
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este sábado un acuerdo con el Gobierno venezolano de Delcy Rodríguez que, según afirmó, entregará a su país el “control mayoritario” sobre campos que concentran más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo.
Trump calificó la operación como el “mayor acuerdo petrolero de la historia mundial” y aseguró que fue negociada por su administración en conjunto con Caracas y el sector privado, sin costos directos para los contribuyentes estadounidenses.
“Estados Unidos obtenga el control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo en Venezuela”, afirmó el mandatario, quien sostuvo que el pacto permitirá prácticamente duplicar las reservas estadounidenses y contribuirá a reducir el precio de los combustibles en el largo plazo.
El anuncio supone un giro de enorme magnitud en las relaciones entre Washington y Caracas y profundiza el acercamiento entre la administración Trump y el Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez tras la intervención estadounidense y la captura del expresidente Nicolás Maduro en enero pasado.
Una quinta parte de las reservas venezolanas
Venezuela posee más de 300.000 millones de barriles de reservas probadas, las mayores del planeta y superiores a las de Arabia Saudita. Los 65.000 millones contemplados por el acuerdo equivalen a aproximadamente el 22% de ese volumen.
La magnitud resulta aún más evidente al compararla con Estados Unidos. Las reservas probadas estadounidenses rondan los 38.000 millones de barriles, por lo que los recursos venezolanos comprendidos en la operación equivalen a cerca de 1,7 veces ese volumen.
El problema es que disponer de reservas bajo tierra no significa contar inmediatamente con petróleo utilizable. La industria venezolana arrastra décadas de deterioro, falta de inversión, problemas eléctricos, obsolescencia de instalaciones y graves dificultades operacionales.
Pese a concentrar alrededor del 17% de las reservas probadas mundiales, Venezuela representa actualmente solo cerca del 1% de la producción global.
Más de US$100.000 millones en inversiones
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, calificó el entendimiento como “una gran victoria” para ambos países y sostuvo que permitirá garantizar petróleo estable y de menor costo en el hemisferio occidental.
De acuerdo con los términos divulgados, el acuerdo movilizaría cerca de US$100.000 millones en inversión privada destinada principalmente a recuperar y ampliar la capacidad productiva venezolana.
Delcy Rodríguez, por su parte, aseguró que el programa comprende el desarrollo de 17 campos estratégicos con un potencial probado conjunto de 65.000 millones de barriles.
El Gobierno venezolano calcula además que las operaciones podrían generar más de US$209.000 millones en ingresos tributarios para el Estado durante su desarrollo.
Rodríguez sostuvo que las inversiones permitirán modernizar la industria petrolera, estimular el crecimiento económico y generar empleos, además de reforzar la seguridad energética continental.
Empresas estadounidenses preparan su expansión
El anuncio se produce mientras grandes compañías petroleras evalúan aumentar su presencia en Venezuela. Chevron mantiene conversaciones para ampliar sus operaciones mediante la incorporación de nuevos yacimientos, mientras otras compañías de servicios y producción petrolera han avanzado en acuerdos con Caracas.
Entre las alternativas consideradas figuran contratos de explotación de muy largo plazo, algunos de los cuales podrían alcanzar hasta 100 años.
Trump tiene previsto reunirse el martes con ejecutivos de las principales compañías petroleras estadounidenses, en momentos en que el costo de los combustibles se ha transformado nuevamente en un problema económico y político para la Casa Blanca.
La gasolina regular alcanzó esta semana un promedio de US$4,09 por galón en Estados Unidos, más de un tercio por encima del nivel registrado al comienzo del conflicto con Irán.
La guerra con Irán aumenta la presión energética
El acuerdo con Venezuela adquiere especial importancia debido a la crisis energética derivada de la guerra con Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores petroleros más importantes del mundo.
El conflicto en Medio Oriente ha obligado a Washington a recurrir intensamente a su Reserva Estratégica de Petróleo, que se encontraría actualmente en torno al 41% de su capacidad, uno de sus niveles más bajos de las últimas cuatro décadas.
La situación en Ormuz también ha provocado graves alteraciones en el transporte marítimo. En las últimas semanas se ha informado que unos 6.000 marineros permanecen atrapados en el área debido al conflicto, mientras decenas de ataques contra embarcaciones han elevado considerablemente los riesgos para el comercio internacional de hidrocarburos.
En paralelo, la administración Trump ha endurecido su ofensiva económica contra Teherán. Washington ha anunciado nuevas medidas para impedir operaciones financieras vinculadas con Irán y ha reforzado las restricciones contra embarcaciones relacionadas con el comercio energético iraní.
La incorporación de grandes volúmenes de crudo venezolano aparece así como una pieza de la estrategia estadounidense destinada a reducir su vulnerabilidad frente a una crisis prolongada en Medio Oriente.
Un proyecto que podría tardar más de una década
El principal obstáculo para las ambiciones estadounidenses se encuentra en el propio estado de la industria venezolana.
Recuperar la producción requerirá reparar oleoductos, refinerías, instalaciones de extracción y redes eléctricas, además de afrontar pasivos ambientales y resolver problemas regulatorios acumulados durante años.
Especialistas de la industria estiman que Venezuela podría necesitar más de una década para regresar a niveles cercanos a los tres millones de barriles diarios que llegó a producir antes del prolongado colapso de su sector petrolero.
También existen interrogantes jurídicos sobre la naturaleza del “control mayoritario” anunciado por Trump, la duración de los contratos y la capacidad de futuras administraciones estadounidenses o venezolanas para revisar los términos pactados.
Por ello, aunque los 65.000 millones de barriles representan un activo energético gigantesco, convertir esas reservas en un suministro capaz de modificar de manera sustancial el mercado internacional requerirá inversiones multimillonarias, estabilidad política y años de reconstrucción.
El acuerdo constituye, en cualquier caso, una transformación histórica de la relación energética entre Venezuela y Estados Unidos: Washington busca asegurar una fuente extraordinaria de petróleo en su propio hemisferio mientras Caracas apuesta a utilizar capital privado para reconstruir una industria que, pese a controlar las mayores reservas probadas del planeta, lleva décadas produciendo muy por debajo de su potencial.
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