
Irán está recurriendo de manera creciente a las criptomonedas para mantener abiertos sus canales comerciales, repatriar ingresos desde el extranjero y sostener una economía sometida a un fuerte cerco financiero en medio de la guerra con Estados Unidos.
El Banco Central iraní ha flexibilizado durante los últimos meses parte de las restricciones que imponía a exportadores e importadores y ha comenzado a tolerar el uso de activos digitales, principalmente monedas estables como Tether y también bitcoin, para liquidar operaciones transfronterizas.
La nueva estrategia permite que empresas iraníes repatríen recursos a través de mecanismos distintos del sistema bancario convencional, utilicen el mercado abierto de divisas e incluso destinen directamente los ingresos de sus exportaciones a financiar importaciones.
La modificación constituye un cambio relevante respecto del sistema anterior, bajo el cual los exportadores estaban obligados a ingresar una parte importante de sus divisas al país y venderlas mediante plataformas oficiales a tipos de cambio fijados por el Gobierno.
En 2025, cerca de US$10.000 millones en criptomonedas circularon a través de Irán, una señal del creciente peso que han adquirido estos instrumentos en una economía que lleva años parcialmente excluida de los principales mecanismos internacionales de pagos.
Las autoridades iraníes también han aprovechado la minería de bitcoin como mecanismo alternativo de generación de activos. Distintas estimaciones han situado históricamente a Irán entre los países con una participación significativa en la minería mundial, favorecida por sus relativamente bajos costos energéticos.
Washington apunta ahora a las criptomonedas
La utilización de activos digitales se ha convertido, precisamente, en uno de los principales objetivos de la ofensiva financiera estadounidense.
Washington lanzó el 24 de agosto la denominada operación “Economic Outcast”, destinada a cortar los canales internacionales que todavía permiten a Irán obtener divisas, exportar petróleo y realizar operaciones comerciales.
La estrategia amplió el alcance de las sanciones estadounidenses hacia cinco sectores considerados fundamentales para Teherán: activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo.
Durante los últimos meses, Estados Unidos también ha sancionado varias plataformas iraníes de criptomonedas. En junio fueron incluidas Nobitex —la mayor plataforma de activos digitales del país— y otras tres empresas del sector.
Posteriormente, Washington apuntó contra otras casas de cambio digitales utilizadas presuntamente para mover recursos vinculados a la Guardia Revolucionaria iraní y a redes financieras relacionadas con el Estado.
Las medidas estadounidenses han conseguido además congelar cerca de US$500 millones en criptomonedas vinculadas a estructuras iraníes.
La utilización de monedas digitales se extiende incluso a actividades relacionadas con el estrecho de Ormuz. Empresas iraníes vinculadas a servicios de navegación y seguros marítimos han aceptado pagos mediante bitcoin y otros activos digitales, otra fórmula destinada a evitar transacciones bancarias tradicionales.
Bancos extranjeros bajo presión
La ofensiva estadounidense no se limita a las criptomonedas.
Washington ha comenzado también a sancionar bancos extranjeros acusados de facilitar transacciones iraníes.
A fines de agosto, Estados Unidos inició acciones contra las sucursales de Banque Misr en Emiratos Árabes Unidos. Entre enero de 2024 y junio de 2026, esas oficinas habrían procesado aproximadamente US$1.800 millones correspondientes a 103 empresas consideradas potencialmente vinculadas a redes financieras iraníes.
Posteriormente, las autoridades estadounidenses sancionaron al banco turco Golden Global Bank, identificado como otro de los canales utilizados por Teherán para mantener acceso al sistema financiero internacional.
La presión continuará. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció que Washington prepara nuevas sanciones contra otra importante institución financiera vinculada a operaciones iraníes.
La Administración de Donald Trump pretende que cualquier banco, empresa o intermediario que facilite operaciones financieras iraníes enfrente el riesgo de quedar excluido del sistema del dólar.
Irán mira hacia los BRICS
En paralelo al uso de criptomonedas, Teherán intenta acelerar la construcción de mecanismos financieros alternativos junto a los países de los BRICS.
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, planteó durante las reuniones del bloque en India ampliar el uso de monedas nacionales para las operaciones comerciales entre sus miembros.
Los BRICS —integrados actualmente por once países— han avanzado en el desarrollo de mecanismos de pagos transfronterizos que disminuyan los costos y reduzcan la dependencia de monedas internacionales dominantes.
La iniciativa no contempla por ahora la creación de una moneda única, sino una mayor interoperabilidad entre los sistemas financieros nacionales y un incremento del financiamiento y comercio denominado en monedas locales.
Para Irán, sometido desde hace años a sanciones estadounidenses, esta transformación tiene una importancia estratégica.
Pezeshkian sostuvo que la guerra y las tensiones geopolíticas demostraron que la seguridad económica está directamente relacionada con la seguridad nacional y regional.
Teherán quiere que los BRICS desarrollen mecanismos capaces de impedir que un solo país pueda bloquear el comercio internacional mediante el control de determinadas monedas, tecnologías o sistemas financieros.
Una economía cada vez más subterránea
El giro hacia las criptomonedas y los mecanismos alternativos de pago refleja también las dificultades estructurales que enfrenta la economía iraní.
Durante años, empresas y exportadores acumularon grandes cantidades de recursos fuera del sistema financiero oficial debido a los controles cambiarios y las sanciones internacionales.
Las propias autoridades iraníes calculan que más de 20.000 personas y empresas incumplieron obligaciones de repatriación de divisas por decenas de miles de millones de dólares.
El Gobierno intenta ahora recuperar parte de esos recursos ofreciendo mayor flexibilidad a empresarios y exportadores.
La consecuencia es la aparición de un sistema financiero cada vez más híbrido: operaciones comerciales tradicionales, mercados informales de divisas, criptomonedas, redes bancarias intermediarias y pagos mediante monedas nacionales de países socios.
La confrontación entre Washington y Teherán se libra así también fuera del campo militar. Mientras Estados Unidos intenta cerrar las vías que permiten financiar al Estado iraní y sus Fuerzas Armadas, Irán busca desarrollar una arquitectura económica capaz de funcionar al margen del dólar y de los principales circuitos financieros occidentales.
El resultado de esa pugna podría tener consecuencias más amplias en Medio Oriente y en el sistema financiero internacional, especialmente si los BRICS consiguen profundizar sus mecanismos de pagos en monedas nacionales y crear alternativas más eficaces a las redes financieras controladas por Occidente.
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