
La junta directiva del Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas volvió a votar este martes a favor del cierre del edificio para ejecutar un amplio programa de renovaciones, profundizando una controversia que desde hace meses mezcla seguridad, política y la disputa por el control de una de las instituciones culturales más emblemáticas de Estados Unidos.
El órgano rector sostuvo que las condiciones actuales del complejo no permiten mantenerlo funcionando con normalidad, especialmente después del derrumbe parcial del techo del vestíbulo principal. A juicio del directorio, las reparaciones requieren el cierre inmediato del recinto.
Se trata de la tercera votación sobre la clausura desde febrero. Las decisiones anteriores fueron impugnadas judicialmente por la representante demócrata de Ohio Joyce Beatty, quien cuestionó que el directorio no haya evaluado alternativas que permitan mantener algunas áreas funcionando mientras se desarrollan los trabajos.
Justicia impide incorporar el nombre de Trump
La nueva votación coincidió con otro revés para la administración del presidente Donald Trump en torno al futuro del centro cultural.
El juez federal del Distrito de Columbia Christopher Cooper determinó este martes que el apellido Trump no puede ser incorporado al edificio sin una autorización expresa del Congreso.
La controversia comenzó después de que Trump decidiera en diciembre de 2025 añadir su nombre a la fachada del complejo. La decisión derivó en una batalla judicial y finalmente obligó a retirar el letrero instalado.
El conflicto tiene especial relevancia debido al origen legal de la institución. El Congreso estadounidense creó en 1958 el Centro Cultural Nacional con el objetivo de disponer de un espacio dedicado a las artes escénicas, la música, las conferencias y actividades culturales.
Tras el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963, el Congreso aprobó por ley que el recinto pasara a denominarse John F. Kennedy Center for the Performing Arts, convirtiéndolo además en un memorial dedicado al mandatario.
Por esa razón, cualquier modificación sustancial de su denominación enfrenta la discusión sobre si el Poder Ejecutivo tiene facultades para hacerlo unilateralmente o si necesariamente requiere una nueva intervención legislativa.
La ofensiva de Trump sobre el Centro Kennedy
La controversia se arrastra desde que Trump impulsó una profunda transformación de la conducción del centro. El mandatario removió a parte importante de los integrantes de su junta directiva y promovió una nueva composición del organismo, asegurando una mayoría favorable a su administración.
La intervención provocó fuertes críticas desde sectores culturales y políticos, además de una serie de cancelaciones y renuncias de artistas que cuestionaron la creciente politización de la institución.
La disputa también se inscribe en un debate más amplio sobre el papel que la administración Trump busca imprimir a las instituciones culturales financiadas o respaldadas por el Estado, especialmente respecto de sus contenidos, programación y orientación.
El Centro Kennedy ocupa desde 1971 su actual edificio junto al río Potomac, en Washington, y es considerado uno de los principales espacios culturales de Estados Unidos. Sus escenarios han acogido durante más de medio siglo producciones de teatro, ópera, ballet, música clásica y espectáculos internacionales.
La tercera votación para cerrar el complejo abre ahora un nuevo capítulo. Mientras el directorio sostiene que las condiciones estructurales hacen indispensables las obras, sus críticos mantienen sus cuestionamientos sobre la forma en que se ha gestionado el proceso.
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