
China se desmarcó de la declaración acordada por los demás integrantes del G20 al término de la reunión de ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales celebrada en Asheville, Estados Unidos, debido a sus diferencias con varios de los puntos incluidos en el documento.
La oposición de Beijing impidió que el encuentro concluyera con un comunicado consensuado por todos los miembros del grupo, dejando en evidencia las crecientes divergencias en torno al comercio mundial, los desequilibrios económicos y la seguridad de las principales rutas energéticas.
Uno de los principales puntos de conflicto fue la advertencia del G20 respecto de los países que mantienen superávits externos elevados y persistentes y que dependen excesivamente de las exportaciones como motor de crecimiento.
El documento plantea que estas economías deberían eliminar las distorsiones que restringen el consumo interno y aquellas políticas consideradas no mercantiles que terminan trasladando sus efectos hacia otros mercados.
La discusión apunta especialmente a China, cuyo modelo económico ha sido cuestionado en los últimos meses por Estados Unidos y otras economías desarrolladas debido al crecimiento de sus exportaciones industriales y a los subsidios entregados a determinados sectores.
Antes del encuentro, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, había advertido que el superávit comercial chino ronda los US$1,2 billones y sostuvo que el volumen de exportaciones de bajo costo proveniente del gigante asiático representa un desequilibrio insostenible para la economía mundial.
De acuerdo con el balance estadounidense de la reunión, los restantes 19 integrantes respaldaron la necesidad de enfrentar las políticas que generan distorsiones comerciales, mientras China fue el único país que expresó formalmente su desacuerdo.
Ormuz abre otro frente
La segunda diferencia significativa estuvo relacionada con Medio Oriente.
China rechazó el párrafo que reclamaba una navegación «libre, segura y predecible» a través del estrecho de Ormuz y llamaba a garantizar el funcionamiento de cadenas de suministro fundamentales para la energía, los alimentos, fertilizantes y minerales críticos.
La posición adquiere especial importancia debido a la escalada militar que afecta a la región y a la relevancia estratégica del paso marítimo, uno de los principales corredores mundiales para el transporte de petróleo.
Las tensiones entre Estados Unidos e Irán han provocado durante las últimas semanas nuevos incidentes contra embarcaciones y alteraciones en el tráfico marítimo. Dos petroleros fueron atacados recientemente en el estrecho, mientras numerosas compañías han debido modificar sus operaciones ante el deterioro de las condiciones de seguridad.
La incertidumbre ha vuelto a presionar los precios internacionales del petróleo. Este miércoles el Brent se negociaba alrededor de US$94 por barril, después de haber superado momentáneamente niveles aún mayores durante la jornada.
La situación es particularmente sensible para Beijing, considerando que China es uno de los principales compradores de petróleo de Irán. Esa relación económica también ha situado al país asiático en el centro de las presiones estadounidenses destinadas a reducir los ingresos energéticos de Teherán.
Una disputa que excede al G20
El desacuerdo de Asheville se produce en momentos en que Washington intenta articular una respuesta internacional al exceso de capacidad industrial chino.
Estados Unidos sostiene que sus aranceles han reducido significativamente el déficit bilateral con China durante 2026, pero considera que una parte de las exportaciones que anteriormente tenían como destino el mercado estadounidense está siendo redirigida hacia Europa, América Latina y otras regiones.
Beijing rechaza ese diagnóstico y sostiene que el G20 debe abordar los problemas económicos internacionales de manera equilibrada, respetando las preocupaciones y posiciones de todos sus integrantes.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Guo Jiakun, lamentó que no fuera posible alcanzar un consenso y aseguró que la delegación de su país participó de forma activa y constructiva en las negociaciones.
China espera ahora que las diferencias puedan ser reducidas antes de la próxima Cumbre de Líderes del G20, prevista en Miami.
La controversia constituye, sin embargo, una nueva señal de la dificultad para alcanzar acuerdos multilaterales en momentos en que las dos mayores economías del planeta mantienen disputas simultáneas por aranceles, subsidios industriales, minerales críticos, tecnología y comercio energético.
El choque de Asheville también anticipa que los desequilibrios comerciales y la relación económica con Irán ocuparán un lugar central en las próximas conversaciones entre Washington y Beijing, en un escenario internacional marcado por la guerra en Medio Oriente y el creciente riesgo de fragmentación de la economía global.
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