
El brote de ébola que golpea a República Democrática del Congo (RDC) superó los 6.600 casos confirmados y dejó más de 3.200 fallecidos desde su declaración a mediados de mayo, convirtiéndose en la epidemia de esta enfermedad más mortífera registrada hasta ahora en el país africano.
El último balance sanitario eleva a 6.686 los contagios confirmados, de los cuales 3.226 terminaron con la muerte de los pacientes. Otras 1.563 personas se han recuperado, mientras que la tasa de letalidad se sitúa en 48,3%.
La emergencia continúa ejerciendo una fuerte presión sobre el sistema sanitario congoleño. Actualmente, 819 pacientes permanecen aislados u hospitalizados, mientras que el seguimiento de las personas que estuvieron en contacto con casos confirmados alcanza al 85,3%.
La provincia de Ituri permanece como el principal foco de la epidemia. En total, seis provincias han registrado contagios: Ituri, Kivu Norte, Kivu Sur, Alto Uélé, Bajo Uélé y Tshopo.
La evolución, sin embargo, es desigual. Kivu Sur acumula 97 días sin nuevos casos confirmados, una señal favorable para contener la transmisión en esa zona. En Kivu Norte, en cambio, se declaró una nueva zona sanitaria afectada, lo que mantiene la preocupación por la expansión territorial del virus.
Durante las últimas 24 horas se informó además de la recuperación de otros 15 pacientes. Paralelamente, se mantienen las operaciones de vigilancia epidemiológica, atención de enfermos, aislamiento de casos y prevención en las comunidades expuestas.
Un país marcado por sucesivos brotes
República Democrática del Congo posee una larga experiencia enfrentando el ébola. El país ha sufrido más de una docena de brotes desde que el virus fue identificado en 1976, cuando una de las primeras epidemias conocidas tuvo como epicentro la localidad de Yambuku, próxima al río Ébola, que posteriormente dio nombre a la enfermedad.
El actual episodio ocurre menos de un año después de que las autoridades congoleñas declararan, en diciembre de 2025, el término de otro brote registrado en la provincia de Kasai.
Entre los antecedentes más graves se encuentra la epidemia que comenzó en 2018 en el este de RDC y se prolongó hasta 2020, en medio de serias dificultades para desplegar equipos médicos debido a la violencia de grupos armados, la movilidad de la población y la desconfianza hacia las autoridades sanitarias.
A escala internacional, la mayor epidemia de ébola registrada sigue siendo la que afectó principalmente a Guinea, Liberia y Sierra Leona entre 2014 y 2016, que causó más de 28.000 contagios y alrededor de 11.000 muertes.
El ébola es una enfermedad viral grave que puede transmitirse mediante el contacto directo con sangre y otros fluidos corporales de personas infectadas, así como a través de materiales contaminados. La detección rápida de los casos, el aislamiento, el rastreo de contactos y la vacunación de las poblaciones expuestas son herramientas fundamentales para cortar las cadenas de transmisión.
La magnitud alcanzada por el actual brote vuelve a situar a RDC ante uno de sus mayores desafíos sanitarios de las últimas décadas, especialmente por la extensión de la epidemia a seis provincias y la elevada mortalidad registrada desde mayo.
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