
De la defensa de la memoria a una autocrítica sobre la distancia entre la izquierda y las mayorías sociales. De las burbujas de las redes sociales a los riesgos de la concentración del poder tecnológico. El expresidente Gabriel Boric recorrió esos temas durante su conversación con Jorge Arrate, en la segunda jornada del Festival MUDA, con una idea que atravesó su intervención: denunciar las injusticias resulta insuficiente si no se ofrece también una perspectiva de futuro.
“Para pensar el futuro, lo primero que tenemos que hacer es abandonar el catastrofismo”, planteó ante los asistentes al encuentro realizado en el parque Estadio Nacional.
El festival, cuyo nombre reúne Música, Democracia, Derechos Humanos y Arte, se desarrolló el sábado 3 y domingo 4 de octubre. Boric destacó que la recaudación mediante aportes voluntarios estuviera destinada a sitios de memoria y vinculó ese esfuerzo con los recortes propuestos para 2027.
“La memoria es fundamental para el Chile que queremos”, sostuvo, al cuestionar lo que describió como una disminución cercana al 25% de los fondos destinados a esa materia en el proyecto de presupuesto.
“La memoria no se borra, no hay posibilidad de que la eliminen y la vamos a seguir cultivando desde todas las dimensiones”, afirmó.
Una autocrítica desde la élite
Con Arrate conduciendo el diálogo, Boric abordó el futuro del socialismo y la necesidad de que la izquierda vuelva a hablarles a personas que no participan de sus espacios habituales.
La pobreza, las dificultades de los adultos mayores y otras injusticias deben seguir siendo parte de sus preocupaciones, señaló. Pero advirtió que una lectura permanentemente sombría del presente puede cerrar las posibilidades de convocar a nuevos sectores.
“¿Cuál es la propuesta de futuro que estamos proponiéndole a la ciudadanía?”, preguntó.
La reflexión incluyó un reconocimiento de la derrota electoral y una invitación a revisar las razones por las que su sector perdió respaldo.
“No nos olvidemos, compañeros y compañeras, que la última elección perdimos y por mucho, y que por lo tanto es también nuestro deber revisar en qué estamos fallando para llegar a las grandes mayorías de este país”, expresó.
Uno de los momentos más directos llegó cuando cuestionó la comodidad de los círculos tradicionales de discusión política y se incluyó entre quienes deben salir de ellos.
“Esto no se va a resolver solamente desde los cafés de la élite, siendo yo parte de la élite, lo digo”, sostuvo. Su propuesta fue fomentar la organización popular y conversar, especialmente, con quienes piensan distinto o se encuentran alejados de la política.
Aunque reconoció que la izquierda no fue mayoría en la última elección, defendió la posibilidad de reconstruirla: “Tenemos todas las condiciones para volver a serlo y lo seremos”.
Entre los asistentes se encontraban Ignacio Achurra, Consuelo Veloso, Constanza Schönhaut y Diego Ibáñez, figuras del Frente Amplio.
El algoritmo y las conversaciones que faltan
La inteligencia artificial también entró en el diálogo. Boric manifestó preocupación por la concentración de poder que puede acompañar al desarrollo tecnológico y por la capacidad de personas y grupos con grandes fortunas para influir sobre los debates públicos.
Esa discusión tuvo una conexión inmediata con la experiencia cotidiana de las redes sociales.
“El algoritmo nos ciega, nos junta solo con gente que piensa como nosotros”, advirtió.
Romper esas burbujas, según su planteamiento, exige recuperar conversaciones con personas que no comparten las mismas posiciones. La formación de nuevos cuadros políticos y la construcción de organizaciones también aparecieron como tareas para volver a conectar con las preocupaciones de la ciudadanía.
Pidió respeto para Frei y mantuvo sus críticas al Escudo de las Américas
La política exterior ocupó otro tramo de la conversación, particularmente la incorporación de Chile al Escudo de las Américas, iniciativa impulsada por Estados Unidos bajo el gobierno de Donald Trump y respaldada por la administración de José Antonio Kast.
El debate estuvo marcado por la posición del expresidente Eduardo Frei, quien defendió la adhesión chilena y destacó sus posibilidades de cooperación frente al crimen organizado y el narcotráfico.
Cuando surgieron abucheos del público hacia esa postura, Boric pidió respeto y señaló que comprendía la preocupación de Frei por enfrentar a las organizaciones criminales.
A continuación, precisó que sus reparos, planteados junto con la expresidenta Michelle Bachelet, no cuestionan la necesidad de cooperación internacional contra el narcotráfico. Su objeción apunta a los alcances del acuerdo y a sus implicancias para la autonomía de la política exterior chilena.
“El problema es que el Escudo de las Américas va mucho más allá de eso”, sostuvo.
Boric mencionó materias relacionadas con cadenas de suministro de minerales críticos, infraestructura digital y defensa. También lamentó que, a su juicio, se hayan debilitado consensos que permitían construir alianzas internacionales más allá de los ciclos políticos.
“Lo que nosotros hemos defendido es que Chile negocie con todo el mundo en función de principios país”, afirmó. En ese contexto, calificó la respuesta a la carta que suscribió con Bachelet como de “características tramposas”, por reducir la discusión al combate contra el crimen organizado.
Arrate, por su parte, cuestionó las intervenciones del embajador estadounidense Brandon Judd en asuntos internos de Chile y planteó que la Cancillería debía adoptar una posición firme.
“No voy a dejar de soñar”
Hacia el cierre, Boric retomó la necesidad de construir una propuesta de futuro. Recordó iniciativas de su administración, entre ellas Copago Cero, la reducción de la jornada laboral, el Sistema Nacional de Cuidados y la Estrategia Nacional del Litio, como parte de su defensa de la capacidad de la política para impulsar cambios.
Su llamado combinó revisión crítica, organización y optimismo: reconocer la derrota, escuchar fuera del propio círculo y volver a ofrecer razones para participar.
“No voy a dejar de soñar”, afirmó al finalizar una conversación que buscó poner la memoria y el futuro en el mismo escenario.
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