
Tuta, una ballena jorobada marcada en el norte de Perú, fue registrada recientemente frente a las costas chilenas durante su viaje de regreso desde la Península Antártica, confirmando la conectividad oceánica existente entre Perú, Chile y el continente blanco.
El ejemplar de Megaptera novaeangliae lleva cerca de 320 días con su transmisor satelital activo y acumula más de 11.000 kilómetros recorridos en su ciclo migratorio de ida y vuelta.
Su travesía representa el primer registro de una ballena jorobada rastreada desde Perú hasta la Antártida. El desplazamiento de regreso por aguas chilenas permite ahora reconstruir buena parte de un ciclo migratorio que une zonas de reproducción, crianza y alimentación separadas por miles de kilómetros.
De Piura a la Antártida
Tuta fue marcada en el norte peruano y, antes de iniciar su viaje hacia el sur, permaneció varias semanas en la bahía de Sechura, en la región de Piura.
La ballena llegó a la Antártida en febrero, después de 89 días de migración continua y un desplazamiento superior a los 6.800 kilómetros. Allí alcanzó su zona de alimentación, cuyo ecosistema está sustentado principalmente por el krill antártico.
Tuta fue la última de tres ballenas marcadas como parte de un proyecto coordinado por WWF Perú, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado y el Instituto del Mar del Perú, junto con instituciones científicas y organizaciones regionales, incluidas entidades chilenas.
Tras permanecer en aguas antárticas, el animal emprendió su retorno hacia el norte. Su presencia frente a Chile muestra la función que cumple el Pacífico suroriental como corredor migratorio para esta especie.
Conservación más allá de las fronteras
El recorrido demuestra que la protección de las ballenas no puede limitarse a un área determinada, debido a que estos mamíferos atraviesan las aguas jurisdiccionales de distintos países y amplias zonas de alta mar.
“El emocionante viaje de Tuta muestra lo relevante que es el trabajo conjunto y coordinado, más allá de las fronteras, cuando se busca proteger especies con un ámbito de hogar tan extenso como el de la ballena jorobada”, explicó Yacqueline Montecinos, coordinadora regional del Corredor Azul y coordinadora de Biodiversidad Marina y Políticas Oceánicas de WWF Chile.
Montecinos sostuvo que la travesía representa un llamado a fortalecer la cooperación entre todos los países que forman parte de la ruta, con el propósito de asegurar la supervivencia de la especie dentro del Corredor del Pacífico Oriental.
El Corredor Azul del Pacífico Oriental
WWF impulsa el Corredor Azul del Pacífico Oriental, una estrategia regional de conservación liderada desde Chile que busca proteger las rutas utilizadas por ballenas y otras especies marinas migratorias.
El corredor se extiende desde la Antártida y el sur de Chile hasta Alaska, conectando áreas esenciales de alimentación, reproducción y crianza.
La iniciativa pretende reducir amenazas como las colisiones con embarcaciones, el ruido submarino, la pesca incidental, la contaminación de los océanos y los efectos del cambio climático.
También busca consolidarse como una solución basada en la naturaleza, mediante la cooperación científica, política e institucional de los países ubicados a lo largo de la ruta.
El viaje de Tuta convierte esas conexiones, habitualmente invisibles, en un trazado verificable. Su desplazamiento recuerda que las ballenas no reconocen fronteras y que su conservación depende de proteger íntegramente los caminos oceánicos que recorren cada año.
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