
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, volvió a endurecer este miércoles su discurso contra Irán y planteó abiertamente la necesidad de derrocar al régimen de la República Islámica, al que acusó de mantener sus ambiciones nucleares bajo el liderazgo de Mojtaba Jamenei.
Durante una ceremonia de graduación militar, el mandatario israelí aseguró que el nuevo líder supremo iraní ha decidido continuar la política de su padre y advirtió que Teherán estaría intentando nuevamente desarrollar armamento nuclear.
«El régimen de Irán aún no ha aprendido la lección. Mojtaba Jamenei, el tirano de turno, ha decidido seguir los pasos de su padre», afirmó Netanyahu ante los militares.
El jefe del Gobierno israelí sostuvo que Irán mantiene intacta su determinación de desarrollar armas de destrucción masiva y utilizó un lenguaje especialmente duro para describir sus supuestas intenciones.
Según Netanyahu, las autoridades iraníes han vuelto a impulsar esfuerzos para fabricar lo que denominó las «bombas de la muerte».
Sin embargo, las acusaciones sobre el desarrollo de armas nucleares requieren distinguir entre las capacidades del programa atómico iraní y la existencia de una decisión efectiva de fabricar una bomba, cuestión que no queda acreditada únicamente por las declaraciones del mandatario israelí.
Una orden dirigida al Ejército y a los servicios de inteligencia
Netanyahu fue más allá de las advertencias habituales y aseguró que la eliminación de la amenaza iraní pasa necesariamente por un cambio de régimen en Teherán.
«Hay que derrocar al régimen de Irán», sostuvo el primer ministro, quien presentó ese objetivo como una instrucción dirigida a las Fuerzas de Defensa de Israel, al Mossad y a los demás organismos de seguridad.
La declaración representa una formulación explícita de un objetivo político y estratégico que trasciende la contención militar del programa nuclear iraní.
No obstante, el mandatario no detalló las operaciones concretas que podrían ejecutarse para alcanzar ese propósito ni precisó si sus palabras implican una nueva ofensiva militar.
El jefe del Ejecutivo israelí también afirmó que Estados Unidos comparte la necesidad de completar las acciones contra el régimen iraní, aunque esa supuesta coincidencia no equivale, por sí sola, a la confirmación de un acuerdo operativo entre ambos gobiernos.
La tensión con Irán entra en la campaña electoral israelí
Las declaraciones se producen cuando falta apenas una semana para las elecciones israelíes, un escenario en el que la seguridad nacional y la confrontación con Irán vuelven a ocupar un lugar central.
Netanyahu ha construido una parte importante de su trayectoria política alrededor de la denuncia del programa nuclear iraní, al que considera una amenaza existencial para Israel.
Su discurso actual profundiza esa posición al sostener que la neutralización de instalaciones militares o nucleares resulta insuficiente mientras permanezca en el poder la estructura política de la República Islámica.
El planteamiento introduce una dimensión adicional al conflicto: ya no se trataría exclusivamente de impedir el desarrollo de armamento nuclear, sino de promover la desaparición del sistema de gobierno instaurado tras la Revolución Islámica de 1979.
Las amenazas anteriores de Israel
La nueva advertencia se suma a las declaraciones formuladas en septiembre por el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, quien aseguró que las Fuerzas Armadas actuarían sin restricciones ante un eventual ataque iraní.
En aquella oportunidad, Katz amenazó con devolver a Irán «a la Edad de Piedra» y atacar tanto infraestructura militar como civil.
Estas declaraciones provocan especial preocupación por sus posibles consecuencias humanitarias. El derecho internacional humanitario prohíbe los ataques deliberados contra la población civil y los bienes de carácter civil, incluso durante un conflicto armado.
Israel e Irán mantienen desde hace años una confrontación estratégica que ha incluido operaciones encubiertas, ciberataques, asesinatos atribuidos a servicios de inteligencia, acciones militares y enfrentamientos directos.
La disputa se ha concentrado especialmente en el programa nuclear iraní, el desarrollo de misiles balísticos y la influencia de Teherán sobre organizaciones armadas y actores políticos en distintos países de Medio Oriente.
El programa nuclear, en el centro de la disputa
El conflicto nuclear tiene uno de sus principales antecedentes en el acuerdo alcanzado en 2015 entre Irán y seis potencias internacionales, que estableció restricciones y mecanismos de verificación sobre las actividades atómicas iraníes a cambio del levantamiento de sanciones.
Sin embargo, Estados Unidos abandonó unilateralmente ese entendimiento en 2018, durante el primer mandato de Donald Trump, y restableció sanciones económicas contra Teherán.
Posteriormente, Irán fue ampliando sus actividades de enriquecimiento de uranio, lo que incrementó las preocupaciones internacionales sobre el carácter de su programa nuclear.
Las autoridades iraníes han defendido históricamente que sus actividades atómicas tienen fines pacíficos, mientras Israel sostiene que el desarrollo de determinadas capacidades nucleares representa un riesgo estratégico inaceptable.
El enriquecimiento de uranio a niveles elevados puede reducir el tiempo técnicamente necesario para obtener material apto para un arma nuclear, pero no demuestra automáticamente que exista una bomba construida o una orden política para fabricarla.
El riesgo de una nueva escalada en Medio Oriente
La insistencia de Netanyahu en derrocar al régimen iraní abre interrogantes sobre los próximos movimientos de Israel y las posibilidades de una nueva escalada regional.
Un intento de cambio de régimen mediante acciones militares podría ampliar el conflicto más allá del territorio iraní y afectar la seguridad de otros países de Medio Oriente, especialmente aquellos que albergan instalaciones militares estadounidenses o infraestructura energética estratégica.
También podría generar consecuencias sobre los mercados internacionales del petróleo, particularmente si las hostilidades comprometieran el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes para el comercio mundial de hidrocarburos.
Por ahora, las declaraciones de Netanyahu establecen un objetivo político inequívoco, pero no permiten determinar si Israel prepara una operación inmediata para ejecutarlo.
A pocos días de las elecciones israelíes, el primer ministro vuelve a situar la confrontación con Irán en el centro de su discurso, mientras crece la incertidumbre sobre el alcance que podría adquirir una estrategia orientada no solo a contener a Teherán, sino a provocar la caída de su gobierno.
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