
A tres años de los ataques del 7 de octubre de 2023 y del inicio de la posterior ofensiva israelí sobre la Franja de Gaza, Médicos Sin Fronteras (MSF) advirtió que la situación humanitaria en el enclave palestino continúa deteriorándose y acusó a Israel de seguir perpetrando un “genocidio” mediante la destrucción de las condiciones necesarias para la supervivencia de la población.
La organización humanitaria sostiene que el progresivo avance de las fuerzas israelíes más allá de la denominada “línea amarilla” está reduciendo aún más el territorio disponible para los habitantes de Gaza y restringiendo su acceso a hospitales, agua, saneamiento y otros servicios esenciales.
Según MSF, la línea fue presentada inicialmente por Israel como una posición militar temporal vinculada al proceso de retirada contemplado en el alto el fuego alcanzado en octubre de 2025. En ese momento ya comprendía más de la mitad del territorio de Gaza, pero actualmente las fuerzas israelíes ocuparían aproximadamente el 65% del enclave.
“La ‘línea amarilla’ no puede considerarse simplemente una línea en un mapa. Se ha convertido en un mecanismo de cerco y limpieza étnica”, afirmó Amande Bazerolle, responsable de la respuesta de emergencias de MSF para Gaza.
Riesgo para quienes viven cerca de la línea
La organización asegura que la situación es especialmente peligrosa para las personas que permanecen en las proximidades de esta zona, debido a que sus límites no estarían señalizados de manera clara y permanente.
Esto incrementaría el riesgo de que civiles sean alcanzados por disparos de las fuerzas israelíes y dificulta el acceso de las organizaciones humanitarias a sectores donde todavía permanece población desplazada.
MSF señala además que las restricciones territoriales han obligado a miles de familias a concentrarse en espacios cada vez más pequeños y en condiciones que califica de “hacinamiento e inhabitables”.
La falta de agua potable, saneamiento, refugios adecuados y atención sanitaria ha favorecido también la propagación de enfermedades.
Durante 2026, los equipos médicos de la organización han atendido más de 11.000 casos de enfermedades cutáneas, entre ellas sarna. Solo durante junio y julio se contabilizaron además más de 1.500 casos de varicela, junto con cuadros de gastroenteritis, infecciones respiratorias, hepatitis y pediculosis.
Menos de seis litros de agua por persona
Uno de los problemas más graves continúa siendo el acceso al agua. MSF sostiene que gran parte de la población dispone actualmente de menos de seis litros diarios por persona para todas sus necesidades domésticas.
A ello se suma la escasez de jabón, detergentes, medicamentos y otros productos básicos de higiene.
El responsable de actividades médicas de MSF en Gaza, Murad Asaliya, afirmó que incluso determinados productos utilizados para tratar la sarna están sujetos a restricciones de ingreso.
La situación afecta igualmente al funcionamiento de hospitales y ambulancias. Las limitaciones para introducir aceite de motor y repuestos están dificultando la mantención de vehículos y generadores eléctricos, esenciales para centros sanitarios que dependen de sistemas autónomos de energía debido a la destrucción de buena parte de la infraestructura del enclave.
Más del 80% de la infraestructura destruida
MSF estima que más del 80% de la infraestructura de Gaza ha resultado destruida durante los tres años de conflicto.
La organización advierte que la magnitud de los daños, combinada con los desplazamientos continuados, las lesiones físicas y las consecuencias sobre la salud mental de la población, hará extremadamente difícil una recuperación en el corto o mediano plazo.
A juicio de la entidad humanitaria, serán necesarias “generaciones” para superar las consecuencias acumuladas desde octubre de 2023.
El escenario se inscribe en una guerra que ha transformado profundamente el equilibrio político y militar de Medio Oriente. El conflicto comenzó tras los ataques encabezados por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, que dejaron más de un millar de muertos y alrededor de 250 personas secuestradas. Israel respondió con una ofensiva militar a gran escala contra Gaza que, durante los años siguientes, provocó una destrucción masiva del enclave y una crisis humanitaria prolongada.
Tres años de una guerra que transformó Medio Oriente
El conflicto de Gaza se extendió además a otros escenarios regionales, con enfrentamientos entre Israel y fuerzas vinculadas a Irán, operaciones militares en Líbano y Yemen y una creciente tensión en rutas estratégicas del mar Rojo y el Mediterráneo.
En los últimos meses, Israel ha insistido en que sus operaciones buscan impedir la reconstrucción de las capacidades militares de Hamás y garantizar su seguridad, mientras organizaciones humanitarias han advertido reiteradamente sobre el impacto de las restricciones y operaciones militares sobre la población civil.
La ofensiva también ha generado fuertes cuestionamientos internacionales sobre la proporcionalidad de las acciones israelíes y el cumplimiento del derecho internacional humanitario.
MSF sostiene que la situación actual demuestra que, pese a los acuerdos alcanzados durante el último año, las condiciones fundamentales de vida en Gaza continúan deteriorándose.
“La destrucción, el desplazamiento y la privación se han normalizado”, afirmó Bazerolle, quien llamó a los gobiernos a actuar para detener las matanzas, impedir lo que la organización considera una “limpieza étnica” y garantizar que la población palestina pueda acceder a los medios básicos para sobrevivir.
Tres años después del 7 de octubre, Gaza continúa así enfrentando no solo las consecuencias directas de la guerra, sino también un deterioro estructural que amenaza con prolongar durante décadas la emergencia humanitaria en el territorio palestino.
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