
El tenis mundial vuelve a verse sacudido por la polémica. El tenista australiano Nick Kyrgios ha sido suspendido provisionalmente por la Agencia Internacional para la Integridad del Tenis (ITIA) tras dar positivo por cocaína. El control antidopaje se efectuó el pasado 22 de junio durante el torneo ATP 250 de Mallorca.
Tras la confirmación del hallazgo de benzoilecgonina (metabolito de la cocaína), la sanción obligatoria entró en vigor con efecto retroactivo al 4 de agosto. A los 31 años, y hundido en el puesto 919 del ranking ATP debido a un largo calvario de lesiones, el jugador asumió la culpa de inmediato a través de un desgarrador comunicado.
El calvario mental de un retiro inminente
Kyrgios, quien disputó su último torneo oficial el pasado julio en los dobles de Wimbledon, no buscó justificaciones, pero abrió su corazón respecto al doloroso proceso que vive al ver que su cuerpo ya no responde a las exigencias de la alta competencia.
“Quería que lo escucharan de mí primero. Recientemente fallé una prueba de drogas en Mallorca después de dar positivo por cocaína. Cometí un enorme error y asumo toda la responsabilidad”, arranca el escrito del australiano, visiblemente afectado por el impacto de la noticia en su entorno.
“Lo siento por mis fans, mi familia, mis patrocinadores y todos los que están cerca de mí. Sobre todo, lo siento por los niños que me siguen. Sé el ejemplo que esto da y estoy profundamente decepcionado de mí mismo”, manifestó
El tenista vinculó directamente este episodio de consumo con el deterioro de su salud mental tras encadenar cirugías de rodilla y muñeca que frustraron su regularidad en el circuito: “No voy a poner excusas, pero sí quiero dar un poco de contexto sobre dónde he estado. Los últimos años de lesiones me han pasado una enorme factura, tanto física como mentalmente. Mi cuerpo no ha podido hacer lo que mi mente espera de él, y aceptar que estoy cerca del final de mi carrera ha sido más difícil de lo que jamás imaginé”.
Un llamado de atención de 28 días
Fiel a su compleja relación con el deporte que lo llevó a la final de Wimbledon en 2022, Kyrgios admitió la crisis existencial que padece. “Siempre he dicho que no elegí el tenis: el tenis me eligió a mí. Pero dejar ir algo que ha sido toda mi vida es una de las cosas más difíciles que he tenido que enfrentar. En momentos me he sentido impotente y solo. Nada de eso excusa lo que hice”, señaló.
A pesar del duro golpe reglamentario, que podría costarle una sanción de hasta cuatro años si no demuestra que el consumo ocurrió fuera de competencia y sin fines de rendimiento deportivo, el tenista de Canberra prefiere ver el castigo como una oportunidad de sanación.
“La buena noticia es que esto me ha dado un llamado de atención. Durante los próximos 28 días, me alejaré de las redes sociales y de la vida pública mientras me concentro en ponerme bien”, concluyó, solicitando encarecidamente respeto a la privacidad de su familia. “Lo siento. Haré el trabajo y volveré mejor”.
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