
El número de personas muertas en Líbano desde el inicio de la ofensiva israelí en marzo aumentó a 4.348, mientras que otras 12.307 han resultado heridas, en medio de una campaña militar que continúa afectando principalmente al sur del país y que mantiene elevada la tensión en Medio Oriente.
Entre los fallecidos figuran 135 trabajadores del sector sanitario, mientras que otros 410 profesionales de la salud han resultado heridos desde el comienzo de las hostilidades.
Las mayores cifras de víctimas se concentran en las gobernaciones de Líbano Sur, Monte Líbano y Nabatiyé, además de Beirut. También se han registrado fallecidos en Baalbek-Hermel y en el valle de la Becá.
El impacto sobre la infraestructura sanitaria también ha sido considerable. Un total de 130 personas han muerto en ambulancias, en su mayoría trabajadores de la salud, mientras que 17 hospitales han sufrido daños y tres permanecen cerrados como consecuencia de la ofensiva.
La cifra supone un nuevo incremento frente al balance publicado a fines de junio. El 30 de ese mes, El Periodista informó que las autoridades libanesas contabilizaban 4.278 muertos y 12.196 heridos desde marzo.
Un alto el fuego que no ha detenido los ataques
La escalada continúa pese al entendimiento alcanzado el 26 de junio entre Líbano e Israel, con mediación de Estados Unidos, que estableció las bases para poner fin progresivamente al conflicto.
El acuerdo contempla el despliegue del Ejército libanés en áreas del sur, el retiro gradual de las fuerzas israelíes y el desarme de grupos armados no estatales, principalmente Hezbolá. Washington anunció además US$100 millones en asistencia humanitaria para Líbano.
Hezbolá, sin embargo, ha rechazado entregar sus armas mientras Israel mantenga tropas en territorio libanés. Israel sostiene, por su parte, que no completará su retirada hasta que el movimiento chií sea desarmado y deje de representar una amenaza para su territorio.
Las posiciones contrapuestas han complicado la aplicación del acuerdo y mantienen abierto un escenario de enfrentamientos recurrentes.
Como parte del mecanismo pactado, Líbano e Israel han trabajado en la creación de “zonas piloto” donde las tropas israelíes deberían retirarse y entregar el control al Ejército libanés, mientras se verifica la ausencia de armamento de Hezbolá. La puesta en práctica del sistema ha enfrentado dificultades políticas y operacionales.
Bombardeos han continuado durante agosto
Los ataques israelíes no se han detenido durante las últimas semanas. El Periodista informó el 11 de agosto sobre nuevos bombardeos contra localidades del sur de Líbano, pese a la vigencia del alto el fuego.
Previamente, Israel había ordenado la evacuación de la localidad de Al Mansuri y había anunciado la destrucción de un túnel atribuido a Hezbolá cerca de una posición de Naciones Unidas.
El pasado 15 de agosto, una nueva serie de ataques israelíes contra el sur de Líbano dejó al menos 11 muertos, incluidos civiles y menores, en una de las jornadas más letales desde que comenzó la actual tregua. Israel aseguró entonces que una de las operaciones tenía como objetivo a un comandante de Hezbolá.
Este miércoles, las fuerzas israelíes volvieron a bombardear sectores del distrito de Nabatiyé, argumentando que sus operaciones buscan destruir infraestructura militar de Hezbolá.
La continuidad de los ataques y la ausencia de avances definitivos sobre el desarme del grupo chií mantienen en suspenso la posibilidad de transformar el acuerdo de junio en un alto el fuego permanente, mientras el número de víctimas continúa aumentando en uno de los principales frentes abiertos de la crisis en Medio Oriente.
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