Pablo Neruda escribió “A la bandera de Chile”, texto posteriormente musicalizado por Vicente Bianchi; y numerosos autores la convirtieron en una imagen de pertenencia, dolor, esperanza y territorio.
En este 18 de septiembre, cuando la Estrella Solitaria vuelva a desplegarse desde Arica hasta Magallanes, no estará solamente adornando una celebración. En sus colores viajarán la cordillera y el mar, la memoria de la Independencia y la diversidad de un país que, pese a sus diferencias, todavía puede reunirse bajo una misma bandera.
Porque Chile cabe muchas veces en una imagen: un cielo azul, una cumbre blanca, una franja roja y una estrella que, desde hace más de dos siglos, continúa marcando el camino.
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