
El papa León XIV recibió este jueves en el Palacio Apostólico Vaticano al presidente de Líbano, Joseph Aoun, en una reunión marcada por la situación de seguridad en Medio Oriente y las dificultades para aplicar el acuerdo marco suscrito el pasado 26 de junio entre Líbano, Israel y Estados Unidos.
Durante las conversaciones, la Santa Sede manifestó su preocupación por los obstáculos que enfrenta la implementación del denominado Acuerdo Marco Trilateral, concebido para reducir las hostilidades, estabilizar la frontera entre Israel y Líbano y avanzar hacia una solución de largo plazo.
El Vaticano valoró la firma del documento, pero reconoció que su ejecución ha encontrado importantes dificultades sobre el terreno, en medio de nuevos ataques, desacuerdos sobre la retirada israelí y el debate acerca del desarme de Hezbolá.
Aoun agradeció a León XIV el respaldo de la Santa Sede y pidió mantener la presión diplomática para que Israel cumpla los compromisos asumidos en junio.
Entre las principales demandas del mandatario libanés está el retiro completo de las tropas israelíes de los sectores que Beirut considera ocupados y el cese de los ataques contra localidades del sur del país.
El presidente también planteó la necesidad de iniciar la reconstrucción de las zonas destruidas y facilitar el regreso de miles de personas que permanecen desplazadas por los enfrentamientos.
Aoun subrayó, además, que cualquier proceso de estabilización deberá permitir al Estado libanés extender plenamente su autoridad sobre todo el territorio nacional, uno de los puntos centrales del acuerdo.
Un acuerdo todavía frágil
El pacto firmado el 26 de junio en Washington estableció las bases para terminar progresivamente con las hostilidades entre Israel y Líbano y abrir un proceso destinado a asegurar la soberanía y seguridad de ambos países.
Entre sus primeras medidas se contempló la creación de áreas piloto en el sur libanés, desde las cuales las fuerzas israelíes comenzarían a retirarse para ser reemplazadas por efectivos del Ejército de Líbano.
En julio comenzó la implementación del mecanismo en localidades como Froun, Srifa y Zawtar al-Gharbiya. Sin embargo, el avance ha sido lento y continúan existiendo numerosas áreas bajo control militar israelí.
Israel ha vinculado una retirada más amplia con el desarme de Hezbolá, organización que ha rechazado esa exigencia y cuestionado los términos del acuerdo.
Esta diferencia se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la ejecución del pacto y ha generado tensiones internas en Líbano, donde el Gobierno intenta fortalecer el control estatal del sur sin provocar una nueva confrontación interna.
Persisten los ataques
A pesar del proceso diplomático, los enfrentamientos no han cesado.
El pasado 15 de agosto, ataques israelíes en el sur de Líbano dejaron al menos 11 muertos, entre ellos mujeres y niños, en uno de los episodios más graves registrados desde el inicio de la tregua.
Israel sostuvo que las operaciones estaban dirigidas contra infraestructura y miembros de Hezbolá, mientras las autoridades libanesas denunciaron que la continuidad de los bombardeos amenaza directamente las negociaciones y dificulta el regreso de la población desplazada.
El balance humanitario continúa aumentando. Desde el inicio de la ofensiva israelí en marzo, al menos 4.348 personas han muerto y 12.307 han resultado heridas en Líbano, de acuerdo con los últimos registros oficiales.
Las operaciones militares han causado además una amplia destrucción de viviendas, carreteras y servicios básicos en localidades del sur.
Durante los últimos meses, decenas de miles de habitantes han intentado regresar a sus comunidades, aunque algunas zonas permanecen prácticamente inhabitables debido a los daños provocados por los combates.
El Vaticano refuerza su papel diplomático
La reunión con Aoun se enmarca en los reiterados llamados de León XIV para evitar una nueva escalada regional y buscar soluciones políticas a los conflictos que atraviesan Medio Oriente.
El pontífice ha insistido durante los últimos meses en la necesidad de privilegiar la negociación, respetar la soberanía de los Estados y proteger a la población civil.
La situación de Líbano tiene además una especial relevancia para la Santa Sede debido al peso histórico de las comunidades cristianas en el país y al papel que tradicionalmente ha desempeñado Beirut como espacio de convivencia religiosa en la región.
El encuentro de este jueves dejó en evidencia que, casi dos meses después de la firma del acuerdo marco, la distancia entre los compromisos diplomáticos y la realidad sobre el terreno continúa siendo considerable.
Para Beirut, la prioridad es conseguir la retirada israelí y recuperar el control efectivo del sur. Para Israel, cualquier repliegue más amplio sigue vinculado a garantías de seguridad y al desarme de Hezbolá.
En ese escenario, León XIV volvió a situar al Vaticano como actor diplomático dispuesto a respaldar una salida negociada que permita transformar el frágil alto el fuego en una paz duradera.
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