
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, afirmó este miércoles 21 de octubre que su gobierno mantiene abierta la posibilidad de alcanzar un nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos, aunque advirtió que las negociaciones solamente podrán reanudarse cuando Washington demuestre una disposición genuina a encontrar soluciones equilibradas.
«Canadá sigue dispuesto a negociar un acuerdo justo cuando Estados Unidos esté listo para sentarse a la mesa de buena fe», declaró el mandatario desde la Colina del Parlamento, en Ottawa.
Las palabras de Carney constituyen una nueva señal de la tensión que atraviesan las relaciones entre ambos países, históricamente vinculados por uno de los intercambios comerciales más importantes del mundo.
Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, la relación bilateral ha experimentado un progresivo deterioro, principalmente por la imposición de nuevos aranceles, las diferencias sobre el acceso a los mercados y las exigencias estadounidenses en sectores considerados estratégicos.
El gobierno canadiense sostiene que cualquier entendimiento debe garantizar condiciones comerciales previsibles, proteger el empleo y preservar la capacidad del país para adoptar decisiones económicas independientes.
Una guerra comercial que se agravó en agosto
El conflicto alcanzó uno de sus momentos más críticos el pasado 21 de agosto, cuando fracasaron las negociaciones destinadas a evitar una nueva escalada arancelaria.
Tras el colapso de las conversaciones, Estados Unidos puso en marcha gravámenes del 50% sobre importaciones canadienses por aproximadamente US$20.000 millones, una medida que afectó a distintas actividades industriales y comerciales.
Canadá respondió anunciando represalias equivalentes, dirigidas principalmente a productos estadounidenses de los sectores siderúrgico, lácteo, electrodoméstico, maquinaria agrícola, celulosa, papel y electrónica.
La decisión marcó un cambio significativo en la estrategia de Ottawa, que hasta entonces había privilegiado las conversaciones diplomáticas para intentar contener el conflicto.
Carney justificó la suspensión de las negociaciones argumentando que las últimas exigencias estadounidenses resultaban económicamente perjudiciales y no ofrecían garantías suficientes para las empresas y trabajadores canadienses.
El mandatario también descartó aceptar condiciones que comprometieran la soberanía nacional, la protección de la cultura canadiense o la libertad de establecer nuevos acuerdos comerciales con otros países.
Dos economías profundamente interdependientes
La disputa tiene consecuencias que van mucho más allá de los aranceles.
Canadá y Estados Unidos mantienen cadenas productivas estrechamente integradas, especialmente en las industrias automotriz, energética, manufacturera y agroalimentaria.
Numerosos componentes industriales cruzan varias veces la frontera antes de convertirse en productos terminados, por lo que los nuevos impuestos comerciales pueden incrementar los costos de producción y afectar la competitividad de las empresas de ambos países.
Durante 2025, las exportaciones estadounidenses de bienes y servicios hacia Canadá alcanzaron aproximadamente US$600.000 millones, una cifra que refleja la magnitud de la relación económica bilateral.
Canadá también ocupa un lugar fundamental en el abastecimiento energético estadounidense, particularmente mediante sus exportaciones de petróleo, gas natural y electricidad.
Esta dependencia mutua explica por qué las restricciones comerciales no solamente afectan a los exportadores canadienses, sino también a fabricantes, distribuidores y consumidores estadounidenses.
Nuevos aranceles enfrentan cuestionamientos judiciales
La política comercial de Washington también comenzó a encontrar resistencia dentro de Estados Unidos.
Esta semana, una empresa importadora de alimentos de Nueva Jersey presentó una demanda ante el Tribunal de Comercio Internacional estadounidense para impugnar los aranceles del 50% aplicados a determinados productos canadienses.
La controversia gira en torno a la utilización de la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición que permite adoptar medidas contra países que presuntamente discriminan los productos estadounidenses.
La compañía demandante cuestiona la legalidad de utilizar esa norma para establecer los gravámenes y sostiene que la administración presidencial habría excedido sus atribuciones.
El proceso incorpora un nuevo elemento de incertidumbre al enfrentamiento comercial, porque una eventual resolución judicial podría modificar el alcance de algunas medidas adoptadas por Washington.
Canadá busca reducir su dependencia de Estados Unidos
Paralelamente, el gobierno de Carney ha intensificado sus esfuerzos para diversificar los destinos de las exportaciones canadienses.
La estrategia contempla profundizar las relaciones económicas con Europa, Asia y otros mercados internacionales, además de fortalecer la producción industrial y las inversiones dentro del propio país.
Ottawa considera que la excesiva concentración de sus exportaciones en Estados Unidos representa una vulnerabilidad estructural frente a decisiones políticas y comerciales adoptadas en Washington.
El gobierno canadiense también ha impulsado medidas de apoyo a las empresas afectadas por los aranceles, especialmente aquellas vinculadas a la industria manufacturera y los sectores exportadores.
Este miércoles, Canadá y la provincia de Ontario anunciaron un paquete de respaldo económico por aproximadamente US$6.400 millones, destinado a fortalecer las industrias del acero y automotriz, modernizar instalaciones productivas y desarrollar infraestructura relacionada con minerales críticos.
La iniciativa refleja la intención de proteger el empleo industrial y acelerar la transformación de sectores particularmente expuestos a las restricciones estadounidenses.
La incertidumbre comienza a afectar a las empresas
Las consecuencias del enfrentamiento también se reflejan en las expectativas del sector privado.
Una encuesta empresarial realizada en septiembre y difundida esta semana por el Banco de Canadá mostró un deterioro de la confianza tras el fracaso de las negociaciones comerciales de agosto.
El estudio, que consideró alrededor de 340 dirigentes empresariales, identificó preocupación por el debilitamiento de las exportaciones, el aumento de los costos de producción y la incertidumbre sobre futuras inversiones.
Aunque las empresas no anticipan necesariamente una contracción inmediata de sus operaciones, muchas han adoptado una actitud más cautelosa frente a nuevas contrataciones y proyectos de expansión.
A este escenario se suman las presiones inflacionarias derivadas de los mayores costos energéticos y de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente.
Una negociación abierta, pero sin acuerdo a la vista
La nueva declaración de Mark Carney confirma que Canadá no considera definitivamente cerrada la posibilidad de reconstruir su relación comercial con Estados Unidos.
Sin embargo, también deja establecido que Ottawa no está dispuesta a aceptar cualquier acuerdo simplemente para poner término a las tensiones.
Para el gobierno canadiense, la prioridad consiste en recuperar la estabilidad comercial sin renunciar a sus intereses industriales, sus mecanismos de protección económica ni su autonomía para relacionarse con otros mercados.
Washington, por su parte, mantiene una política orientada a utilizar los aranceles como instrumento de negociación para obtener mejores condiciones de acceso a mercados extranjeros y favorecer determinados sectores productivos estadounidenses.
Las diferencias mantienen incierto el futuro de las conversaciones y plantean interrogantes sobre la evolución del acuerdo comercial que también incluye a México, conocido como T-MEC.
Por ahora, la principal señal desde Ottawa es que Canadá está dispuesto a negociar, pero no a cualquier precio. Una posición que prolonga el enfrentamiento con su mayor socio comercial y confirma que la relación económica norteamericana atraviesa una etapa de profundas transformaciones.
La entrada Canadá condiciona acuerdo comercial con EEUU: “Negociaremos cuando Washington actúe de buena fe” se publicó primero en El Periodista.

