
La ofensiva del alcalde Sebastián Sichel para evitar que los colegios municipales de Ñuñoa sean traspasados al Servicio Local de Educación Pública (SLEP) La Quebrada enfrenta ahora una incómoda contradicción: el Liceo Augusto D’Halmar, uno de los establecimientos que el jefe comunal ha utilizado como principal ejemplo para defender la continuidad de la administración municipal, inició un paro indefinido por graves deficiencias de infraestructura y condiciones de funcionamiento.
La movilización fue aprobada el viernes pasado por el 89,1% de los estudiantes que participaron en la votación, equivalente a 672 votos, y comenzó este lunes bajo la modalidad de “paro de lápices”.
El episodio golpea directamente uno de los argumentos centrales de Sichel para resistirse al traspaso de los establecimientos de la comuna al nuevo sistema de educación pública.
Hace algunos meses, el alcalde planteó públicamente: “A mí demuéstrenme por qué el Liceo Augusto D’Halmar estará mejor en el SLEP”.
Hoy son precisamente los estudiantes de ese liceo quienes cuestionan las condiciones en que funciona el establecimiento bajo la actual administración.
El liceo símbolo de Sichel entra en conflicto
El Centro de Estudiantes y el Consejo de Delegados de Curso expresaron su “profundo descontento” tanto con la dirección del establecimiento como con la respuesta entregada a sus demandas.
“Consideramos fundamental que las opiniones, demandas y decisiones de los estudiantes sean escuchadas y tomadas en cuenta dentro de nuestra comunidad educativa”, señalaron en una declaración conjunta.
El petitorio fue presentado a fines de julio a la dirección del liceo y a la Corporación de Desarrollo Social de Ñuñoa, organismo dependiente del municipio y responsable de la administración de los establecimientos educacionales.
Los estudiantes dieron inicialmente un plazo de cinco días para obtener respuestas concretas. Tras considerar insuficiente la reacción de las autoridades, optaron por paralizar sus actividades.
Desde el municipio han intentado restar impacto a la protesta, señalando que durante la primera jornada la movilización fue acotada, que hubo clases y que se registró una asistencia importante de alumnos.
Sin embargo, el alto respaldo obtenido por el paro revela un nivel de malestar difícil de conciliar con la imagen de normalidad y excelencia que la administración de Sichel ha utilizado para justificar su negativa a incorporarse al SLEP.
Filtraciones, inundaciones y problemas eléctricos
Las demandas estudiantiles se concentran principalmente en deficiencias materiales que, según denuncian, no son recientes.
Una de las principales exigencias apunta a las filtraciones e inundaciones en el pabellón de Lenguaje, situación que los estudiantes califican como un problema estructural mantenido durante un período prolongado.
También reclaman la revisión y reparación completa de la red eléctrica del establecimiento.
Según el petitorio, durante 2026 se han producido fallas e interrupciones reiteradas del suministro pese a trabajos de renovación realizados anteriormente.
Los alumnos también denuncian problemas en baños y camarines, entre ellos filtraciones, inundaciones, hoyos y otras deficiencias vinculadas con la seguridad, higiene y funcionamiento de las instalaciones.
A ello se suman goteras y filtraciones en espacios comunes, falta de materiales para talleres y cuestionamientos sobre transparencia y rendición de cuentas de la administración del establecimiento.
Una situación advertida antes del paro
El malestar no comenzó esta semana.
El 21 de julio, en medio de las intensas lluvias que afectaron a Santiago, los estudiantes ya habían advertido sobre el estado de la infraestructura.
En esa oportunidad denunciaron que la biblioteca y cuatro salas de clases se inundaron.
También cuestionaron que las autoridades no hayan implementado soluciones definitivas pese a que los problemas serían conocidos desde hace varios años.
“Consideramos irresponsable que, siendo una realidad conocida y considerando que los sistemas frontales y los períodos de lluvia son situaciones previsibles en nuestro país, año tras año no se implementen medidas preventivas ni soluciones definitivas”, señalaron entonces.
Miembros de la comunidad educativa han denunciado además otro problema persistente: una plaga de ratones que habría afectado al liceo durante los últimos años e incluso obligado en determinados momentos a suspender actividades.
El costo político para Sichel
El conflicto adquiere especial relevancia porque el Augusto D’Halmar ha sido uno de los principales activos comunicacionales utilizados por Sichel en su oposición al traspaso de la educación municipal.
El alcalde ha sostenido que los establecimientos con buenos resultados no deberían ser incorporados obligatoriamente a los Servicios Locales de Educación Pública y ha presentado a Ñuñoa como ejemplo de una gestión municipal que funcionaría adecuadamente.
El problema para esa tesis es que los buenos resultados académicos no eliminan la responsabilidad del sostenedor respecto de la infraestructura, seguridad, higiene y condiciones materiales en que estudian los alumnos.
La controversia fue recogida por el concejal Andrés Argandoña, del Frente Amplio, quien cuestionó abiertamente la gestión municipal.
“Los estudiantes de Ñuñoa siempre nos han hecho estar orgullosos de su desempeño. Tanto el alcalde Sichel como incluso el Presidente Kast lo capitalizaron al inaugurar juntos el año escolar en marzo. El alcalde llegó a decir, sobre el traspaso al SLEP, si ‘alguien cambiaría un modelo que está funcionando bien’. ¿El resultado? Goteras, una plaga de ratones que obligó a suspender clases, y ahora un paro indefinido apoyado por la amplia mayoría de los alumnos”, afirmó.
La paradoja del “modelo que funciona”
La situación deja instalada una pregunta incómoda para el municipio: si el Augusto D’Halmar representa efectivamente un modelo que funciona, ¿cómo se explica que sus propios estudiantes estén paralizados reclamando por problemas básicos de infraestructura?
La discusión cobra todavía mayor importancia porque, a partir del próximo 1 de enero, los establecimientos municipales de Ñuñoa deberían ser traspasados al SLEP La Quebrada.
Sichel se ha convertido en uno de los principales opositores a ese proceso y busca que la comuna pueda mantener el control de sus colegios.
El Gobierno, en paralelo, ha impulsado cambios al calendario de implementación de los SLEP que podrían extender hasta 2040 algunos traspasos y facilitar que determinados municipios continúen administrando sus establecimientos.
Pero mientras Sichel intenta demostrar que Ñuñoa no necesita un cambio de sostenedor, la protesta del Augusto D’Halmar expone una realidad menos favorable para su discurso: uno de sus establecimientos emblemáticos denuncia problemas de infraestructura que se arrastran desde hace años y que, según los propios estudiantes, siguen sin una solución definitiva.
El paro, por tanto, ya no constituye únicamente un conflicto entre alumnos y autoridades escolares. También se transforma en un cuestionamiento político a la gestión educacional de la administración Sichel y a la principal premisa con la que el alcalde pretende mantener los colegios bajo control municipal.
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