
China llamó este lunes a Estados Unidos e Irán a privilegiar la diplomacia y evitar una nueva confrontación militar en Medio Oriente, en medio de las tensiones regionales y los esfuerzos por reactivar los contactos políticos entre Washington y Teherán.
El ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, transmitió esta posición durante una conversación con el subsecretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Ali Baqeri Kani, a quien manifestó que el diálogo y la negociación constituyen la única vía sostenible para resolver las diferencias.
El jefe de la diplomacia china advirtió que los enfrentamientos en Medio Oriente se han prolongado y extendido a otras regiones, aumentando los riesgos para la seguridad internacional y la estabilidad económica.
En ese contexto, sostuvo que las partes deben actuar con responsabilidad y avanzar hacia una solución política, en lugar de recurrir nuevamente a las operaciones militares.
Pekín insistió en que la comunidad internacional debe concentrar sus esfuerzos en reducir las tensiones, respaldar las iniciativas diplomáticas y evitar decisiones que puedan desencadenar una nueva fase del conflicto.
China reafirma su respaldo a Irán
Durante la conversación, Wang Yi destacó la continuidad de las relaciones estratégicas entre China e Irán, pese al deterioro del escenario internacional.
El canciller aseguró que Pekín continuará respaldando a Teherán en la defensa de su soberanía, seguridad e integridad territorial, aunque reiteró que las diferencias regionales deben resolverse mediante mecanismos políticos.
China considera que su relación con Irán responde tanto a los intereses bilaterales como a la cooperación entre los países del denominado Sur Global.
Por su parte, Baqeri Kani reafirmó que Irán defenderá su territorio frente a eventuales amenazas externas y rechazará cualquier intento de imposición mediante la fuerza.
No obstante, manifestó la disposición de Teherán a mantener conversaciones con otras partes para contribuir a la estabilidad regional.
El antecedente de los ataques de EEUU e Israel
El llamado chino se produce en un escenario marcado por las consecuencias de la confrontación militar iniciada el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra objetivos iraníes, desencadenando una nueva etapa de hostilidades en Medio Oriente.
La crisis profundizó la rivalidad entre Washington y Teherán, afectó la seguridad regional y elevó la preocupación internacional por el suministro energético.
Uno de los principales focos de tensión ha sido el estrecho de Ormuz, paso estratégico para el transporte marítimo de petróleo y gas, cuya seguridad resulta fundamental para los mercados internacionales.
La posibilidad de nuevas interrupciones en esa ruta ha incrementado la incertidumbre sobre los precios de los combustibles, el comercio y las cadenas de suministro.
En paralelo, las advertencias de las autoridades iraníes sobre una eventual respuesta a nuevos ataques han mantenido abierta la posibilidad de otra escalada militar.
Irán plantea reabrir Ormuz en 48 horas
La ofensiva diplomática de China coincide con una nueva propuesta iraní para destrabar las conversaciones con Estados Unidos.
Este lunes, Teherán planteó que podría restablecer la navegación por el estrecho de Ormuz y reactivar las negociaciones en un plazo de 48 horas, siempre que Washington acepte determinadas condiciones, entre ellas el levantamiento del bloqueo de los puertos iraníes y de las restricciones petroleras.
La propuesta representa una reducción significativa respecto del plazo de siete días contemplado anteriormente por Irán. Sin embargo, hasta ahora no existe confirmación de que Estados Unidos haya aceptado sus exigencias.
Los contactos indirectos desarrollados en Qatar concluyeron sin un acuerdo definitivo, aunque las gestiones diplomáticas continúan.
Pekín busca ampliar su protagonismo diplomático
La iniciativa china también forma parte de una estrategia más amplia para fortalecer su influencia política en Medio Oriente.
Durante la jornada, el presidente Xi Jinping abordó la situación regional con el sultán de Omán, Haitham bin Tariq, y advirtió sobre el riesgo de convertir la región en un escenario de confrontación entre las grandes potencias.
Además, China anunció que enviará durante noviembre a un representante especial a Irán, Omán y Arabia Saudita, con el objetivo de impulsar nuevas gestiones de distensión.
La participación de Omán resulta especialmente relevante por su papel en los contactos diplomáticos entre Washington y Teherán.
Para Pekín, evitar una nueva guerra no solo responde a sus intereses políticos, sino también a la necesidad de proteger las rutas comerciales y el abastecimiento energético internacional.
La posición china combina así dos objetivos: mantener su respaldo estratégico a Irán y promover una salida negociada que impida una mayor desestabilización de Medio Oriente.
El principal interrogante sigue siendo si Washington y Teherán estarán dispuestos a transformar los actuales contactos diplomáticos en compromisos concretos, en un escenario donde persisten las amenazas militares y las profundas diferencias sobre seguridad, sanciones y el programa nuclear iraní.
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