
El Gobierno de Estados Unidos publicó este viernes un sexto paquete de archivos históricos y desclasificados relacionados con Objetos Voladores No Identificados (OVNIs) y los actualmente denominados Fenómenos Anómalos No Identificados (UAP o FANI), profundizando una apertura documental que vuelve a colocar uno de los grandes misterios contemporáneos bajo el escrutinio público.
La nueva entrega se enmarca en el proceso de divulgación iniciado en mayo por orden del presidente Donald Trump y reúne documentos y fotografías vinculados con avistamientos y episodios investigados durante décadas por organismos estadounidenses.
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, confirmó que se trata de la sexta publicación efectuada como parte del Sistema Presidencial de Divulgación e Informe de Encuentros con UAP, conocido como PURSUE.
Parnell señaló además que las autoridades continúan trabajando en nuevas entregas, por lo que la publicación de este viernes no constituye el final del proceso de desclasificación.
Trump anunció el 8 de mayo la apertura de estos antecedentes y ordenó avanzar en la divulgación de documentos relacionados con OVNIs, fenómenos anómalos y cualquier información pertinente sobre la eventual existencia de vida extraterrestre.
El tema, sin embargo, tiene una historia mucho más larga en Estados Unidos.
Del “platillo volador” a los UAP
Durante décadas, la expresión OVNI estuvo asociada popularmente con naves extraterrestres. En términos estrictos, sin embargo, solo identifica un objeto volador cuya naturaleza no ha podido determinarse en el momento de su observación.
En los últimos años, las autoridades estadounidenses comenzaron a utilizar preferentemente el concepto UAP —Fenómenos Anómalos No Identificados—, una categoría más amplia que permite incluir observaciones registradas en el aire, el espacio, el mar e incluso aquellas detectadas por distintos tipos de sensores.
El interés oficial aumentó considerablemente después de que se hicieran públicos videos registrados por pilotos militares estadounidenses y de que miembros de las Fuerzas Armadas comenzaran a entregar testimonios sobre objetos aparentemente difíciles de identificar.
La investigación quedó centralizada en la Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios (AARO), organismo creado para recopilar, estudiar y eventualmente explicar estos episodios, especialmente aquellos ocurridos cerca de instalaciones militares o espacios considerados sensibles para la seguridad nacional.
Más de 1.600 casos bajo revisión
Uno de los antecedentes más significativos corresponde al informe anual elaborado por AARO en 2024. El documento contabilizó 757 nuevos reportes correspondientes al período comprendido entre mayo de 2023 y junio de 2024, elevando a más de 1.600 los casos que habían pasado por revisión del organismo.
De los expedientes analizados en aquel período, 118 fueron inicialmente resueltos y otros 174 quedaron posteriormente listos para su cierre. Las explicaciones fueron bastante más terrestres que extraterrestres: globos, aves, drones, satélites y aeronaves convencionales.
Pero no todos los casos han podido cerrarse.
Más de 900 reportes permanecían archivados debido principalmente a que no contenían información científica o datos de sensores suficientes para establecer una conclusión definitiva. Las autoridades han insistido en que “no identificado” no significa necesariamente inexplicable, sino que muchas veces simplemente no existen antecedentes suficientes para determinar qué fue observado.
¿Hay evidencia extraterrestre?
Hasta ahora, la respuesta oficial estadounidense sigue siendo negativa.
Una investigación histórica publicada en 2024 examinó casi ocho décadas de programas gubernamentales, documentos clasificados y no clasificados, testimonios y denuncias relacionadas con OVNIs. El estudio abarcó investigaciones oficiales desde 1945 y concluyó que no existían evidencias verificables de que algún avistamiento correspondiera a tecnología extraterrestre.
Tampoco encontró pruebas verificables de que el Gobierno estadounidense o empresas privadas hubiesen recuperado naves extraterrestres o desarrollado programas secretos destinados a realizar ingeniería inversa sobre tecnología procedente de otros mundos.
La explicación oficial sostiene que buena parte de los episodios históricos correspondieron a identificaciones erróneas de objetos convencionales, fenómenos naturales o tecnologías que en su momento eran desconocidas para quienes las observaron.
Eso no significa que todos los expedientes estén resueltos.
El propio Pentágono ha reconocido casos en los cuales simplemente no existe información suficiente para determinar qué fue observado. Entre los registros divulgados anteriormente figura incluso un objeto filmado por un dron MQ-9 en Medio Oriente, cuyo comportamiento no fue considerado anómalo, pero cuya naturaleza no pudo ser establecida por falta de datos adicionales.
Un misterio que atraviesa generaciones
La fascinación estadounidense por los OVNIs precede por mucho a la actual ola de desclasificaciones. Desde los primeros relatos de “platillos voladores” de finales de la década de 1940, pasando por Roswell, el Proyecto Blue Book y las posteriores investigaciones militares, el fenómeno ha mezclado ciencia, cultura popular, secreto militar y teorías sobre visitantes extraterrestres.
El cambio producido en los últimos años está en la manera en que Washington aborda públicamente el asunto. Los objetos no identificados dejaron de ser únicamente material para aficionados y ufólogos y pasaron a considerarse también un problema potencial de seguridad aérea, inteligencia y defensa.
Un objeto desconocido cerca de un portaaviones, una base militar o un espacio aéreo restringido puede ser un globo, un dron comercial, una aeronave extranjera, un fenómeno atmosférico o simplemente una lectura defectuosa de un sensor. Precisamente por no saber inicialmente de qué se trata, constituye un asunto de interés para las autoridades.
La sexta entrega de documentos ordenada por la administración Trump vuelve ahora a alimentar una pregunta que Estados Unidos lleva décadas intentando responder.
Hasta el momento, los archivos oficiales no han aportado una prueba verificable de visitantes extraterrestres. Pero mientras existan expedientes que no puedan ser explicados y continúen apareciendo nuevos documentos, el viejo interrogante seguirá abierto: ¿qué es exactamente aquello que algunas veces vemos en el cielo y todavía no somos capaces de identificar?
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