
El repunte de la inflación en Estados Unidos provocó una caída del oro y la plata y reforzó las expectativas de nuevas alzas de tasas de interés. El índice de precios al consumidor de septiembre aumentó 0,6% mensual y 3,7% interanual, mientras la inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, avanzó 0,3% mensual y 2,6% anual.
La reacción alcanzó a distintos activos financieros. Los futuros bursátiles y los metales retrocedieron frente a un dólar fortalecido, en una jornada marcada por la revisión de las perspectivas sobre la política monetaria estadounidense.
Según Felipe Mendoza, analista de mercados de EBC Financial Group, el movimiento del oro y la plata habría implicado una pérdida de valoración cercana a US$350.000 millones en cinco minutos. La cifra corresponde a una estimación presentada en su análisis, cuyo documento no detalla la metodología de cálculo.
Para el especialista, el dato inflacionario confirma un escenario de mayor incertidumbre para los mercados.
“El escenario económico confirma una persistente rigidez inflacionaria en EE.UU. que obligará a la Reserva Federal a extender su ciclo de endurecimiento monetario”, sostiene Mendoza.
Energía presiona los precios
Los combustibles tuvieron un papel central en el aumento del IPC estadounidense. La gasolina subió 9,1% durante septiembre y explicó más de la mitad del incremento mensual del indicador general. En doce meses, los precios de la energía acumularon un alza de 20,4%.
Mendoza vincula las presiones energéticas con las tensiones en Medio Oriente y advierte que un nuevo encarecimiento de los combustibles podría dificultar la desaceleración de la inflación.
Su escenario base contempla al menos dos subidas adicionales de tasas entre finales de 2026 y comienzos de 2027. Se trata de una proyección del analista, no de una decisión anunciada por la Reserva Federal.
Tecnológicas bajo presión
El especialista identifica al sector tecnológico, particularmente a las empresas ligadas a inteligencia artificial, como uno de los segmentos más expuestos a un escenario de tasas elevadas.
En su evaluación, la combinación de mayores rendimientos de la deuda soberana, tensiones energéticas y altas valoraciones de las grandes compañías de IA configura un entorno frágil para las acciones globales en el corto y mediano plazo.
Mendoza anticipa que ese escenario podría reducir las valoraciones que los inversionistas están dispuestos a pagar por los beneficios de las tecnológicas y favorecer un desplazamiento hacia activos defensivos, instrumentos de renta fija de corta duración y efectivo.
También plantea un escenario de riesgo en el que la persistencia de la inflación coincida con una actividad económica debilitada. Bajo esas condiciones, advierte posibles caídas de beneficios empresariales y mayores dificultades para el crédito privado y la deuda asociada a infraestructura digital.
El análisis sitúa así la evolución de los precios, la energía y las próximas decisiones de la Fed como factores determinantes para el comportamiento de los mercados durante los próximos meses.
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