
El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, instó este martes 27 de octubre a Irán a permitir el regreso de los inspectores internacionales a sus instalaciones nucleares y entregar información sobre sus reservas de uranio enriquecido, en medio de la persistente tensión militar y diplomática en Medio Oriente.
Durante una sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Grossi advirtió que la falta de acceso a las instalaciones impide verificar el estado actual del programa nuclear iraní y determinar el destino de materiales sometidos a supervisión internacional.
El funcionario solicitó a Teherán cooperar sin nuevas demoras para esclarecer las cuestiones pendientes relacionadas con sus obligaciones de salvaguardias nucleares.
También propuso adoptar medidas técnicas y graduales que permitan restablecer las inspecciones, suspendidas en gran parte después de los ataques militares contra instalaciones iraníes durante 2025 y 2026.
Aunque los contactos técnicos entre el OIEA y las autoridades iraníes continúan, las actividades normales de inspección todavía no se han reanudado.
Preocupación por 440 kilos de uranio enriquecido
Uno de los principales motivos de preocupación internacional es el destino de aproximadamente 440 kilogramos de uranio enriquecido hasta un 60%, cuya ubicación y estado actual no han podido ser verificados.
La última estimación detallada del OIEA, correspondiente al 13 de junio de 2025, situaba esas existencias en 440,9 kilogramos. El inventario total de uranio enriquecido iraní alcanzaba entonces los 9.874,9 kilogramos, considerando distintos niveles de concentración.
Estas cifras no representan necesariamente las reservas actuales, debido a que el organismo perdió la capacidad de verificar de manera continua el material nuclear después de los ataques militares.
El enriquecimiento al 60% se encuentra considerablemente por encima de los niveles habituales utilizados para generar electricidad en centrales nucleares, aunque todavía es inferior al grado cercano al 90% generalmente asociado con armamento nuclear.
Irán sostiene que su programa tiene exclusivamente fines pacíficos y niega desarrollar armas atómicas.
Grossi ha insistido en que la falta de inspecciones no constituye, por sí sola, una demostración de que Teherán esté fabricando armamento nuclear, pero representa un problema para el sistema internacional de no proliferación.
Durante su intervención, Grossi también señaló que el organismo no ha detectado actividades destinadas a reparar o reconstruir las instalaciones nucleares dañadas por los bombardeos de 2025 y 2026.
Sin embargo, esta evaluación se basa principalmente en mecanismos de observación y seguimiento externo, por lo que no sustituye las verificaciones presenciales.
La central nuclear de Bushehr constituye una excepción a las restricciones generales, ya que allí se han realizado actividades de inspección y verificación.
El OIEA considera indispensable recuperar el acceso a las instalaciones afectadas y a aquellas que permanecen operativas para determinar si Irán mantiene suspendidas sus actividades de enriquecimiento y conocer el estado de sus equipos y materiales nucleares.
Ataques de Estados Unidos e Israel
La crisis de supervisión nuclear se profundizó en junio de 2025, cuando Israel lanzó ataques contra instalaciones estratégicas iraníes y Estados Unidos intervino posteriormente mediante la operación denominada Martillo de Medianoche.
Los bombardeos estadounidenses del 22 de junio tuvieron como objetivos instalaciones nucleares en Fordow, Natanz e Isfahán.
Tras esos ataques, el OIEA retiró a sus inspectores por razones de seguridad e Irán aprobó medidas para restringir su cooperación con el organismo.
La situación volvió a deteriorarse el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron una nueva ofensiva militar contra territorio iraní.
Teherán respondió con ataques contra objetivos estadounidenses y otros puntos estratégicos de Medio Oriente, ampliando el alcance regional del enfrentamiento.
Las hostilidades posteriores y las dificultades para alcanzar un acuerdo diplomático han impedido normalizar completamente las actividades internacionales de verificación.
El conflicto llega al Consejo de Seguridad
La intervención de Grossi se produce después de que la Junta de Gobernadores del OIEA decidiera, el pasado 9 de septiembre, remitir el incumplimiento iraní de sus obligaciones de salvaguardias al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
La resolución fue aprobada por 23 votos a favor, tres en contra y ocho abstenciones. Rusia, China y Níger rechazaron la medida.
Se trató de la primera remisión de este tipo relacionada con Irán desde 2006, reflejando el deterioro de las relaciones entre Teherán y los organismos internacionales de supervisión nuclear.
Irán ha cuestionado estas decisiones y sostiene que las restricciones a las inspecciones están relacionadas con las consecuencias de los ataques militares y las amenazas contra sus instalaciones.
Por su parte, Estados Unidos y varios países europeos insisten en que cualquier acuerdo debe garantizar que Irán no desarrolle armas nucleares y permita verificar sus compromisos internacionales.
Diplomacia para evitar una nueva escalada
Grossi reiteró que una solución duradera requiere negociaciones diplomáticas acompañadas de mecanismos efectivos de verificación.
El director general del OIEA considera que recuperar la cooperación con Teherán es fundamental para reducir la incertidumbre sobre su programa nuclear y evitar nuevas tensiones en Medio Oriente.
Mientras persistan las restricciones de acceso, el organismo no podrá establecer con certeza la cantidad, ubicación y composición de todo el material nuclear iraní sometido a salvaguardias.
La situación mantiene abierto uno de los principales desafíos para la seguridad internacional: garantizar el carácter pacífico del programa nuclear de Irán en un escenario marcado por los enfrentamientos militares, la desconfianza diplomática y el riesgo de nuevas hostilidades regionales.
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