
Un avión de pasajeros de Austrian Airlines, que cubría la ruta entre Tel Aviv, Israel, y Viena, Austria, debió realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto internacional de Sofía, Bulgaria, después de recibir una amenaza de bomba durante el trayecto.
La aeronave, un Airbus A320 identificado como vuelo OS82, transportaba a 51 pasajeros y seis miembros de la tripulación. Había despegado del aeropuerto Ben Gurion, en las cercanías de Tel Aviv, alrededor de las 19:04 horas, cuando se produjo una alerta de seguridad que obligó a modificar su itinerario.
Según los antecedentes difundidos sobre el incidente, la tripulación fue advertida de la posible presencia de un objeto sospechoso cuando el avión se encontraba próximo a la frontera entre Rumanía y Bulgaria.
Ante la situación, los pilotos activaron el código de emergencia Squawk 7700, utilizado internacionalmente para comunicar a los servicios de control de tránsito aéreo que una aeronave enfrenta una emergencia.
Cazas militares escoltaron el avión hasta Sofía
El Ministerio de Defensa de Bulgaria informó que la alerta se registró alrededor de las 21:17 horas, cuando el avión se encontraba en el espacio aéreo del país.
Como respuesta, la Fuerza Aérea búlgara desplegó aviones de combate MiG-29, que interceptaron y escoltaron la aeronave comercial hasta el aeropuerto Vasil Levski de Sofía.
La operación se desarrolló en el marco de las misiones de vigilancia y protección del espacio aéreo de la OTAN, bajo coordinación del Centro de Operaciones Aéreas Combinadas situado en Torrejón de Ardoz, España.
Una vez en tierra, el Airbus A320 fue trasladado a una zona aislada del aeropuerto, donde esperaban equipos de emergencia, personal policial y especialistas en desactivación de explosivos.
Los 57 ocupantes del avión fueron evacuados sin que se reportaran personas lesionadas, mientras las autoridades iniciaron una inspección de seguridad para descartar la presencia de artefactos explosivos.
Investigan amenaza telefónica realizada desde Austria
Los primeros antecedentes de la investigación indican que la amenaza habría sido realizada mediante una llamada telefónica a las autoridades de Viena.
El responsable sería un ciudadano austriaco que no viajaba a bordo del avión, aunque las circunstancias y motivaciones de la advertencia todavía deben ser esclarecidas.
Las primeras evaluaciones apuntan a que podría tratarse de una falsa alarma, sin que ello elimine la necesidad de completar las inspecciones y determinar eventuales responsabilidades penales.
Entre los pasajeros se encontraba una delegación de jóvenes que tenía previsto participar en actividades y pronunciar discursos ante Naciones Unidas.
El grupo Lufthansa, propietario de Austrian Airlines, confirmó el desvío de la aeronave y señaló que trabajaba para reubicar a los pasajeros en vuelos alternativos hacia sus destinos.
Por su parte, la Fuerza Aérea israelí aclaró que no participó en el operativo, debido a que la emergencia ocurrió fuera del espacio aéreo de Israel.
Seguridad aérea en un contexto de tensión regional
El incidente vuelve a poner atención sobre los protocolos de seguridad de los vuelos internacionales que conectan Israel con Europa, especialmente en un escenario marcado por las tensiones militares y políticas en Medio Oriente.
Desde el inicio de la guerra en Gaza, en octubre de 2023, distintas compañías aéreas internacionales han modificado, suspendido o reprogramado sus operaciones hacia Israel en respuesta a los riesgos de seguridad y a las restricciones temporales del espacio aéreo.
Las sucesivas escaladas militares entre Israel e Irán también han provocado interrupciones del tráfico aéreo regional, obligando a las aerolíneas a revisar sus rutas y reforzar sus mecanismos de evaluación de riesgos.
En este contexto, las amenazas contra aeronaves comerciales son tratadas como situaciones de máxima prioridad, incluso cuando posteriormente se determina que no existía un peligro real.
El código Squawk 7700, activado durante el vuelo de Austrian Airlines, permite que los controladores aéreos identifiquen inmediatamente una emergencia general. Su utilización no confirma por sí misma la existencia de una bomba, sino que facilita la coordinación de una respuesta rápida.
El despliegue de cazas militares, por su parte, forma parte de los procedimientos de defensa aérea que pueden activarse cuando una aeronave presenta una situación de seguridad que requiere vigilancia y asistencia.
Las autoridades búlgaras deberán establecer si existió efectivamente algún objeto sospechoso a bordo y determinar el origen de la amenaza telefónica que obligó a interrumpir el vuelo hacia Viena.
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