
El movimiento telúrico, registrado a las 12:56 horas locales, alcanzó una magnitud de 7,7 según el Servicio Geológico de Estados Unidos, mientras que el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá corrigió su estimación inicial de 7,2 a 7,5.
El epicentro se localizó en las cercanías de Pitaloza Arriba, en la región de Azuero, a unos 200 kilómetros de Ciudad de Panamá. Su escasa profundidad contribuyó a que el movimiento se percibiera con fuerza en distintas zonas del territorio.
Pese a la magnitud del terremoto, las autoridades no han confirmado víctimas fatales, aunque se registraron numerosos lesionados, evacuaciones preventivas y daños materiales de consideración.
Más de 188 escuelas afectadas
El Sistema Nacional de Protección Civil informó que las provincias de Veraguas, Coclé, Los Santos y Herrera concentran una parte importante de los daños.
El Ministerio de Educación contabilizó 188 centros educativos públicos con afectaciones, que incluyen grietas en paredes, desprendimientos de techumbres, daños en instalaciones sanitarias y, en algunos casos, colapsos parciales de estructuras.
La emergencia obligó a iniciar inspecciones técnicas para determinar qué establecimientos pueden continuar funcionando y cuáles deberán permanecer cerrados hasta garantizar condiciones de seguridad.
En Veraguas se reportaron 35 escuelas afectadas, además de 18 viviendas con daños parciales o totales y ocho establecimientos de salud con problemas estructurales.
En Herrera, otras 48 escuelas resultaron dañadas, junto con 32 viviendas y dos hospitales.
La provincia de Los Santos registró afectaciones en 22 establecimientos educacionales, 14 viviendas, cinco hoteles y cuatro hospitales.
En Coclé se contabilizaron al menos 50 viviendas dañadas, dos establecimientos hoteleros con problemas importantes y diversos edificios públicos afectados.
Iglesias históricas y edificios públicos sufren daños
El terremoto también golpeó parte del patrimonio arquitectónico y religioso panameño.
En Penonomé, capital de la provincia de Coclé, se reportaron daños estructurales en la Catedral de San Juan Bautista, el edificio de la Gobernación y el Hotel Dos Continentes.
La Catedral de Santiago, en Veraguas, también presentó deterioros que deberán ser evaluados por especialistas.
Las autoridades registraron, además, daños en puentes, carreteras e instalaciones gubernamentales, mientras algunas comunidades rurales quedaron temporalmente incomunicadas por problemas en las vías de acceso.
En los corregimientos de Arena, Cacao y Quebro se reportaron dificultades de conectividad terrestre.
Planta de agua potable reduce operaciones al 20%
Una de las principales preocupaciones de las autoridades se relaciona con los efectos del terremoto sobre los servicios esenciales.
La planta potabilizadora de Chilibre, instalación estratégica para el abastecimiento de agua en el área metropolitana de Panamá, redujo sus operaciones al 20% de su capacidad, debido a problemas asociados al movimiento sísmico.
También se registraron interrupciones del suministro eléctrico en seis provincias y daños en diversas instalaciones de infraestructura.
El Aeropuerto Internacional de Tocumen suspendió temporalmente sus operaciones para efectuar inspecciones de seguridad, aunque posteriormente reanudó sus actividades.
En tanto, el Canal de Panamá, una de las principales rutas del comercio marítimo mundial, mantuvo su funcionamiento, sin reportar daños que comprometieran sus operaciones.
Alerta de tsunami y evacuación de comunidades costeras
La intensidad del terremoto llevó a activar inicialmente una alerta de tsunami para sectores del litoral del Pacífico.
En Isla Cañas, provincia de Los Santos, alrededor de 300 personas fueron evacuadas preventivamente hacia sectores considerados seguros, ante el temor de un aumento del nivel del mar.
La advertencia fue levantada posteriormente, una vez descartada una amenaza significativa.
Sin embargo, las autoridades insistieron en mantener las precauciones debido a la elevada actividad sísmica posterior al terremoto.
Durante las horas siguientes se registraron más de un centenar de réplicas, algunas de considerable intensidad. Entre ellas destacó un movimiento de magnitud 6,6, que volvió a generar preocupación entre los habitantes.
Presidente Mulino ordena reforzar respuesta de emergencia
El presidente panameño, José Raúl Mulino, instruyó a los organismos de seguridad y protección civil mantener una evaluación permanente de los daños y coordinar la asistencia a las comunidades afectadas.
El mandatario reconoció la magnitud de la emergencia y llamó a la población a conservar la calma mientras avanzan las inspecciones.
Las autoridades priorizaron la revisión de hospitales, establecimientos educacionales, carreteras, puentes y sistemas de abastecimiento de agua.
También se dispuso el despliegue de equipos técnicos para identificar edificios con riesgos estructurales y evitar que sus ocupantes regresen antes de contar con las correspondientes autorizaciones.
Panamá enfrenta una de sus mayores emergencias sísmicas recientes
Aunque Panamá no experimenta terremotos destructivos con la misma frecuencia que otros países de la región, su territorio forma parte de un complejo sistema tectónico vinculado al Cinturón de Fuego del Pacífico.
El terremoto del 9 de octubre estaría relacionado con el sistema de fallas de Azuero-Soná, una estructura geológica activa que atraviesa parte del territorio panameño.
La emergencia recuerda otros movimientos importantes registrados en el país, como el terremoto de magnitud 7,6 que afectó Bocas del Toro en 1991 y provocó importantes daños humanos y materiales en la región fronteriza con Costa Rica.
También pone nuevamente en discusión la resistencia sísmica de los edificios públicos, especialmente escuelas y hospitales, cuya continuidad operativa resulta fundamental después de una catástrofe.
Las primeras estimaciones internacionales plantean que las pérdidas económicas podrían representar entre el 1% y el 10% del producto interno bruto panameño, aunque se trata de proyecciones preliminares sujetas a una considerable incertidumbre y no de daños efectivamente cuantificados.
Por ahora, el Gobierno no ha establecido una cifra oficial de pérdidas en dólares.
Mientras continúan las réplicas y los trabajos de evaluación, la principal preocupación de las autoridades es garantizar la seguridad de la población, restablecer los servicios básicos y determinar la magnitud real de los daños provocados por uno de los terremotos más fuertes registrados en Panamá durante las últimas décadas.
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