
El Gobierno de China acusó este viernes 23 de octubre a Estados Unidos de obstaculizar la cooperación científica bilateral mediante restricciones contra instituciones de investigación chinas y advirtió que adoptará las medidas necesarias para proteger sus intereses, en un nuevo episodio de la creciente confrontación tecnológica entre ambas potencias.
El Ministerio de Comercio chino cuestionó las decisiones de Washington, al considerar que buscan interferir en los intercambios académicos y científicos, además de debilitar los vínculos entre universidades, centros de investigación y organismos especializados de ambos países.
Las declaraciones se producen después de que el Departamento de Defensa estadounidense difundiera los resultados de revisiones de seguridad relacionadas con instituciones científicas chinas, en el marco de las políticas destinadas a limitar los riesgos asociados a la transferencia de tecnologías consideradas estratégicas.
Beijing sostuvo que Estados Unidos está ampliando de manera injustificada el concepto de seguridad nacional para convertir la cooperación científica en un instrumento de presión política y económica.
«China se opone sistemáticamente a que Estados Unidos amplíe excesivamente el concepto de seguridad nacional, politice, utilice como arma e instrumentalice los intercambios y la cooperación en materia de investigación científica», señaló un portavoz del Ministerio de Comercio.
El funcionario aseguró que las acusaciones estadounidenses contra determinadas instituciones chinas carecen de fundamento y buscan desacreditar su actividad investigadora.
Asimismo, advirtió que Beijing podría responder con medidas destinadas a resguardar los derechos e intereses de sus organismos científicos, aunque no precisó cuáles serían las eventuales represalias ni cuándo podrían aplicarse.
Beijing advierte sobre las consecuencias para Estados Unidos
Las autoridades chinas afirmaron que las restricciones estadounidenses no solo perjudican a sus instituciones, sino que también amenazan el desarrollo científico y tecnológico de Estados Unidos.
Según el Ministerio de Comercio, las decisiones de Washington podrían obligar a universidades y centros de investigación estadounidenses a interrumpir proyectos conjuntos o reducir sus vínculos con entidades chinas.
Beijing considera que esta estrategia busca forzar a las instituciones científicas a tomar partido en la rivalidad geopolítica entre ambas potencias.
«Esto solo debilitará el propio progreso científico y tecnológico y el desarrollo innovador de Estados Unidos, lo que equivale a dispararse en el pie», afirmó el portavoz.
El Gobierno chino insistió en que la cooperación científica internacional constituye un beneficio compartido y que las políticas de desacoplamiento tecnológico terminan perjudicando a ambas economías.
En ese contexto, exigió a Washington poner fin a las medidas que considera discriminatorias y respetar los mecanismos internacionales de intercambio académico y tecnológico.
Una disputa que se extiende a los semiconductores y la inteligencia artificial
La controversia se inscribe en una confrontación más amplia por el liderazgo tecnológico mundial, particularmente en sectores como los semiconductores avanzados, la inteligencia artificial, la computación cuántica y las telecomunicaciones.
Durante los últimos años, Estados Unidos ha reforzado los controles sobre la exportación de determinadas tecnologías hacia China, especialmente aquellas que pueden utilizarse tanto en aplicaciones civiles como militares.
Las restricciones estadounidenses han afectado el acceso de empresas chinas a chips avanzados, equipos especializados para su fabricación y determinadas tecnologías vinculadas al desarrollo de sistemas de inteligencia artificial.
China, por su parte, ha impulsado programas de sustitución tecnológica, incrementado sus inversiones en investigación y fortalecido sus capacidades nacionales de producción de semiconductores.
El conflicto también ha alcanzado a universidades y laboratorios, donde Washington ha manifestado preocupación por la posible transferencia de conocimientos sensibles hacia instituciones relacionadas con el aparato militar chino.
Beijing rechaza que esas preocupaciones justifiquen restricciones generalizadas y sostiene que las medidas estadounidenses buscan frenar su desarrollo tecnológico.
La rivalidad económica detrás del conflicto
La cooperación científica constituye uno de los ámbitos más sensibles de la relación entre China y Estados Unidos, dos economías estrechamente vinculadas por el comercio, las inversiones y las cadenas globales de suministro.
Pese a sus diferencias estratégicas, ambos países han mantenido durante décadas intercambios entre universidades, investigadores y centros de desarrollo tecnológico.
Sin embargo, el endurecimiento de las políticas de seguridad económica ha generado nuevas dificultades para los proyectos conjuntos, especialmente en disciplinas consideradas esenciales para la competitividad industrial y la defensa.
La administración de Donald Trump ha situado la competencia tecnológica con China entre sus prioridades estratégicas, mientras Beijing busca reducir su dependencia de proveedores estadounidenses y consolidar su autonomía industrial.
Las tensiones también tienen consecuencias internacionales, debido a que numerosas empresas de Europa, Asia y América Latina participan en cadenas de producción e investigación vinculadas a ambas potencias.
China deja abierta la puerta a nuevas medidas
El Ministerio de Comercio chino reiteró que defenderá los intereses de sus instituciones científicas frente a cualquier medida que considere arbitraria o discriminatoria.
Aunque Beijing no anunció sanciones específicas, su advertencia abre la posibilidad de nuevas restricciones en ámbitos vinculados a la tecnología, el comercio o la cooperación institucional.
El Gobierno chino insistió en que Estados Unidos debe abandonar las políticas de confrontación y permitir que los intercambios científicos se desarrollen bajo criterios de beneficio mutuo.
La nueva controversia evidencia que la competencia entre Washington y Beijing ya no se limita a los aranceles comerciales o al acceso a mercados, sino que se extiende al conocimiento científico, la investigación avanzada y el control de las tecnologías que definirán el desarrollo económico y militar de las próximas décadas.
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