
Wall Street vivió este jueves 5 de noviembre una jornada de fuertes pérdidas, impulsada por el desplome de las compañías fabricantes de semiconductores y de las empresas vinculadas al desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial (IA). La caída golpeó especialmente al sector tecnológico, en un contexto de preocupación por las elevadas valoraciones bursátiles, el financiamiento de nuevos proyectos y las consecuencias de la victoria de los Demócratas en las elecciones legislativas estadounidenses.
El índice Philadelphia Semiconductor (SOX), que reúne a 30 de las principales compañías del sector, llegó a retroceder más de un 10% durante la sesión, reflejando una liquidación generalizada de acciones tecnológicas.
Entre las empresas más afectadas destacó Nvidia, líder mundial en procesadores para inteligencia artificial, cuyos títulos llegaron a perder un 8,99%. Broadcom retrocedió un 9,3%, mientras que ASML, fabricante de equipos fundamentales para la producción de chips avanzados, registró una caída del 8,65%.
El castigo fue todavía mayor para otras compañías. Intel perdió más de un 10%, Qualcomm superó el 13% de retroceso y tanto Advanced Micro Devices (AMD) como Micron Technology llegaron a desplomarse más de un 17%.
Las pérdidas también alcanzaron a los fabricantes asiáticos que cotizan en Estados Unidos. La surcoreana SK Hynix cayó un 13,8%, mientras que Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), principal fabricante mundial de chips por contrato, retrocedió un 10,4%.
La infraestructura de IA también sufre
La ola de ventas se extendió más allá de los fabricantes de procesadores y afectó a compañías especializadas en centros de datos, almacenamiento y servicios de computación en la nube.
Nebius, empresa dedicada a proporcionar infraestructura tecnológica para inteligencia artificial, registró pérdidas cercanas al 19,8%.
En el sector del almacenamiento de información, Seagate retrocedió un 15,9%, Western Digital perdió un 16,7% y SanDisk llegó a caer casi un 20%.
Estos movimientos reflejan las crecientes dudas de los inversionistas sobre la capacidad de las compañías tecnológicas para transformar sus inversiones multimillonarias en infraestructura de inteligencia artificial en beneficios sostenibles.
Durante los últimos años, la expansión de la IA ha impulsado una carrera por construir centros de datos, adquirir procesadores especializados y asegurar suministro eléctrico. Sin embargo, el enorme volumen de capital comprometido comienza a generar interrogantes sobre los plazos de recuperación de esas inversiones.
Victoria de los Demócratas aumenta incertidumbre
El retroceso bursátil coincidió con el nuevo escenario político estadounidense tras las elecciones de mitad de mandato, que modificaron el equilibrio de poder en Washington.
El avance de los Demócratas abre interrogantes sobre eventuales cambios regulatorios, mayor fiscalización de las grandes empresas tecnológicas y nuevas exigencias sobre competencia, consumo energético y desarrollo de inteligencia artificial.
También podría dificultar algunas iniciativas económicas del presidente Donald Trump, especialmente aquellas que requieren aprobación legislativa.
No obstante, las caídas bursátiles no pueden atribuirse exclusivamente al resultado electoral. Las elevadas valoraciones de las empresas tecnológicas, la concentración de las inversiones en un reducido número de compañías y las dudas sobre la rentabilidad futura de la IA constituyen factores adicionales de presión.
La incertidumbre también afecta a empresas vinculadas al empresario Elon Musk. Tesla llegó a perder más de un 10% durante la jornada, en medio de las preocupaciones sobre el impacto del nuevo equilibrio político en sus negocios.
Nasdaq entra en territorio de corrección
La magnitud de las ventas llevó al Nasdaq Composite, índice especialmente expuesto a las compañías tecnológicas, a registrar pérdidas superiores al 4% durante la sesión.
Con este movimiento, el indicador entró en territorio de corrección bursátil, denominación utilizada cuando un índice acumula una caída de al menos el 10% respecto de su máximo reciente.
El Dow Jones Industrial Average, que agrupa a 30 grandes empresas estadounidenses, también sufrió el impacto de la jornada, con una baja superior al 2%.
La búsqueda de activos considerados más defensivos refleja un cambio en el comportamiento de los inversionistas, que comienzan a privilegiar compañías con flujos de caja más estables frente a negocios altamente dependientes de expectativas de crecimiento.
Una crisis que también golpea a Asia
El desplome estadounidense se produce en un escenario de creciente volatilidad internacional para la industria tecnológica.
Las principales compañías asiáticas de semiconductores, especialmente las de Corea del Sur y Taiwán, enfrentan una exposición significativa a la demanda de procesadores avanzados y memorias utilizadas en sistemas de inteligencia artificial.
Samsung Electronics y SK Hynix se encuentran entre las empresas más sensibles a las expectativas de inversión de los grandes operadores de centros de datos, mientras que TSMC desempeña un papel estratégico en la fabricación de procesadores diseñados por Nvidia, AMD y otros gigantes tecnológicos.
La elevada interdependencia de estas compañías explica por qué una revisión de las expectativas de crecimiento de la inteligencia artificial puede desencadenar caídas simultáneas en diferentes mercados.
El episodio vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad de las bolsas frente a la concentración de capital en un grupo reducido de empresas tecnológicas.
Para los mercados, la principal interrogante ya no es solamente cuánto seguirá creciendo la inteligencia artificial, sino cuándo las inversiones destinadas a desarrollar esta tecnología comenzarán a generar retornos suficientes para justificar sus elevadas valoraciones.
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