
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó este miércoles la presión sobre Irán al anunciar el inicio de lo que definió como “la operación económica más devastadora jamás emprendida” contra un país y una política de aislamiento destinada a cortar prácticamente todas las vías financieras y comerciales que todavía permiten a Teherán operar internacionalmente.
“Se tratará de una guerra económica y un aislamiento sin precedentes”, afirmó Trump, quien amenazó con aplicar “tremendas consecuencias económicas” contra cualquier Estado que permita que sus instituciones financieras, empresas, aeropuertos o entidades gubernamentales presten asistencia a Irán.
La advertencia apunta especialmente a los mecanismos utilizados durante años por Teherán para eludir las sanciones internacionales, entre ellos el contrabando de petróleo, transferencias de efectivo, operaciones mediante casas de cambio, inscripción de embarcaciones bajo banderas extranjeras y utilización de sociedades de fachada.
“Todo esto debe terminar ahora. Sabéis quiénes sois”, sostuvo Trump.
El mandatario estadounidense bautizó su nueva ofensiva como un “día D económico”, en referencia al desembarco aliado en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial, y llamó a los aliados de Washington a participar activamente en el aislamiento de Irán.
“Necesitamos que todos nuestros aliados se unan a Estados Unidos para aislar y derrotar la amenaza iraní”, afirmó.
Trump aseguró además que las nuevas medidas pretenden debilitar la capacidad financiera del Gobierno iraní y reiteró uno de los principales objetivos de Washington en la crisis: impedir que Teherán pueda desarrollar armamento nuclear.
“Irán nunca tendrá un arma nuclear”, sentenció.
Presión sobre el petróleo y la denominada “flota fantasma”
La nueva ofensiva profundiza una estrategia que Washington viene aplicando durante los últimos meses contra la principal fuente de ingresos externos de Irán: sus exportaciones de petróleo.
Estados Unidos ha sancionado decenas de empresas, operadores navieros y embarcaciones vinculadas a la denominada “flota fantasma” iraní, una red utilizada para transportar crudo mediante cambios de bandera, intermediarios, transferencias entre barcos y compañías registradas en diferentes jurisdicciones.
En abril, Washington amplió sus medidas contra una importante refinería independiente china y cerca de 40 empresas navieras y buques, acusados de participar en el comercio petrolero iraní. Las autoridades estadounidenses sostienen que algunas refinerías asiáticas han comprado petróleo de Irán por miles de millones de dólares pese a las restricciones existentes.
A fines de julio, Estados Unidos también impuso sanciones contra empresas relacionadas con un sistema de seguros marítimos utilizado por embarcaciones que atraviesan el estrecho de Ormuz, incluyendo mecanismos de pago mediante activos digitales para evitar el sistema financiero tradicional.
El estrecho de Ormuz en el centro de la crisis
La escalada económica se produce mientras continúa la disputa por el estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos estratégicos más importantes del planeta y ruta habitual de alrededor de una quinta parte del petróleo y gas natural licuado comercializado internacionalmente.
Teherán ha condicionado la normalización del tránsito marítimo al levantamiento del bloqueo estadounidense sobre sus puertos, la eliminación de sanciones petroleras, la liberación de activos iraníes congelados en el extranjero y el término de las operaciones militares de Washington.
Las negociaciones iniciadas anteriormente entre Washington y Teherán contemplaban un plazo de 60 días para alcanzar un entendimiento más amplio sobre el programa nuclear iraní y las condiciones de navegación en Ormuz, pero ese periodo expiró sin un acuerdo definitivo.
La incertidumbre en una vía fundamental para el abastecimiento energético mundial continúa teniendo efectos sobre los mercados. El petróleo Brent se situaba este jueves en torno a US$91,87 por barril, mientras el West Texas Intermediate (WTI) operaba alrededor de US$85,81, después de varias jornadas consecutivas de alzas.
Emiratos Árabes Unidos corta operaciones con Irán
La presión estadounidense coincide además con un nuevo deterioro de las relaciones entre Irán y Emiratos Árabes Unidos (EAU), uno de los centros comerciales y financieros más importantes de Medio Oriente.
Abu Dabi suspendió las transacciones comerciales y financieras con Teherán después de denunciar el lanzamiento de misiles iraníes contra objetivos vinculados al tráfico marítimo. Irán negó la acusación.
La medida resulta especialmente significativa porque Emiratos Árabes Unidos ha funcionado históricamente como uno de los principales centros regionales para el intercambio comercial iraní y como plataforma para operaciones de importación, exportación y transferencia de capitales.
La decisión podría facilitar los planes de Washington para aislar económicamente a Teherán, aunque también supone riesgos para Dubai, cuyo sistema financiero y comercial ha mantenido durante décadas estrechos vínculos empresariales con Irán.
Una estrategia destinada a asfixiar financieramente a Teherán
La declaración de Trump representa un nuevo paso en una estrategia estadounidense que combina presión militar, bloqueo marítimo, sanciones financieras y restricciones sobre las exportaciones energéticas iraníes.
El objetivo inmediato de Washington es impedir que Teherán pueda utilizar intermediarios internacionales para acceder a divisas y financiar importaciones, operaciones gubernamentales y programas militares.
La advertencia de Trump amplía ahora esa presión hacia terceros países: no solo quedarían expuestas las empresas directamente vinculadas con Irán, sino también gobiernos, bancos, aeropuertos, navieras y otras instituciones que Washington considere responsables de proporcionar una “línea de vida” económica a la República Islámica.
El anuncio abre así una nueva fase del enfrentamiento entre ambos países y aumenta el riesgo de sanciones secundarias contra Estados y compañías extranjeras, en momentos en que el conflicto alrededor de Irán y del estrecho de Ormuz mantiene elevada la incertidumbre energética y geopolítica en Medio Oriente.
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