
La detención en Bolivia del consultor político argentino Fernando Cerimedo abrió una discusión que excede las causas judiciales que enfrenta: el uso de redes coordinadas de cuentas digitales para intervenir en la conversación política.
Durante allanamientos realizados a propiedades vinculadas al estratega, la Fiscalía boliviana informó el hallazgo de una denominada “mini granja de bots”, cuyos equipos fueron incautados para ser sometidos a peritajes. Cerimedo se encuentra bajo prisión preventiva en Bolivia en el marco de distintas investigaciones judiciales.
El caso adquirió además repercusión en Chile después de que la excandidata presidencial Evelyn Matthei volviera a cuestionar el uso de cuentas coordinadas y campañas de hostigamiento durante la contienda electoral de 2025. El Presidente José Antonio Kast reconoció hoy en Cooperativa conocer a Cerimedo, aunque negó que este haya trabajado formalmente en sus campañas.
Pero, más allá de las controversias particulares, ¿qué es realmente una granja de bots y hasta qué punto puede influir en política?
Una operación coordinada que busca parecer espontánea
Guillermo Bustamante, académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes, explica que las granjas de bots corresponden a operaciones coordinadas y organizadas desde las cuales se controlan múltiples cuentas en distintas redes sociales.
Estas cuentas no necesariamente funcionan todas de manera automática.
Pueden estar programadas para ejecutar determinadas acciones sin intervención permanente de una persona, funcionar mediante modelos híbridos en que una orden humana activa una serie de comportamientos, o incluso ser perfiles administrados directamente por personas que manejan numerosas identidades digitales al mismo tiempo.
El elemento central es otro: hacer que una operación organizada parezca una reacción espontánea de usuarios reales.
“Estas operaciones pueden utilizarse para amplificar mensajes, hostigar a personas específicas o manipular la visibilidad de determinados temas políticos”, explica Bustamante.
Así, decenas, cientos o miles de cuentas pueden repetir simultáneamente una consigna, compartir una publicación, atacar a una determinada persona o instalar una etiqueta hasta conseguir que un determinado contenido alcance mayor circulación.
La inteligencia artificial facilita la operación
La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha disminuido además algunas de las barreras necesarias para construir estas redes.
Según Bustamante, hoy resulta más sencillo generar cuentas y producir contenidos diferenciados de manera masiva.
Esto permite que una operación deje de depender solamente de mensajes idénticos repetidos por cientos de perfiles —una conducta relativamente fácil de detectar— y pueda generar textos distintos, respuestas aparentemente naturales, imágenes y publicaciones adaptadas a determinados públicos.
El resultado puede dificultar que un usuario común distinga entre una conversación genuina y otra artificialmente amplificada.
La batalla por los algoritmos
La capacidad de una granja de bots para influir no depende solamente de la cantidad de cuentas que controla.
Las propias características de las plataformas digitales pueden multiplicar sus efectos.
Los algoritmos de las redes sociales seleccionan y recomiendan contenidos de acuerdo con múltiples variables, entre ellas los intereses anteriores de los usuarios, sus interacciones y aquello que está generando actividad en un determinado momento.
Esto puede producir los denominados “filtros burbuja”, espacios en los que las personas reciben predominantemente información y opiniones compatibles con sus preferencias previas.
Dentro de ese ecosistema, una operación coordinada puede intentar saturar determinados espacios.
“Si muchas cuentas hablan de lo mismo o repiten un mensaje, este puede alcanzar a más personas y dar la sensación de que es mucho más relevante”, sostiene Bustamante.
El problema es especialmente delicado en política.
La cantidad de publicaciones o interacciones que obtiene una posición determinada puede terminar confundiéndose con el apoyo real que esa idea posee en la sociedad.
Cuando la operación salta de las redes a los medios
Existe además un segundo efecto.
Una campaña que consigue instalar artificialmente un tema en una plataforma puede llamar posteriormente la atención de periodistas y medios de comunicación.
El asunto comienza entonces a circular fuera de la red social donde nació.
Bustamante advierte que, cuando esto ocurre, aparece una dificultad adicional para los medios: determinar si aquello que parece ocupar el centro de la conversación digital representa efectivamente una preocupación de la opinión pública o es consecuencia de una operación coordinada.
Ese salto entre redes sociales y medios tradicionales puede potenciar considerablemente el alcance de una campaña.
Una narrativa inicialmente impulsada por un número limitado de operadores podría terminar siendo comentada en televisión, radio, prensa escrita y portales digitales, obteniendo una visibilidad muy superior a la que habría alcanzado orgánicamente.
¿Pueden cambiar una elección?
Las granjas de bots pueden alterar la visibilidad y percepción de determinados mensajes, pero eso no significa que exista una relación automática entre cantidad de bots y votos.
Su influencia puede operar de maneras menos directas: convertir un asunto marginal en tendencia, instalar dudas sobre un adversario, aumentar artificialmente la percepción de rechazo o apoyo, acosar a determinados actores y modificar aquello que periodistas, dirigentes y ciudadanos entienden como relevante.
También pueden producir un fenómeno difícil de medir: hacer creer a una persona que una determinada opinión es ampliamente mayoritaria cuando en realidad parte importante de esa conversación proviene de cuentas coordinadas.
Por eso, más que fabricar votos directamente, pueden contribuir a alterar el ambiente informativo en el que los ciudadanos forman sus opiniones.
La responsabilidad de las plataformas
Las principales redes sociales llevan años eliminando cuentas cuando identifican comportamientos automatizados o incompatibles con el funcionamiento humano.
Entre las señales se encuentran volúmenes extraordinariamente altos de publicaciones o interacciones realizadas en períodos muy breves y patrones idénticos entre numerosos perfiles.
Pero el problema evoluciona.
Para Bustamante, las empresas propietarias de las plataformas deben avanzar hacia mecanismos capaces de garantizar espacios digitales más seguros frente a operaciones coordinadas de este tipo.
El desafío ya no consiste solamente en detectar una cuenta que publica cientos de veces por minuto.
Con inteligencia artificial, automatización y operadores humanos trabajando conjuntamente, las redes pueden adoptar comportamientos cada vez más parecidos a los de usuarios auténticos.
La discusión que deja el caso Cerimedo apunta así a un problema bastante mayor: cómo distinguir una conversación política genuina de otra artificialmente amplificada y quién debe asumir la responsabilidad cuando esa frontera comienza a desaparecer.
La entrada Granjas de bots: cómo operan y por qué pueden alterar la conversación política se publicó primero en El Periodista.

