
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acusó este viernes a los demócratas y a sectores de la izquierda estadounidense de preferir una derrota de su país en la guerra contra Irán antes que permitir que su Administración pueda atribuirse una victoria militar.
“Los lunáticos de la izquierda radical, los tontócratas y los comunistas preferirían que perdiéramos la guerra en Irán antes que el presidente Donald Trump ganara la guerra para Estados Unidos”, escribió el mandatario en sus redes sociales.
Trump fue más allá y aseguró que sus adversarios políticos “prefieren que perdiéramos a que ganáramos”, atribuyendo esa posición a lo que volvió a denominar como el “síndrome anti-Trump”.
Las declaraciones se producen cuando el conflicto abierto el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán ya superó los seis meses y atraviesa una etapa caracterizada por ataques intermitentes, represalias iraníes y negociaciones sin resultados definitivos.
La confrontación se ha transformado además en un problema político interno para la Casa Blanca a sólo dos meses de las elecciones legislativas de noviembre.
Una encuesta difundida este viernes muestra que apenas un 25% de los estadounidenses considera que la guerra con Irán ha valido la pena, en momentos en que la Administración intenta evitar que el conflicto se convierta en uno de los ejes centrales de la campaña para las elecciones de medio término.
Seis meses de guerra y una factura creciente
La intervención estadounidense ha incluido ataques aéreos contra instalaciones militares y nucleares iraníes, operaciones navales en el golfo Pérsico y una campaña destinada a restringir las exportaciones energéticas y las vías de financiamiento de Teherán.
Trump ha defendido reiteradamente que la ofensiva logró degradar significativamente el programa nuclear iraní y ha descartado, hasta ahora, desplegar fuerzas terrestres a gran escala.
El propio mandatario calificó este viernes el conflicto como un asunto de dimensiones relativamente limitadas y señaló que ha costado más de US$37.500 millones a Estados Unidos. Dieciocho militares estadounidenses han muerto desde el inicio de las operaciones.
Los demócratas, sin embargo, manejan cálculos considerablemente superiores. El presidente del Comité Nacional Demócrata, Ken Martin, sostuvo al cumplirse seis meses de guerra que el costo acumulado podría alcanzar los US$100.000 millones y responsabilizó al Gobierno por el impacto del conflicto en los precios de combustibles y alimentos.
La guerra también ha afectado la navegación y el comercio energético en el estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes del planeta para el transporte de petróleo y gas. Washington ha reforzado allí su presencia naval mientras Irán mantiene la amenaza de utilizar la vía marítima como instrumento de presión.
En los últimos días volvió a aumentar la tensión después de que fuerzas estadounidenses destruyeran lanzadores iraníes instalados en la isla de Larek, operación que puso fin a cerca de un mes de relativa calma y abrió un nuevo ciclo de represalias. Paralelamente, los contactos diplomáticos continúan sin conseguir un acuerdo que permita estabilizar la región.
La guerra entra en la campaña electoral
El conflicto con Irán se ha convertido progresivamente en una de las principales vulnerabilidades políticas de Trump de cara a las elecciones legislativas de noviembre, en las que los republicanos intentarán conservar sus estrechas mayorías en el Congreso.
Desde el Partido Demócrata han acusado a la Casa Blanca de haber iniciado una “guerra de elección” sin una estrategia clara para terminarla y de haber subestimado sus consecuencias económicas y militares.
La Administración, en cambio, sostiene que las operaciones han debilitado de manera decisiva las capacidades militares y nucleares iraníes y que cualquier eventual acuerdo deberá garantizar que Teherán no pueda reconstruirlas.
El vicepresidente JD Vance incluso ha rechazado definir el enfrentamiento como una guerra convencional, argumentando que las principales operaciones militares se concentraron durante las primeras semanas del conflicto.
La disputa semántica refleja también el intento de la Casa Blanca por reducir el costo político de una intervención que inicialmente fue presentada como una campaña breve, pero que ya se extiende por más de medio año.
Con las negociaciones estancadas y sin una fecha clara para el término de las hostilidades, Trump busca ahora convertir las críticas demócratas a la guerra en un argumento electoral: presentar cualquier cuestionamiento a la estrategia de Washington como una falta de respaldo a una eventual victoria estadounidense en Medio Oriente.
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