
El director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, exigió este martes el cese “de inmediato” de los ataques registrados en las inmediaciones de la central nuclear de Zaporiyia, en Ucrania, y advirtió que estas acciones ponen en riesgo los principios básicos establecidos para proteger las instalaciones atómicas durante conflictos armados.
Grossi calificó los hechos como “inaceptables” y sostuvo que están “en absoluta contradicción con los siete pilares y los cinco principios” establecidos para garantizar la seguridad nuclear, entre ellos la protección de la integridad física de las centrales, sus sistemas esenciales y el personal encargado de operarlas.
La nueva advertencia se produjo después de que un dron explotara durante la mañana de este martes en una parada de autobús utilizada por trabajadores de la central de Zaporiyia.
El incidente ocurrió cerca de las 06:00 horas locales y dejó 16 víctimas entre trabajadores y personal de empresas contratistas. Una persona murió y tres resultaron heridas de gravedad.
Grossi describió el ataque como “el peor incidente que ha enfrentado la planta”, una declaración especialmente relevante debido a las dimensiones y características estratégicas de la instalación.
La mayor central nuclear de Europa
La central de Zaporiyia está situada cerca de la ciudad de Energodar, en el sureste de Ucrania, y permanece bajo control ruso desde las primeras etapas de la invasión iniciada en febrero de 2022.
El complejo cuenta con seis reactores de agua presurizada y una capacidad eléctrica instalada total de 6.000 megavatios, lo que la convierte en la mayor central nuclear de Europa.
Aunque sus reactores no funcionan actualmente en las mismas condiciones de producción existentes antes de la guerra, la instalación sigue necesitando electricidad, sistemas de refrigeración, mantenimiento permanente y personal especializado para garantizar la seguridad del combustible nuclear y evitar accidentes.
Desde que las fuerzas rusas tomaron el control de la planta en marzo de 2022, Zaporiyia se ha transformado en uno de los puntos de mayor preocupación internacional por el riesgo de que los enfrentamientos militares puedan desencadenar una emergencia radiológica.
Tanto Moscú como Kiev se han acusado reiteradamente de ataques y acciones militares en torno al complejo, mientras el OIEA ha mantenido presencia sobre el terreno y ha insistido en la necesidad de establecer condiciones que impidan operaciones militares capaces de comprometer la seguridad nuclear.
Rusia advierte sobre riesgo de una “catástrofe nuclear”
El alcalde prorruso de Energodar, Maxim Pujov, informó que el ataque de este martes provocó la muerte de un residente y obligó a otras 15 personas a recibir asistencia médica.
El Gobierno ruso acusó posteriormente a Ucrania de generar una “amenaza real de catástrofe nuclear” y aseguró que Kiev se habría negado a proporcionar garantías de seguridad para una nueva visita de Grossi a la zona.
El director general del OIEA tenía previsto inspeccionar la central nuclear y la ciudad de Energodar durante el jueves y viernes de esta semana.
La situación vuelve a elevar la preocupación en torno a Zaporiyia, que durante los últimos años ha sufrido cortes de sus líneas externas de suministro eléctrico, episodios de bombardeos en sus inmediaciones y ataques con drones.
Uno de los principales temores es una pérdida prolongada de la alimentación eléctrica necesaria para mantener activos los sistemas esenciales de refrigeración y seguridad. El OIEA ha advertido reiteradamente que, pese a las medidas adoptadas para reducir los riesgos, la situación de una gran instalación nuclear situada en una zona de guerra sigue siendo extremadamente frágil.
La central también quedó expuesta a nuevas dificultades después de la destrucción de la presa de Kajovka en junio de 2023, debido a la importancia que tenía el embalse para el abastecimiento de agua utilizado en los sistemas asociados a la refrigeración del complejo.
Los reiterados incidentes han llevado al OIEA a reclamar durante toda la guerra que ninguna de las partes utilice la central o sus alrededores como plataforma para operaciones militares y que se eviten ataques contra instalaciones, infraestructura o personal relacionado con su funcionamiento.
El nuevo episodio refuerza esas advertencias y vuelve a situar el riesgo nuclear entre las principales consecuencias internacionales de una guerra que se prolonga desde hace más de cuatro años.
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