
Los hutíes confirmaron este viernes nuevos avances en la ofensiva militar lanzada a comienzos de septiembre en el oeste de Yemen y aseguraron que la navegación internacional podrá continuar por el estrecho de Bab el Mandeb, pese a que sus fuerzas han pasado a controlar posiciones decisivas en ambas orillas de esta estratégica vía marítima.
El portavoz militar del movimiento, Yahya Sari, calificó de “exitosa” la operación iniciada el 3 de septiembre contra las fuerzas yemeníes respaldadas por Arabia Saudí y sostuvo que los combates permitieron conquistar seis localidades en las provincias de Taiz y Hodeida, una superficie que el grupo estima en unos 5.400 kilómetros cuadrados.
La ofensiva se ha desarrollado desde varios frentes y ha permitido a los hutíes avanzar sobre la costa del mar Rojo, incluida la estratégica ciudad portuaria de Moca, cuya caída representó uno de los mayores reveses para las fuerzas del Gobierno yemení reconocido internacionalmente desde la tregua alcanzada en 2022.
Tras la toma de Moca, los insurgentes continuaron hacia Dhubab y lograron este viernes apoderarse también de la isla de Perim —conocida en árabe como Mayun—, situada prácticamente en medio del estrecho de Bab el Mandeb. Su control proporciona una posición militar privilegiada sobre una de las principales rutas que conectan el océano Índico, el mar Rojo y el canal de Suez.
Sari aseguró además que “cientos” de integrantes de las fuerzas rivales habrían muerto, resultado heridos o sido capturados durante los combates, y afirmó que nueve drones saudíes fueron derribados. Los hutíes también aseguran haber liberado a integrantes del movimiento que permanecían encarcelados en las zonas conquistadas.
Navegación bajo presión
Pese al rápido avance territorial, los hutíes intentaron rebajar las preocupaciones internacionales sobre una eventual interrupción del comercio marítimo.
“La navegación marítima es segura para todas las compañías”, afirmó el portavoz militar, aunque estableció una excepción para los buques vinculados con Arabia Saudí, sometidos desde junio a un bloqueo anunciado por el grupo.
La declaración adquiere especial relevancia porque Bab el Mandeb, de apenas unos 29 kilómetros de anchura en su punto más estrecho, constituye uno de los principales cuellos de botella del comercio mundial. Por allí circulan buques que conectan Asia y Europa a través del mar Rojo y del canal de Suez.
El avance hutí ha generado especial inquietud debido a la crisis paralela que afecta al estrecho de Ormuz, en el otro extremo de la península Arábiga. La posibilidad de tensiones simultáneas en ambas rutas podría obligar a navieras y petroleras a modificar sus trayectos y elevar los costos de transporte, seguros y energía.
Los mercados ya han reaccionado a la creciente inestabilidad regional. El petróleo Brent superó esta semana los US$100 por barril y llegó a cerrar sobre los US$109, mientras el WTI se aproximó a los US$104, impulsados entre otros factores por la amenaza sobre las rutas marítimas de Medio Oriente.
Moca cambia el equilibrio estratégico
La conquista de Moca había marcado el jueves un punto de inflexión en la nueva fase de la guerra yemení. La ciudad es uno de los principales enclaves de la costa occidental y se encuentra a corta distancia de Bab el Mandeb.
Las fuerzas gubernamentales se retiraron de distintos sectores de la región ante el avance hutí, permitiendo al movimiento extender su dominio sobre prácticamente toda la franja costera del mar Rojo que permanecía fuera de su control.
Los combates se han extendido además hacia las islas situadas alrededor del estrecho, particularmente Perim y el archipiélago de Hanish. El control de esos puntos aumentaría la capacidad hutí para vigilar o amenazar la navegación mediante misiles, drones y artillería desplegada desde la costa.
El avance representa también un serio desafío para Arabia Saudí. Riad intervino militarmente en Yemen desde 2015 para impedir que los hutíes consolidaran el control del país después de que la formación tomara Saná en 2014 y obligara al Gobierno reconocido internacionalmente a abandonar la capital.
Una tregua cada vez más frágil
La nueva escalada amenaza con terminar definitivamente con la relativa calma iniciada durante la tregua negociada en 2022. Aunque ese acuerdo expiró formalmente meses después, durante años redujo considerablemente los enfrentamientos directos entre los hutíes y la coalición liderada por Arabia Saudí.
Los esfuerzos diplomáticos posteriores no consiguieron alcanzar un acuerdo político definitivo y Yemen continuó dividido entre territorios controlados por los hutíes, principalmente en el norte y el oeste, y áreas administradas por distintas fuerzas adversarias en el sur y el este.
La actual ofensiva modifica nuevamente el mapa militar del país y refuerza la posición negociadora de los hutíes, respaldados políticamente y militarmente por Irán, aunque Teherán niega controlar directamente sus decisiones.
El escenario también adquiere una dimensión regional mayor. La combinación de presión sobre Bab el Mandeb y la crisis en Ormuz abre la posibilidad de que dos de los corredores marítimos más importantes para el comercio y la energía mundial permanezcan simultáneamente expuestos a interrupciones.
Por ahora, los hutíes insisten en que no buscan bloquear el tráfico internacional. Sin embargo, su dominio de Moca, Dhubab y Perim les otorga una capacidad de presión sobre el mar Rojo que no habían alcanzado desde el inicio de la guerra yemení hace más de una década.
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