
Las autoridades saudíes confirmaron este miércoles que dos mujeres, de nacionalidades marroquí y argelina, fallecieron como consecuencia de un ataque perpetrado el martes contra el aeropuerto internacional de Abha, ubicado en el suroeste del país, cerca de la frontera con Yemen.
La Autoridad General de Aviación Civil de Arabia Saudí informó que el ataque dejó además 28 heridos, entre ellos ciudadanos saudíes y residentes procedentes de Bangladesh y Filipinas.
La ofensiva se extendió este miércoles hasta el aeropuerto internacional Rey Jalid, donde murió un residente sudanés y otras ocho personas resultaron heridas, incluidos cinco saudíes, dos egipcios y un paquistaní.
Los afectados fueron trasladados a centros hospitalarios, mientras las autoridades iniciaron una evaluación de los daños materiales ocasionados en ambas instalaciones.
El organismo encargado de la aviación civil aseguró que trabaja con las instituciones de seguridad para verificar las condiciones operativas de los aeropuertos y adoptar las medidas necesarias para proteger a pasajeros, trabajadores e infraestructura.
Los hutíes reivindican la ofensiva
Los rebeldes hutíes, que controlan amplias zonas del norte de Yemen, incluida la capital, Saná, reivindicaron los ataques contra los aeropuertos saudíes y otras instalaciones militares.
Entre los objetivos señalados por la insurgencia figuran la base aérea de Jamis Mushait, utilizada por las Fuerzas Armadas saudíes, y diversos campamentos militares ubicados en el suroeste del reino.
La ofensiva representa un nuevo episodio de confrontación directa entre Arabia Saudí y el movimiento hutí, después de años de enfrentamientos vinculados a la guerra civil yemení.
El conflicto ha convertido la frontera entre ambos países en una zona de permanente tensión, con ataques transfronterizos, operaciones aéreas y reiterados intentos de negociación que no han conseguido establecer una solución política definitiva.
Arabia Saudí responde con ataques contra 82 objetivos
La reacción militar saudí no se hizo esperar.
La coalición que respalda al Gobierno de Yemen reconocido internacionalmente anunció una operación de gran envergadura contra posiciones hutíes en distintas provincias del país.
El portavoz militar de la coalición, general Turki al Maliki, aseguró que las fuerzas participantes destruyeron 82 objetivos militares pertenecientes a los insurgentes en Saada, Hodeida, Jauf y Marib.
Entre las instalaciones atacadas figuran once depósitos de misiles balísticos ubicados en zonas montañosas de Saada, además de centros de mando, sistemas de comunicaciones y cuarteles generales.
El alto mando militar sostuvo que las operaciones estuvieron dirigidas contra infraestructura utilizada para preparar y ejecutar ataques contra territorio saudí.
Al Maliki advirtió que las acciones de los hutíes «no han quedado ni quedarán impunes», dejando abierta la posibilidad de nuevas operaciones militares.
La magnitud de la respuesta refleja el endurecimiento de la posición saudí frente a una insurgencia que conserva capacidad para lanzar ataques de largo alcance, pese a las operaciones militares desarrolladas durante más de una década.
Yemen, una guerra que sigue amenazando a Medio Oriente
La nueva confrontación se inscribe en un conflicto que comenzó a intensificarse en 2014, cuando los hutíes tomaron el control de Saná y desplazaron al Gobierno yemení.
En marzo de 2015, Arabia Saudí encabezó una intervención militar destinada a restablecer a las autoridades reconocidas internacionalmente y contener el avance de los insurgentes.
Desde entonces, Yemen ha sufrido una de las crisis humanitarias más graves del mundo, caracterizada por desplazamientos masivos, destrucción de infraestructura, inseguridad alimentaria y el deterioro de los servicios sanitarios.
El alto el fuego impulsado en 2022 permitió reducir significativamente las hostilidades a gran escala, pero no consiguió transformar la tregua en un acuerdo de paz permanente.
Los hutíes, conocidos oficialmente como Ansar Allah, mantienen vínculos políticos y militares con Irán, aunque su movimiento tiene raíces propias en la historia religiosa y política de Yemen.
Esa relación ha convertido el conflicto yemení en uno de los escenarios de la rivalidad regional entre Teherán y Riad, incluso durante los períodos de acercamiento diplomático entre ambos países.
El antecedente de los ataques contra instalaciones petroleras
Arabia Saudí ha sido blanco de numerosas ofensivas con drones y misiles durante los últimos años.
Uno de los episodios más significativos ocurrió en septiembre de 2019, cuando ataques contra las instalaciones petroleras de Abqaiq y Khurais afectaron temporalmente cerca de la mitad de la producción de crudo saudí.
Aquella operación puso de manifiesto la vulnerabilidad de instalaciones estratégicas frente a sistemas aéreos no tripulados y provocó fuertes repercusiones en los mercados internacionales del petróleo.
Posteriormente, los hutíes ampliaron sus operaciones hacia objetivos vinculados al transporte marítimo en el mar Rojo, particularmente después del inicio de la guerra en Gaza en octubre de 2023.
Los ataques contra embarcaciones comerciales y las posteriores operaciones militares de Estados Unidos y sus aliados contribuyeron a internacionalizar aún más el conflicto yemení.
La importancia estratégica del estrecho de Bab el Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén, convierte cualquier escalada militar en una preocupación para el comercio mundial y la seguridad energética.
Temor a una nueva escalada regional
Los recientes ataques contra aeropuertos saudíes incorporan un elemento especialmente delicado: las víctimas son civiles de distintas nacionalidades que residían o se encontraban en instalaciones destinadas al transporte de pasajeros.
La utilización de drones y misiles contra infraestructura aeroportuaria aumenta los riesgos para la aviación comercial y plantea nuevos desafíos a los sistemas de defensa aérea.
Al mismo tiempo, la destrucción anunciada de 82 objetivos hutíes evidencia la magnitud de la respuesta militar saudí y el riesgo de que las hostilidades se extiendan.
La situación adquiere especial relevancia en un Medio Oriente marcado por las consecuencias de la guerra en Gaza, las tensiones entre Irán y Estados Unidos y la creciente militarización de rutas comerciales estratégicas.
Mientras Arabia Saudí insiste en su derecho a proteger su territorio, la persistencia de las capacidades militares hutíes demuestra las dificultades para resolver mediante operaciones armadas un conflicto que acumula más de una década de enfrentamientos.
La nueva ola de violencia vuelve a situar a Yemen en el centro de la crisis regional y amenaza con alejar una solución diplomática que permita poner fin a una de las guerras más prolongadas y devastadoras de Medio Oriente.
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