
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que la derecha obtuvo una «mayoría decisiva» en las elecciones legislativas del martes 27 de octubre, pese a que las últimas proyecciones electorales no entregan a ninguno de los principales bloques los 61 escaños necesarios para controlar el Parlamento.
Durante un discurso ante sus seguidores en la sede del Likud, en Jerusalén, Netanyahu defendió la formación de un Gobierno nacional de derecha y rechazó cualquier acuerdo con las fuerzas políticas árabes, que podrían convertirse en actores determinantes para la gobernabilidad de Israel.
El mandatario sostuvo que su partido continúa siendo la principal fuerza política del país y cuestionó las encuestas a pie de urna que inicialmente otorgaron una ligera ventaja a la oposición encabezada por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot.
Sin embargo, las proyecciones revisadas muestran un escenario de empate político. Una de las estimaciones más recientes atribuye 51 escaños al bloque de Netanyahu y otros 51 a la oposición, mientras que las dos principales formaciones árabes alcanzarían conjuntamente 18 representantes en la Knéset, integrada por 120 diputados.
El Likud se mantendría como el partido individual más grande, con aproximadamente 27 escaños, aunque por debajo de los 32 que consiguió en las elecciones de 2022.
Rechazo a los partidos árabes
Netanyahu dedicó parte importante de su intervención a cuestionar la posibilidad de que sus adversarios políticos negocien con las organizaciones que representan a la población árabe israelí.
El primer ministro acusó a esas fuerzas de mantener posiciones contrarias a los intereses del Estado y las calificó de «antisemitas» y «enemigos del Estado», afirmaciones que forman parte de su discurso político y que han profundizado las diferencias sobre la representación de la minoría árabe.
También sostuvo que algunas de esas organizaciones consideran al movimiento palestino Hamás una fuerza de resistencia y cuestionó que puedan participar en acuerdos parlamentarios.
Las elecciones dejaron un resultado especialmente significativo para los partidos árabes. La Lista Conjunta, encabezada por Ayman Odeh, podría obtener 11 escaños, mientras que la Lista Árabe Unida (Raam), liderada por Mansur Abbas, alcanzaría siete.
En conjunto sumarían 18 representantes, prácticamente el doble de los diez escaños que ambas corrientes consiguieron en 2022.
Este avance adquiere especial importancia porque los ciudadanos árabes representan alrededor del 21% de la población israelí y su participación electoral aumentó considerablemente respecto de comicios anteriores.
Netanyahu defiende su ofensiva militar en Medio Oriente
En materia internacional, Netanyahu reivindicó las operaciones militares desarrolladas por Israel en Gaza, Líbano e Irán, asegurando que su Gobierno ha conseguido debilitar significativamente a sus principales adversarios regionales.
El mandatario afirmó que las fuerzas israelíes establecieron zonas de seguridad en territorios fronterizos y eliminaron a dirigentes de organizaciones armadas que considera amenazas para la seguridad nacional.
También destacó las operaciones contra instalaciones estratégicas iraníes, argumentando que Teherán atraviesa un momento de vulnerabilidad militar.
«Israel se encuentra ante una oportunidad única sin precedentes para eliminar la amenaza existencial que es Irán de una vez por todas», sostuvo.
Netanyahu aseguró que continuará trabajando estrechamente con el presidente estadounidense, Donald Trump, para enfrentar la influencia iraní en Medio Oriente.
«Esto no ha terminado. Esto ha sido solo el comienzo», advirtió al referirse a los objetivos estratégicos de Israel.
Sus declaraciones se producen en medio de las tensiones regionales derivadas de los enfrentamientos entre Israel e Irán, las operaciones militares en Gaza y la situación de seguridad en la frontera con Líbano.
Eisenkot busca una alternativa de Gobierno
Mientras Netanyahu reivindica el respaldo electoral de la derecha, Gadi Eisenkot ha interpretado los resultados como una señal de que una parte importante del electorado desea un cambio de Gobierno.
El exjefe militar, líder del partido centrista Yashar, ha planteado la necesidad de formar una administración que fortalezca las instituciones democráticas, impulse la unidad nacional y revise las exenciones al servicio militar que benefician a sectores ultraortodoxos.
Este último asunto se convirtió en uno de los principales temas de la campaña electoral, debido a las controversias sobre el reclutamiento militar durante los conflictos que Israel mantiene en Medio Oriente.
La participación electoral alcanzó aproximadamente el 77,7% del padrón, uno de los registros más elevados de las últimas décadas, reflejando la importancia política de unos comicios celebrados después de años de enfrentamientos militares y tensiones internas.
Un Parlamento fragmentado
La principal dificultad para los dos bloques consiste en reunir una mayoría parlamentaria estable.
La Knéset cuenta con 120 escaños y cualquier candidato necesita reunir el respaldo de al menos 61 diputados para garantizar una mayoría propia.
Aunque Netanyahu mantiene al Likud como primera fuerza política, sus aliados religiosos y de derecha no alcanzan por sí solos esa cifra según las principales proyecciones.
La oposición tampoco dispone de una mayoría independiente, por lo que la posición de los partidos árabes podría adquirir especial relevancia durante las negociaciones.
Una vez conocidos los resultados definitivos, el presidente israelí, Isaac Herzog, deberá encargar la formación de Gobierno al dirigente que considere con mayores posibilidades de reunir los apoyos parlamentarios necesarios.
Hasta entonces, la proclamación de victoria de Netanyahu no equivale a una mayoría confirmada, y el futuro Gobierno israelí permanece abierto a negociaciones que podrían prolongarse durante varias semanas.
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