
Irán respondió este jueves a la declaración de “guerra económica” anunciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y aseguró que la nueva ofensiva contra Teherán responde a los problemas internos que atraviesa la economía estadounidense.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, calificó el denominado “Día D económico” anunciado por Trump como una “cortina de humo” destinada a ocultar lo que describió como una crisis “sin precedentes” en Estados Unidos.
“El llamado ‘Día D Económico’ es una cortina de humo ante la propia crisis de Estados Unidos: una deuda sin precedentes y costes de intereses disparados. Doblar la apuesta en políticas fallidas solo traerá más derrotas y la enemistad de los iraníes”, afirmó el jefe de la diplomacia iraní.
La respuesta de Teherán coincide con un momento en que la deuda pública estadounidense alcanzó un récord cercano a los US$40 billones, aumentando la presión política en Washington por el costo de su financiamiento.
Araqchi fue más allá y acusó a Washington de recurrir al “terrorismo económico”, asegurando que las medidas impulsadas por la Casa Blanca no afectan únicamente a Irán.
“El terrorismo económico de Estados Unidos amenaza la economía global y la soberanía en todo el mundo”, sostuvo.
El “Día D económico” de Trump
La reacción iraní se produjo horas después de que Trump anunciara lo que definió como la operación económica “más devastadora jamás emprendida contra país alguno”.
“Se tratará de una guerra económica y un aislamiento sin precedentes”, afirmó el mandatario estadounidense, quien bautizó personalmente la iniciativa como un “Día D económico”, en referencia al desembarco aliado en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial.
La ofensiva pretende cerrar las principales vías utilizadas por Irán para mantener sus operaciones comerciales y financieras pese a las sanciones internacionales. Trump mencionó específicamente el contrabando de petróleo, los mecanismos de intercambio financiero, las transferencias de efectivo, las casas de cambio, los registros internacionales de buques y las empresas utilizadas para eludir restricciones.
“Contrabando de petróleo, líneas de intercambio, transferencias de efectivo, casas de cambio, registros de buques, empresas fachada: todo esto debe terminar ahora. Sabéis quiénes sois”, advirtió.
El mandatario también amenazó con imponer fuertes consecuencias económicas a cualquier país que permita que bancos, empresas, aeropuertos u organismos estatales proporcionen apoyo financiero o logístico a Teherán.
La estrategia amplía así la presión más allá de las fronteras iraníes y busca elevar el costo para terceros países que continúen manteniendo relaciones económicas con la República Islámica.
Escalada tras el fracaso de las negociaciones
La nueva ofensiva económica se produce después del vencimiento del plazo de 60 días establecido en junio para avanzar hacia un entendimiento entre Washington y Teherán, en medio del conflicto que mantiene bajo fuerte tensión al Medio Oriente.
Las conversaciones no consiguieron resolver las principales diferencias. Estados Unidos exige restricciones al programa nuclear iraní y busca restablecer plenamente la navegación por el estrecho de Ormuz, mientras Teherán ha condicionado una normalización del tránsito marítimo al levantamiento de sanciones, el fin del bloqueo estadounidense y otras garantías.
Durante las últimas semanas, Washington ya había anticipado que endurecería considerablemente la presión financiera. Paralelamente, Estados Unidos ha mantenido su despliegue naval y sostiene que tiene capacidad para prolongar el bloqueo sobre Irán durante un periodo indefinido.
Trump había dado señales recientemente de privilegiar la presión económica sobre una nueva ofensiva militar de gran escala, apostando a que el deterioro de la economía iraní obligaría a Teherán a aceptar un acuerdo.
Ormuz, petróleo y presión internacional
Uno de los principales puntos de disputa continúa siendo el estrecho de Ormuz, paso estratégico para el comercio energético mundial y por donde, antes de la actual crisis, circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado internacionalmente.
El tránsito marítimo se ha reducido drásticamente como consecuencia del conflicto, las restricciones iraníes y las operaciones militares estadounidenses, generando repercusiones sobre los mercados internacionales de energía y aumentando la preocupación de los países del Golfo.
La Casa Blanca busca ahora combinar la presión naval con un cerco financiero destinado a dificultar las exportaciones iraníes de petróleo y cortar los mecanismos alternativos de financiamiento utilizados por Teherán.
Irán, en cambio, sostiene que la política estadounidense no conseguirá modificar su posición y advierte que el intento de extender las sanciones a empresas y países de terceros Estados puede tener consecuencias para el comercio internacional.
El choque entre Washington y Teherán entra así en una nueva fase, en la que la confrontación militar y la disputa por Ormuz se combinan con una estrategia estadounidense de asfixia financiera que Trump pretende convertir en el mayor aislamiento económico impuesto contra Irán.
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