
La irrupción de la inteligencia artificial está impactando con especial fuerza a profesiones que tradicionalmente requieren formación universitaria, según un análisis de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS), recogido por La Vanguardia, que estudió 831 ocupaciones y las perspectivas de empleo para el período 2025-2035.
Los resultados muestran que 206 ocupaciones, equivalentes al 25% del total, presentan una exposición “muy alta” a la IA; otras 206 tienen exposición alta, 206 moderada y 213 baja.
La diferencia resulta particularmente significativa entre los profesionales universitarios. De las 338 ocupaciones que habitualmente requieren un título, 146, equivalentes al 43%, tienen una exposición muy alta. En este grupo aparecen ingenieros aeroespaciales, periodistas, contadores, editores, gestores de publicidad y promociones, antropólogos y arqueólogos. Otro 42% presenta una exposición alta.
En cambio, entre las 493 profesiones que generalmente no requieren estudios superiores, solo un 12% registra exposición muy alta y un 13% alta, mientras un 41% se encuentra en el nivel más bajo.
Exposición no significa desaparición
El estudio introduce, sin embargo, una distinción relevante: estar altamente expuesto a la IA no significa que una profesión vaya a desaparecer ni constituye una proyección de despidos o automatización completa. Lo que mide es hasta qué punto esta tecnología puede asistir o realizar determinadas tareas que actualmente forman parte de un trabajo.
De hecho, algunas ocupaciones altamente expuestas mantienen buenas perspectivas laborales. Los ingenieros aeroespaciales, por ejemplo, presentan una proyección de crecimiento del empleo de 8,3% hasta 2035, mientras antropólogos y arqueólogos alcanzarían un 6%. Entre las profesiones con alta exposición, los ingenieros civiles crecerían 6,4% y los cardiólogos 4,8%.
La situación es distinta para otras actividades. Los profesionales de maquetación y diseño editorial tienen una proyección de empleo de -14,5%, los programadores informáticos de -7,3%, mientras los procesadores de texto y mecanógrafos —una ocupación que no requiere necesariamente formación universitaria— presentan una caída proyectada de 34,4%.
Un antecedente complementario citado por La Vanguardia proviene de un estudio de Anthropic, que define la exposición como la proporción de tareas de una profesión que la IA puede acelerar o ayudar a completar, y no como el porcentaje de puestos de trabajo que podría eliminar.
La evidencia disponible tampoco muestra, por ahora, que una mayor exposición a la inteligencia artificial haya provocado automáticamente más desempleo. Sí comienzan a observarse, según ese análisis, señales de una contratación más lenta de trabajadores jóvenes en sectores especialmente expuestos a la IA.
El fenómeno apunta así más hacia una transformación del contenido de los empleos que a una sustitución automática de trabajadores: aquellas ocupaciones basadas intensivamente en información, escritura, cálculo, programación y procesamiento digital aparecen entre las primeras en experimentar cambios profundos en la manera de trabajar.
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