
El Gobierno de Brasil anunció un nuevo paquete de inversiones destinado a reforzar la capacidad nacional en Inteligencia Artificial (IA), cuyo principal proyecto será la adquisición de un supercomputador de aproximadamente US$192,5 millones que se instalará en la región noreste del país.
La nueva infraestructura será adquirida mediante una convocatoria pública y se espera que entre en funcionamiento hacia fines de 2027. El equipo tendrá una capacidad cercana a los 7,2 quintillones de operaciones matemáticas por segundo, lo que situaría a Brasil entre los países latinoamericanos con mayor infraestructura computacional destinada al entrenamiento de modelos avanzados de IA.
El supercomputador tendrá alcance nacional y podrá ser utilizado por empresas, universidades, centros científicos y organismos gubernamentales para desarrollar investigaciones, entrenar modelos de lenguaje y crear aplicaciones basadas en Inteligencia Artificial.
La decisión busca enfrentar una de las principales limitaciones que actualmente tiene Brasil en este sector: la necesidad de contratar capacidad de procesamiento en centros de datos ubicados en el extranjero para realizar proyectos de gran escala.
Esa dependencia implica que investigadores y compañías brasileñas están sujetos a la disponibilidad, los precios y las condiciones impuestas por grandes proveedores internacionales de infraestructura tecnológica.
Supercomputador en el noreste
El nuevo equipo será instalado en instalaciones vinculadas a la Universidad Federal de Rio Grande do Norte, una elección que responde tanto a la disponibilidad energética de la zona como al objetivo gubernamental de descentralizar la infraestructura tecnológica, tradicionalmente concentrada en las regiones sur y sudeste de Brasil.
El proyecto forma parte del Plan Brasileño de Inteligencia Artificial (PBIA), estrategia lanzada en 2024 que contempla alrededor de US$4.400 millones en inversiones hasta 2028 para infraestructura, capacitación, servicios públicos, innovación empresarial y gobernanza tecnológica.
Entre los objetivos del programa se encuentra desarrollar infraestructura nacional capaz de procesar grandes cantidades de información y permitir que Brasil genere sus propios modelos de IA, especialmente sistemas entrenados en portugués y con datos vinculados a la realidad social, económica y cultural del país.
El plan original ya contemplaba convertir al país en uno de los principales centros mundiales de supercomputación, incluyendo la modernización de equipos como el supercomputador Santos Dumont y la expansión de los centros regionales de procesamiento de alto desempeño.
Acuerdo con Huawei e iFlytek
Paralelamente, Brasil anunció otro proyecto de supercomputación que será desarrollado en Río de Janeiro mediante cooperación tecnológica con las compañías chinas Huawei e iFlytek.
La iniciativa considera aproximadamente US$245 millones de inversión durante cinco años y contempla que la infraestructura comience a operar en julio de 2027.
Uno de sus principales objetivos será desarrollar un modelo de lenguaje de gran escala adaptado al portugués brasileño, además de modelos especializados para sectores específicos de la economía y los servicios públicos.
El programa también contempla capacitación de profesionales y transferencia tecnológica, en momentos en que numerosos gobiernos buscan reducir su dependencia de los grandes modelos desarrollados por compañías estadounidenses y chinas.
En conjunto, las principales iniciativas anunciadas representan inversiones superiores a los US$440 millones solamente en infraestructura de supercomputación e Inteligencia Artificial.
Disputa tecnológica global
La estrategia brasileña ocurre en medio de una creciente competencia mundial por el control de los componentes esenciales para el desarrollo de Inteligencia Artificial.
Estados Unidos mantiene una posición dominante en procesadores avanzados utilizados para entrenar modelos de IA, mientras China ha acelerado durante los últimos años sus inversiones para desarrollar alternativas nacionales y reducir su dependencia de tecnologías estadounidenses.
Europa, países de Asia y economías de Medio Oriente también han destinado miles de millones de dólares a nuevos centros de datos y supercomputadores capaces de ejecutar modelos de gran escala.
Brasil busca posicionarse en ese escenario mediante una política que combina proveedores internacionales con desarrollo tecnológico local, intentando evitar una dependencia exclusiva de una potencia o compañía.
Dentro de esa estrategia, el Gobierno también impulsa una denominada “nube brasileña”, destinada a almacenar y procesar información sensible dentro del territorio nacional, además de centros especializados en transparencia algorítmica y evaluación de sistemas de Inteligencia Artificial.
Desarrollo de chips propios
El tercer componente de la estrategia es posiblemente el más ambicioso a largo plazo: desarrollar capacidad brasileña para diseñar chips.
El Gobierno trabaja con un horizonte de entre 10 y 15 años para reducir la dependencia de procesadores y arquitecturas controladas por un reducido número de compañías internacionales.
El proyecto estará basado en RISC-V, una arquitectura abierta para el diseño de procesadores que permite desarrollar y modificar componentes sin tener que pagar licencias asociadas a arquitecturas propietarias.
Brasil espera que esta tecnología permita fortalecer universidades, centros tecnológicos y empresas locales dedicadas al diseño de semiconductores.
La producción de chips se convirtió en uno de los principales campos de competencia económica y geopolítica mundial durante los últimos años, debido a que los procesadores avanzados son fundamentales no solamente para Inteligencia Artificial, sino también para telecomunicaciones, industria automotriz, sistemas de defensa, centros de datos y computación científica.
Con estas inversiones, Brasil pretende avanzar desde una posición principalmente consumidora de tecnología hacia una estrategia de mayor autonomía digital, creando infraestructura propia para procesar datos, desarrollar modelos de Inteligencia Artificial y, en el largo plazo, diseñar componentes fundamentales para la nueva economía tecnológica.
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