
Los partidos árabes de Israel consiguieron un importante avance en las elecciones legislativas de este martes 27 de octubre, con proyecciones que les atribuyen entre 17 y 18 escaños en la Knéset, prácticamente el doble de su representación obtenida en 2022.
La Lista Árabe Unida (Raam), encabezada por Mansur Abbas, y la Lista Conjunta alcanzarían conjuntamente hasta 18 diputados, según las primeras estimaciones difundidas tras el cierre de las urnas. Algunas proyecciones distribuyen los escaños en siete para Raam y once para la Lista Conjunta.
El resultado supone un incremento de hasta ocho representantes respecto de las elecciones de noviembre de 2022, cuando ambas corrientes políticas obtuvieron cinco escaños cada una.
El avance está relacionado con una extraordinaria movilización de los ciudadanos árabes israelíes, que representan aproximadamente el 21% de la población del país, equivalente a más de dos millones de personas.
Las estimaciones iniciales sitúan su participación cerca del 80%, aunque esa cifra todavía requiere confirmación oficial. En las elecciones de 2022, la participación del electorado árabe y druso alcanzó el 53,2%.
Un Parlamento sin mayorías
El crecimiento de la representación árabe adquiere especial importancia ante la fragmentación del nuevo Parlamento israelí.
Las primeras proyecciones otorgan entre 52 y 53 escaños al bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y líder de Yashar, mientras que la coalición del primer ministro Benjamin Netanyahu alcanzaría alrededor de 50 diputados.
El Likud de Netanyahu continuaría siendo la formación individual más votada, con una estimación de entre 24 y 25 escaños, pero sin contar con los apoyos suficientes para garantizar la continuidad del actual Gobierno.
En Israel, la Knéset está integrada por 120 diputados y se necesitan al menos 61 para asegurar una mayoría parlamentaria.
En este escenario, los representantes árabes podrían desempeñar un papel determinante en las negociaciones para constituir un nuevo Ejecutivo.
Sin embargo, su eventual participación presenta importantes dificultades políticas. Eisenkot ha descartado hasta ahora formar una coalición con los partidos árabes, aunque algunas de estas fuerzas han manifestado disposición a respaldar desde el Parlamento una alternativa a Netanyahu.
El precedente de 2021
La participación de los partidos árabes en la política israelí tiene un antecedente relevante en 2021, cuando Raam, bajo el liderazgo de Mansur Abbas, se incorporó a la coalición encabezada por Naftali Bennett y Yair Lapid.
Aquella decisión marcó un precedente al permitir que una formación árabe independiente participara formalmente en una coalición gubernamental israelí.
La experiencia terminó con la disolución del Parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones en 2022, que devolvieron a Netanyahu al poder con una coalición de partidos de derecha y organizaciones religiosas.
En aquellos comicios, el Likud obtuvo 32 diputados y el conjunto de sus aliados alcanzó 64 escaños, una mayoría que permitió formar Gobierno.
La representación de las fuerzas árabes quedó entonces reducida a diez parlamentarios, mientras que otras candidaturas no consiguieron superar el umbral electoral del 3,25% exigido para ingresar a la Knéset.
El resultado proyectado este martes también supera los 15 escaños obtenidos por la Lista Conjunta en 2020, aunque la cifra definitiva dependerá del escrutinio oficial.
La guerra y el futuro político de Israel
Las elecciones se celebraron en un escenario marcado por las consecuencias del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y los posteriores conflictos militares en Gaza, Líbano e Irán, que han transformado el panorama político y de seguridad de Medio Oriente.
Durante la campaña, los partidos árabes reclamaron cambios en la política hacia los territorios palestinos, medidas contra la violencia que afecta a sus comunidades y una mayor inversión pública en las localidades de mayoría árabe.
La jornada electoral registró una elevada movilización en todo el país. Una hora antes del cierre de las urnas, la participación nacional alcanzaba el 74,3% de aproximadamente 7,3 millones de electores habilitados, de acuerdo con los datos preliminares difundidos durante la jornada.
El escrutinio definitivo permitirá establecer la composición del Parlamento y determinar las posibilidades reales de formación de Gobierno.
Los resultados oficiales se esperan para los próximos días. Posteriormente, el presidente Isaac Herzog deberá consultar a las distintas fuerzas parlamentarias y encargar la formación de Gobierno al dirigente que considere con mayores posibilidades de reunir una mayoría.
Por ahora, el principal cambio que anticipan las proyecciones es el fortalecimiento de la representación política árabe, cuyo peso parlamentario podría resultar decisivo para definir la próxima etapa política de Israel.
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