
El gerente general de Camanchaca y presidente del Chilean Salmon Marketing Council, Ricardo García Holtz, cuestionó duramente un articulo publicado en The New York Times que se refiere a los efectos de las pesquerías destinadas a producir harina y aceite de pescado para la alimentación del salmón cultivado.
En una columna publicada en LinkedIn el 21 de octubre, titulada Derribemos mitos sobre el salmón, el ejecutivo calificó de “difamatorio” el tratamiento del tema y rechazó los cuestionamientos que relacionan esta actividad con daños a los ecosistemas y a los pescadores artesanales.
Su respuesta combina una defensa de los cambios en las dietas de los salmones, antecedentes sobre las operaciones de Camanchaca y críticas contra los autores de las publicaciones y organizaciones ambientales extranjeras.
Menos harina de pescado en las dietas
Uno de los principales argumentos de García es que la alimentación del salmón cultivado ha cambiado considerablemente durante las últimas cuatro décadas.
Según explicó, las dietas dependían anteriormente en mayor medida de la harina y el aceite de pescado, mientras que hoy incorporan principalmente materias primas vegetales. En su exposición, situó la participación de la harina de pescado entre el 5% y el 8% del alimento.
El ejecutivo distinguió ese ingrediente del aceite de pescado, cuya sustitución consideró más compleja debido a su aporte de ácidos grasos omega-3, particularmente EPA y DHA.
También sostuvo que el aprovechamiento de cabezas, vísceras, colas y otros recortes permite producir ingredientes para alimentación animal a partir del procesamiento de peces destinados al consumo humano.
García afirmó que, en 2025, el 35% de la harina y el 57% del aceite de pescado producidos mundialmente provenían de subproductos.
Los resultados que destaca Camanchaca
Como ejemplo de los avances de la compañía, García señaló que en 2024 redujeron un 36% la cantidad de pescado silvestre necesaria para producir cada kilo de salmón.
La memoria anual de Salmones Camanchaca correspondiente a ese ejercicio informa una reducción del 36% en su indicador Fish In–Fish Out (FIFO), que llegó a 0,27. Este indicador mide la relación entre el pescado silvestre utilizado y el pescado cultivado producido, de acuerdo con la metodología aplicada por la empresa.
En su respuesta, el ejecutivo agregó que durante 2025 la gran mayoría del jurel de Camanchaca se destinó al consumo humano directo y que los recortes de ese procesamiento fueron transformados en harina y aceite en su planta de Coronel.
Respecto de la anchoveta del norte, aseguró que la compañía compra sus capturas a pescadores artesanales y que el aceite obtenido se destina principalmente a productos para consumo humano, como cápsulas de omega-3.
Su cálculo sobre la conversión de alimento
García también presentó un ejercicio para explicar el uso de ingredientes marinos en la salmonicultura.
Según sus cálculos, de 100 kilos de sardina y anchoveta se obtienen entre 26 y 28 kilos de harina y aceite. Estos ingredientes, combinados con otras materias primas, permitirían elaborar aproximadamente 180 kilos de alimento para salmones y obtener unos 155 kilos de salmón.
A partir de esa relación, sostuvo que la actividad genera un volumen de salmón un 55% superior al de las sardinas y anchovetas utilizadas.
El ejemplo, sin embargo, incorpora otros ingredientes en la elaboración del alimento. Por ello, compara el peso del pescado silvestre empleado con el del salmón obtenido, y no constituye por sí solo una medición integral de eficiencia nutricional o impacto ambiental.
La explicación sobre el color del salmón
El ejecutivo dedicó además parte de su respuesta al color anaranjado de la carne del salmón.
Explicó que los ejemplares silvestres obtienen esa pigmentación a través de su alimentación, incluidos los crustáceos, y que en los cultivos se incorpora astaxantina al alimento.
García rechazó que este procedimiento deba describirse como “pintar” el músculo del pez y defendió la incorporación del carotenoide como parte de la dieta del animal.
En términos generales, sostuvo que el salmón aporta proteínas de alta calidad y omega-3, y defendió su cultivo como una alternativa para aumentar la disponibilidad de alimentos del mar. Al mismo tiempo, reconoció que los recursos marinos son finitos y que la industria debe continuar innovando para utilizarlos con prudencia.
Acusaciones contra organizaciones extranjeras
El tramo más confrontacional de la respuesta apunta a los autores de las publicaciones y a entidades extranjeras.
García los calificó de “ignorantes o malintencionados” y atribuyó los cuestionamientos a organizaciones que, según su interpretación, buscan impedir actividades productivas en la Patagonia. También mencionó a la organización de David y Lucy Packard.
La respuesta instala nuevamente la discusión sobre el origen de los ingredientes utilizados por la salmonicultura, su relación con las pesquerías y los límites de los indicadores empleados para evaluar su sostenibilidad.
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