
El primer ministro de Reino Unido, Andy Burnham, defendió este martes una política de cooperación pragmática con China y se comprometió a mantener una relación «franca y constructiva» con el presidente chino, Xi Jinping, durante el primer contacto telefónico entre ambos mandatarios desde la llegada del nuevo jefe de Gobierno británico a Downing Street.
Durante la conversación, Burnham y Xi reafirmaron el compromiso de sus respectivos gobiernos con una «asociación estratégica integral» entre Reino Unido y China que tenga un carácter duradero y estable.
Ambos dirigentes abordaron además la necesidad de mantener una cooperación pragmática que permita promover los intereses económicos y políticos de los dos países y enfrentar desafíos internacionales comunes.
El planteamiento supone una señal de la orientación que Burnham pretende imprimir a la relación con Pekín: mantener abiertos los canales diplomáticos y comerciales con la segunda mayor economía del mundo, pero sin dejar de plantear los asuntos que han generado fricciones entre ambos gobiernos durante los últimos años.
En ese contexto, el primer ministro británico abordó con Xi asuntos vinculados con la seguridad interna de Reino Unido, la guerra entre Rusia y Ucrania, la situación política y las libertades en Hong Kong, los derechos humanos y determinados casos consulares considerados prioritarios por Londres.
Una relación marcada por intereses y tensiones
Las relaciones entre Londres y Pekín han atravesado distintas etapas durante la última década. Reino Unido buscó inicialmente profundizar sus vínculos comerciales y financieros con China, pero posteriormente endureció su posición debido a preocupaciones relacionadas con la seguridad nacional, la influencia china sobre infraestructuras estratégicas y la situación de Hong Kong.
Uno de los principales focos de tensión ha sido precisamente la antigua colonia británica, transferida a soberanía china en 1997 bajo el principio de «un país, dos sistemas». Londres ha cuestionado las restricciones impuestas por Pekín a las libertades políticas en el territorio y abrió una vía especial de residencia para ciudadanos de Hong Kong que cuentan con el estatus de British National (Overseas).
La relación también se ha visto condicionada por la cercanía política y económica entre China y Rusia desde el inicio de la guerra en Ucrania. Los sucesivos gobiernos británicos han reclamado a Pekín que utilice su influencia sobre Moscú para contribuir a una solución del conflicto y han cuestionado el apoyo económico y tecnológico chino a Rusia.
Al mismo tiempo, China continúa siendo un socio comercial relevante para Reino Unido, circunstancia que obliga a Londres a equilibrar sus preocupaciones de seguridad con sus intereses económicos.
La primera conversación entre Burnham y Xi apunta precisamente hacia esa estrategia: preservar el diálogo y las posibilidades de cooperación con Pekín sin abandonar las diferencias en materias de seguridad, política internacional y derechos humanos.
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